domingo, 27 de octubre de 2013

El Principito

Antoine de Saint Exupéry


Capitulo IV
Tengo poderosas razones para creer que el planeta del cual venía el principito era el asteroide B 612. Este asteroide ha sido visto sólo una vez con el telescopio en 1909 por un astrónomo turco. 
Este astrónomo hizo una gran demostración de su descubrimiento en un congreso Internacional de Astronomía. Pero nadie le creyó a causa de su manera de vestir. Las personas mayores son así. Felizmente para la reputación del asteroide B 612, un dictador turco impuso a su pueblo, bajo pena de muerte, el vestido a la europea. Entonces el astrónomo volvió a dar cuenta de su descubrimiento en 1920 y como lucía un traje muy elegante, todo el mundo aceptó su demostración.

Si les he contado de todos estos detalles sobre el asteroide B 612 y hasta les he confiado su número, es por consideración a las personas mayores. A los mayores les gustan las cifras. Cuando se les habla de un nuevo amigo, jamás preguntan sobre lo esencial del mismo. Nunca se les ocurre preguntar: «¿Qué tono tiene su voz? ¿Qué juegos prefiere? ¿Le gusta coleccionar mariposas?» Pero en cambio preguntan: «¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos? ¿Cuánto pesa? ¿Cuánto gana su padre?» Solamente con estos detalles creen conocerle. Si les decimos a las personas mayores: «He visto una casa preciosa de ladrillo rosa, con geranios en las ventanas y palomas en el tejado», jamás llegarán a imaginarse cómo es esa casa. Es preciso decirles: «He visto una casa que vale cien mil francos». Entonces exclaman entusiasmados: «¡Oh, qué preciosa es!».

De tal manera, si les decimos: «La prueba de que el principito ha existido está en que era un muchachito encantador, que reía y quería un cordero. Querer un cordero es prueba de que se existe», las personas mayores se encogerán de hombros y nos dirán que somos unos niños. Pero si les decimos: «el planeta de donde venía el principito era el asteroide B 612», quedarán convencidas y no se preocuparán de hacer más preguntas. Son así. No hay por qué guardarles rencor. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas mayores.

Pero nosotros, que sabemos comprender la vida, nos burlamos tranquilamente de los números. A mí me habría gustado más comenzar esta historia a la manera de los cuentos de hadas. Me habría gustado decir:
«Era una vez un principito que habitaba un planeta apenas más grande que él y que tenía necesidad de un amigo.» Para aquellos que comprenden la vida, esto hubiera parecido más real. 
Porque no me gusta que mi libro sea tomado a la ligera. Siento tanta pena al contar estos recuerdos. Hace ya seis años que mi amigo se fue con su cordero. Y si intento describirlo aquí es sólo con el fin de no olvidarlo. Es muy triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo. Y yo puedo llegar a ser como las personas mayores, que sólo se interesan por las cifras. Para evitar esto he comprado una caja de lápices de colores. ¡Es muy duro, a mi edad, ponerse a aprender a dibujar, cuando en toda la vida no se ha hecho otra tentativa que la de una boa abierta y una boa cerrada a la edad de seis años! Es posible, en fin, que me equivoque sobre ciertos detalles muy importantes. Pero habrá que perdonármelo, ya que mi amigo no me daba nunca muchas explicaciones. Me creía semejante a sí mismo y yo, desgraciadamente, no sé ver un cordero a través de una caja. Es posible que yo sea un poco como las personas mayores. He debido envejecer. - El Principito.

Tal y como acaba haciendo Antoine de Saint-Exupéry, es humano lamentarse de que la apariencia acabe suprimiendo a la esencia. De que las luces de la niñez se apaguen y den lugar a un mundo “coloreado” a escala de grises. De que la imaginación se convierta en poso de vino viejo de botella. 

Bajo la belleza de “El Principito” se esconde la no-belleza que a menudo reina y apaga nuestras vidas. Es frecuente oír decir que la vida es puta, asquerosa y dolorosa. Y verdaderamente en ocasiones lo es, pero la mayoría de las veces somos la raza humana y nuestra estúpida cultura clasista quienes la hacemos así. 

Más tarde, sin apenas caer en cuenta de está sin sensatez, nos preguntamos por qué algunos prefieren suicidarse a vivir (aquellos que todavía son capaces de preguntarse cosas por supuesto). Un dato, solo en España se suicidan 8 personas al día. Y por favor, no te hagas el ofendido por haber sacado a la luz un tema tabú, el no hacerlo solo se trataría de una estupidez más de "gente mayor".

Fuente: El Mundo

miércoles, 9 de octubre de 2013

Nihilismo

Mitologia griega

El nihilismo es otro de esos términos que se ha utilizado de tantas formas y maneras que ha perdido parte de su significado y fuerza. En esta entrada ayudándome de la Wikipedia, voy a describir lo que significa para mí y la razón por la que pienso que a pesar de “su mala reputación”, es necesario para que las personas y sociedades crezcan sanas.

El nihilismo (del latín nihil, "nada") es la corriente filosófica que toma como base la negación de uno o más de los supuestos sentidos de la vida. El nihilismo suele presentarse como nihilismo existencial, forma en la que se sostiene que la vida carece de significado objetivo, propósito, o valor intrínseco. El nihilismo se puede considerar crítica social, política y cultural a los valores, costumbres y creencias de una sociedad, en la medida en que éstas participan del sentido de la vida negado por dicha corriente filosófica. El término Nihilista fue utilizado inicialmente por el ruso Iván Turguénev en su novela Padres e hijos: "Nihilista es la persona que no se inclina ante ninguna autoridad, que no acepta ningún principio como artículo de fe". – Wikipedia.

Desde mi punto de vista, Nihilista es quien en primera instancia no acepta ningún tipo de autoridad o de costumbres culturales sino es capaz de encontrarle un sentido lógico a su existencia. Quien en segunda instancia no acepta los valores o ideas que están de moda en su era, ya sea porque simplemente en ese momento gocen de “buena prensa” y sean lo “políticamente correcto”; o porque sus conciudadanos muestren estados menos avanzados de consciencia. Y en tercera instancia quien no acepta que el ser humano o el universo deban tener algún sentido en sí. Cada nivel es diferente y cada uno sabrá donde está posicionado y la razón que le lleva a ello. Tras la chapa, la pregunta que surge es la siguiente ¿Es bueno o necesario ser nihilista?

El nihilismo no significa creer "en nada", ni pesimismo ni mucho menos "terrorismo" como suele pensarse, si bien estas acepciones se le han ido dando con el tiempo a la palabra. Hay autores que al nihilismo, entendido como negación de todo dogma para dar apertura a opciones infinitas no determinadas, le llaman "nihilismo positivo", mientras que al sentido de negación de todo principio ético que conlleve la negligencia o la autodestrucción le llaman "nihilismo negativo" (También se les conoce como "activo" y "pasivo"). – Wikipedia.

Sobre este marco, se sitúa nada más y nada menos que una de las cuestiones más antiguas de la humanidad. La lucha entre el bien y el mal. La reyerta entre Dios y Diablo. John Locke o Rousseau. Un grupo de personas ven un mundo vil, en el que todas sus aspiraciones infantiles de felicidad y de vivir en un mundo bondadoso se han hecho añicos y que como consecuencia, corrompidos por el dolor y las mentiras, desean destruir para liberar al universo de su dolor. El otro grupo, aun percibiendo un mundo malvado y sin tener confianza ciega en la victoria de las virtudes del ser humano, lucharán por expreso mandato de su alma para que así sea.

En lo que se refiere a mi persona y a las conclusiones que yo obtengo, decir lo siguiente. A mí siempre se me ha criticado con amarga ferocidad tanto en mi vida personal como en lo referente a este blog por mis ideas negativa-pesimistas. Entradas como las siguientes las corroboran: "Relaciones de pareja", en la que abiertamente expongo e intento desmitificar las bondades de tener pareja; “Alerta roja”, donde explico que muchos de los valores, ideas y conceptos que nos enseñan de pequeños son falsos; “Bienvenido al desierto de lo real” donde expongo que en el mundo moderno, nada de lo que percibimos es verdadero, etc. A veces hasta yo mismo me he preguntado a donde quiero llegar. ¿Pero saben qué? La filosofía también da respuestas.

Y es que antes hemos definido el Nihilismo positivo como ”negación de todo dogma para dar apertura a opciones infinitas no determinadas”, y lo que parece no decir mucho, lo explica todo. ¿ El nihilismo no será una forma bastante más sofisticada y no contaminada por un idealismo barato de UTOPÍA? ¿Querrá decir esto que el hecho de llamarme “pesimista” es desacertado y que lo cierto sea que en realidad ansío la utopía. Yo siempre me he visto así.

Ligado con lo anterior, hay quien teme este tipo de pensamientos argumentando que llevan al relativismo y a que el relativismo puede ser muy peligroso. Y no les quito la razón. Sin embargo, no se trata del razonamiento más ético. Aun siendo el relativismo peligroso, no podemos someter al ser humano a una dictadura porque creamos que así serán más felices, a modo de mentira piadosa. Comprar ropa en grandes superficies se trata hoy en día de homicidio involuntario, debido a las condiciones en las que han trabajado los niños que han hecho dichas ropas, y no hemos de esconderlo con la intención de un “bien mayor”, como es el que la civilización occidental se olvide de su insulsa vida escondiéndose detrás de prendas de vestir.

Quien identifique como relativista a alguien nihilista se equivoca. Yo mismo aun considerándome nihilista, creo por encima de todo en un último fin objetivo y común a cada individuo y sociedad. La felicidad. Y creo que el nihilismo positivo es una gran herramienta para lograrlo.

Como conclusión. Una de las principales razones por las que el mundo es asqueroso es porque los valores que imperan en él son despreciables. Esos valores los han instaurado los grandes poderes del planeta, es decir, las grandes empresas; hijas predilectas del capitalismo más puro. Se podría decir que una oligarquía de poderes han establecido los valores con los cuales se mueven todas las personas. El nihilismo surge en la sociedad por la necesidad de librarse de valores que no se adecuan a la felicidad del ser humano.