viernes, 19 de abril de 2013

Agentes del Caos

El bien y el mal

Confieso ser humanista. No solo creo en un utópico mundo altruista, sino que sé que lo es pues he viajado lo suficiente como para sumergirme en las profundidades del alma humana.

No es la primera vez que escucho o leo a personas en los siguientes términos: es sano ser egoísta, primero debe ir uno y después los demás; la tolerancia esta sobreestimada, todo no es digno de respeto; las redes sociales han sido lo mejor que nos ha podido pasar, ahora ya no tengo necesidad de reprimir lo que soy.

Quienes afirman lo anterior, a los cuales personalmente denomino agentes del caos, lo hacen escupiendo a las personas que se esconden dentro de la burbuja que la sociedad ha creado. Van contra las personas que son tolerantes porque consideran que no tienen ninguna intención de armar un argumento y discutir sobre lo que es ético y lo que no lo es; es decir, prefieren ser tolerantes a tener que averiguar si las condiciones de vida en las que viven ciertas sociedades son las correctas. Van en contra de personas que creen y dicen ser altruistas, pero que en realidad, comparten sus pertenencias por pura costumbre y enseñada educación y no por un gesto sincero que le aporte paz interior. Van contra personas que defienden la moral de esta era moderna porque está de moda, sosteniendo que dichas personas interiormente no son ni siquiera capaces de concebir lo que significa.

humanos colaborandoLos detractores de las anteriores actitudes no razonadas lo llaman buenismo. Y efectivamente tienen razón en que son actitudes totalmente pasivas y no sentidas profundamente; se tratan de personas ciegas. Ahora bien, si realmente desprecias dicha manera de proceder, rebátelo y esfuérzate por cambiar la situación espiritual de tus allegados, ¡Hazlo a viva voz!. Por otro lado, el buenismo se basa en el humanismo como movimiento filosófico y cultural, y se trata de un ideología activa, con rasgos que la identifican y multitud de personas que la desarrollaron. Si no eres partidario de dicha corriente discútela a este nivel. El que la gente de la calle sea consciente o no de lo que piensa y siente es otro asunto que merece ser discutido aparte. No es lógico argumentar que el egoísmo y la intolerancia son beneficiosos y éticamente plausibles basándote en la ceguera inconsciente de la sociedad. Y aunque así fuera, a la gente ciega de convicciones no hay que meterlos a todos en una isla y dinamitarla, sino guiarlos. Yo mismo he escrito varias entradas sobre dicha no consciencia: Bienvenido al Desierto de lo Real, Creencias o El Guerrero Espiritual.

Quisiera aclarar no obstante, que no estoy en contra de que haya personas que piensen así. Sin embargo, si estoy asustado por el aumento de personas que sí lo hacen. A día de hoy, no es un pensamiento peligroso pero lo que es objetivamente irrefutable, es que si la sociedad acaba aceptando este tipo de pensamientos, estaría acercándose a una inclinación ultra derechista. Con las desgracias que eso suele acarrear para el colectivo. Paso a refutar concretamente lo que afirman los agentes del caos en el segundo párrafo.

Primero, ser egoísta es natural pero no es una actitud inteligente. Por un lado, no obtendrás más beneficios que teniendo mentalidad altruista ya que personas que puedan ganarse la vida por si solos hay muy pocos y dudo que tú, único supuesto ser consciente de la sociedad, puedas ser uno de ellos. Por otro lado, tus relaciones no se basarán en la confianza y cariño mutuo, sino en los intereses y por tanto, serán totalmente falsas. Cuando alguien se acerque a ti no se te estará acercando porque le caigas bien, sino porque busca algún beneficio de ti. Por mucho que el sentido común te lo haga replantear, ser egoísta no te va a beneficiar personalmente.

”planeta Tierra
Segundo, la tolerancia puede llegar a ser puñetera pero es la base del nuevo paradigma mundial. No todo es digno de respeto, pero sin respeto no hay relación social que dure más de dos días. Los que critican el buenismo creen estar por encima de la burbuja de la sociedad, y sin embargo, es falso pues a menudo son los primeros en creer en prejuicios culturales, ya que generalizan y caen de esta forma, en un error ético mayúsculo. Les gusta mucho departir sobre los musulmanes y de su moral, como si supieran algo de ellos, como si hubieran convivido con uno solo de ellos. Lo cierto es que son escusas basadas en lo que leen y escuchan de terceros para legitimar su odio por la gente, parece ser que son libre pensadores para lo que les conviene.

Tercero, la élite de la sociedad actual es experta en condicionarte a pensar de una u otra manera y coincido en que es una vergüenza que hasta esté bien visto. Sin embargo, la sociedad no reprime a nadie. Lo más posible es que hallas estado acojonado toda tu vida por lo que los demás puedan pensar de ti, ya que se sale de los cánones de la cuadrilla, ¿Es esto opresión?. Si no tienes huevos a actuar como realmente deseas en la vida real es porque seguramente, careces de la inteligencia emocional necesaria tanto para recibir los golpes que te da la vida de una manera sana, como para comprender lo que piensan los demás y por qué lo hacen. Esto es, empatizar.

Habrá quien leyéndome se crea superior a mí y me califique como una oveja más del rebaño. Le diré que precisamente debido a mi manera de pensar, mi vida social no ha sido un camino de rosas, pues quien verdaderamente cree en lo que piensa, su consciencia le obliga a aplicarlo en la vida real, con las consecuencias que esto pueda acarrear. Es innegable que la gente siempre mira raro a quienes nos alejamos de lo normal, pero es que es normal que nos miren raro. Si realmente confiamos en nuestros razonamientos lo que debemos hacer es esforzarnos triplemente para que nos acepten tal y como somos; tanto la familia, como amigos y pareja sentimental. No voy a decir que el mundo virtual sea de cobardes, porque no estaría haciendo justicia a los beneficios de los que nos provee, pero lo que es rotundamente verdadero es que el mundo real es para valientes. Pues que hay más valiente que sonreír a quien te prejuzga. 

Pero lo que más me choca, es que caeís en un sin sentido. Tacháis la sociedad de vacía y falsa, pero vamos a ver, si es tu intolerancia, poco poder de acción, tu escondite en las cloacas de internet, rabia y egoísmo, ¡lo que hace que la sociedad sea así! Es tu mentalidad de vida destructora la que corrompe al gentío. Te quejas contra los prejuicios existentes en la sociedad y tú eres el primero que lo generalizas todo para dar fuerza a tus ideas. Si lucharás por la construcción de un mundo unido, no solo de respeto, sino de simpatía y comunión entre todas las personas otro gallo cantaría, pero claro, no hay huevos a construir un puente donde antes solo había mierda.

Existe una máxima que se cumple a rajatabla; quien no solo sinceramente cree, sino que además se esfuerza activamente por el bien común, es una persona feliz. Quien por lo contrario se siente asqueado con la vida, y le echa la culpa de sus males a la sociedad, es una persona triste, rota, incompleta.

Actúa de tal modo que puedas igualmente querer que tu máxima de acción se vuelva una ley universal. – Immanuel Kant.

lunes, 15 de abril de 2013

Ganar doblemente


doble tirada

Como tantas otras veces, charlando con Juan en un ambiente distendido salió a relucir el tema de la edad y es que, ¡Que rápido pasa el tiempo! Voy a cumplir 24 años y todavía no he hecho nada en la vida. Le comenté mis inquietudes y su rápida respuesta me rompió los esquemas, pues fue nombrándome hitos que yo había conseguido en la vida, hitos que como bien me afirmaba él, pocas personas a lo largo y ancho del mundo pueden decir que han conseguido.

Claro, yo aun desconcertado le dije que si, que no le faltaba razón pero que al fin y al cabo, no los consideraba grandes conquistas porque no me habían costado sangre, sudor y lagrimas. Pero tras decirlo recapacité y me autocorregí. Decir que no he tenido que esforzarme para lograr esos objetivos es completamente falso. Entonces la pregunta se alza por si sola, ¿Por que demonios no tengo la sensación de haber logrado cosas? La respuesta es sencilla, terriblemente lógica. No siento que haya hecho grandes cosas porque inconscientemente no considero que haya tenido que sacrificar mi felicidad en hacerlas. Es decir, he disfrutado haciéndolas. ¡Eureka!

Ya solo queda preguntarme, ¿Por qué cojones tengo este sentimiento asentado tan dentro de mi? ¿Por qué relaciono mi éxito en la vida con el estar estresado hasta las trancas y no tener tiempo ni para echar una pachanga con los amigos? Porque la cultura de esta sociedad dice que sin sacrificio no hay recompensa ¿He sacrificado yo algo? No. He ahí el quid de la cuestión. Y sin embargo, según mi conversación con Juan parece ser que he logrado bastantes victorias.

La sociedad, inducida por el poder de las grandes corporaciones afirma que si no te atas con cadenas a las obligaciones de la vida, como por ejemplo al trabajo, y si no vas por la calle serio, concentrado y queriendo aparentar que eres el puto amo, es que eres un vago de la ostia, un pasota, casi un anarquista. Yo no concibo la vida de esta manera ya que se puede ganar doblemente si no solo consigues tus objetivos, sino que lo haces desbordando alegría existencial.

Y me remito a enseñanzas que me ha dado la vida y concretamente, el Camino de Santiago. La felicidad no se encuentra en la meta, sino en el camino hacia ella. Y quien no lo tiene interiorizado de esta manera, debe tener cuidado pues puede introducirse en una espiral desenfrenada donde su único objetivo en la vida sea cumplir sus metas a toda costa sin pararse ni siquiera a disfrutar de sus temporales victorias. Convirtiéndose en un esclavo de esta alocada sociedad, en que las élites mundiales nos lo han impuesto tan sutilmente, que ni siquiera nos hemos inmutado.

domingo, 7 de abril de 2013

Un día más, un día menos


rastro en la playa


Aun cuando te estés esforzando por sobrevivir, irremediablemente te estarás acercando a tu muerte. Al igual que cuando te encuentres esperando la muerte, no te quedará mas remedio que sobrevivir un rato mas. La contradicción es total y la conclusión inequívoca. No somos nadie. 

Hemos de ser omniscientes de esta situación que se nos da y tratar sin demora de hacerle frente. No hay nada mas penoso que acercarte a tu muerte sin ilusión, y a mi parecer la única manera de acabar la vida ilusionado es habiendo vivido con gusto. ¡Ojo! Vivido, que no sobrevivido.

El gusto de haber cumplido en La Tierra habiendo dejado a tus hijos perfectamente preparados para cuando tú ya no estés, el gusto de haber disfrutado de todo cuanto quisiste disfrutar y haber logrado todos tus hitos propuestos durante tu vida profesional. La ilusión de saber que no dejas nada aquí atrás y de que estás perfectamente mentalizado para lo que venga después de morir.

Como se suele decir, nunca hemos de perder el horizonte. Somos polvo de estrellas, tan brillantes como efímeros. Hemos de deshacer el tabú sobre la muerte y no temerla, sino respetarla en todo su esplendor. Esto nos ayudará a mantenernos humildes pero lanzados a sacarle todo el jugo a esta experiencia. También a tomar las elecciones adecuadas teniendo muy en cuenta que en muchas ocasiones, no hay vuelta de hoja.

Por último, tan importante como darse cuenta de la importancia del día a día  es comprender que no hemos de dejarnos embaucar por lo que aparentemente parece estar contra nosotros. Hoy en día no faltan continuas lamentaciones sobre el estado de la economía actual, pero que las cosas vayan mal nunca es motivo suficiente como para ir de un lado a otro con cara de perro. Que en este momento el mundo vaya para atrás, de ninguna manera es excusa para no intentar progresar en nuestra vida con una sonrisa de oreja a oreja. De otra manera, aun habiendo personas que realmente deseen hacerte feliz, serás desdichado eternamente, ya que únicamente se trata de una decisión personal tuya el ser o no feliz en esta vida.

Volví a sentir unas inmensas ganas de vivir cuando descubrí que el sentido de mi vida era el que yo le quisiera dar. - Paulo Coelho.

miércoles, 3 de abril de 2013

Impotencia

chico enojado


Yo soy la Alfa y la Omega. Mi pensamiento abarca toda posibilidad. Mi capacidad de maniobra es infinita y hablo en clave de sol. Sol que desaparece al observar incrédulo a Adam y Eva, antaño unidos; degollados por la desesperación de quien es todo amor pero es incapaz de amar.

En mi ilimititud sé qué hacer para propagar la dicha. Tengo el poder de ahuyentar los sentimientos venenosos que acuden a la rutinaria cita nocturna con mi pareja de baile. Poseo la cualidad de sentir la armonía y armonizar los muy distintos y distantes elementos que hay en esta más que ensayada obra de teatro. Puesto que armonía simplemente es convivir yo, los demás, y la naturaleza que rodea un mundo, que es mucho menos material y verdadero de lo que son actualmente en la Tierra los espíritus humanos.

Una vez subí al cielo y aprendí del paraíso, la receta para que la humanidad sonría en comunión, en vez de buscar su júbilo en la derrota del de enfrente. Y sin embargo, el vacío me atrapa en su desprecio por la vida y me mata sin matar. Me corrompe el alma sin tocarla y drena la savia de mis venas. Entonces es cuando mi corazón se desata y con el fuego que escupo lo arraso todo a mí alrededor, un todo que dista mucho de estar en armonía y sin embargo, posee el potencial de estarlo.

Así es que destruyo por impotencia. Impotencia que es asesina de inocentes y leales servidores de la conciencia. Conciencia que en su siguiente nivel, me regala consciencia existencial y como la pescadilla que se muerde la cola, me hace capaz de ver de manera escandalosamente nítida la espiral de destrucción que causa dicha impotencia, verdadera culpable del caos cósmico.

Vivo a medias entre la gracia y la desgracia. Cada día subo al cielo y desciendo al infierno. Soy Dios y Satanás en un bucle que se repite sin fin.