martes, 8 de julio de 2014

El orgullo


Ojo cubierto con pluma

Como en toda civilización, la occidental se rige por una serie de valores que la distinguen de otras. Estos valores en su mayor medida son heredados de las precedentes y tan solo unos pocos son fruto del caldo de cultivo que ha generado la nueva civilización. Hoy hablaré del orgullo, sentimiento que escenifica la egocéntrica doble moral occidental.

Desde pequeño se nos enseña que tener orgullo es perjudicial. Algo que solo nos puede llevar por el camino de la amargura. Por ejemplo, no hay que tener orgullo cuando se pierde en una competición o cuando en una discusión se establece que no tenías la razón. En muchos casos, está relacionado con el saber perder cuando no se gana. Sin embargo, como siempre que aprendemos algo sin meditarlo previamente, entra en contradicción con otras enseñanzas. Y es que… ¿El tener orgullo cuando se pierde y el estar orgulloso de ti mismo cuando se gana, no son acaso el mismo sentimiento? No obstante, nadie nos ha dicho que estar orgulloso de ti mismo sea malo.

La siguiente pregunta no se antoja fácil. ¿Es malo estar orgulloso de uno mismo? Desde mi punto de vista, no se trata de un sentimiento especialmente maligno pero de alguna manera evoca matices egocéntricos que nada ayudan a nuestro desarrollo como persona.

Por una parte, aunque en teoría estar orgulloso de uno mismo y ser orgulloso no son los mismos conceptos, están bastante ligados el uno al otro y en la práctica son bastante difíciles de diferenciar a la hora de “elegir” como sentirnos tras un acontecimiento. Por otra parte, en casi la totalidad de las ocasiones nos sentimos orgullosos por sucesos donde el azar ha tenido mucho que ver en nuestro éxito, lo cual pone en cuestión si verdaderamente deberíamos estar tan satisfechos. Ver entrada Probabilidades. Pongamos un ejemplo muy sencillo pero adaptable a cualquier situación.

Los alumnos tienden a sentirse orgullosos después de cumplir un objetivo después del examen. Si el objetivo era aprobar, al obtener un 5 o un 6 pueden sentirse orgullosos de sí mismos y sin embargo, razonándolo, realmente puede no tener mucho sentido porque en un examen te han podido caer 3 preguntas de las 10 que podían haber salido. Es decir, es posible que te hayan tocado preguntas que sabias mucho mejor que otras, por puro azar. También pueden haber intervenido más hechos. Como que el profesor haya decidido poner un test más sencillo este año o que no quiera perder tiempo de sus tan ansiadas vacaciones en corregir rigurosamente los exámenes. ¿Es lógico sentirse orgulloso de éxitos donde no está clara la relación entre tu acción y el suceso resultante? No, y aun así a menudo caemos en la trampa. Estamos tan inmersos en la cultura del éxito y del fracaso que ni siquiera consideramos estadios intermedios a la hora de analizar un suceso.

Os estaréis preguntando… ¿Si no debo sentirme orgulloso, como tendría que sentirme? No tengo una única respuesta. Cada persona es un mundo y no pretendo hacer un dogma; simplemente haceros pensar. Como ejemplo personal, yo no logro sentirme orgulloso por haber finalizado una carrera universitaria, sencillamente tengo la capacidad. Ni siquiera puedo sentirme orgulloso del esfuerzo hecho, pues incluso la capacidad de esfuerzo en un tanto por ciento, es una característica dada.

Consulte el