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Mostrando entradas de enero, 2013

Almas compañeras

Al igual que sucede con ciertas canciones, que cuantas más veces las escuchas con el pasar de los años, más eres capaz de dilucidar sus verdaderos significados, ocurre con la vida misma. Según vas creciendo eres capaz de comprender ciertos aspectos de ella, que antaño pasaste por alto y que tanto sufrimiento te ha costado.
En un momento dado eliges y no hay elección buena o mala. Pues nadie elige una opción creyendo que es peor que la opción contraria. No tenemos la posibilidad de nacer sabiendo. Llevado hasta el extremo, se podría aceptar aquello de que finalmente es la propia vida la que te lleva por sus propios caudales.
Tras dichas elecciones, hay personas que entran y personas que salen de tu vida, es inevitable. Y además, algunas de ellas, lo hacen de manera dolorosa, injusta o abrupta. Son esas personas a las que hemos amado tanto, con las que se nos detenía el mundo, y con él, nuestra respiración al mirarlas, las que hacen mella en nosotros de por vida. Son esos amigos que adora…

Viaje a ninguna parte

Madrugada del jueves. De camino a Hampi escuchando La Oreja de Van Gogh, con la intención de añadirle emociones al desolado, sucio y contaminado paisaje. Como si ir votando y zigzagueando camiones a golpe de volantazo a 140 kilómetros/hora por carreteras criminales no las tuviera.
No es mi primer viaje curioso ni será el último. No es habitual viajar de una ciudad a otra en taxi. Trescientos cincuenta kilómetros en manos de un indio, que con seguridad me envidia al verme tocatear el móvil con el que escribo. Pero seguramente también los indios con los que nos hemos cruzado, soldando solamente bañados por la luz de la luna y una pequeña linterna, le envidien a él.
Queda ya poco para que se me cierren los ojos y despierte, como por arte de magia en Hampi. Pero que es más real, estar sorteando camiones a menudo en carreteras de un solo carril, mientras mi cuerpo se mantiene inerte en el asiento de atrás de un taxi, a miles de kilómetros del mundo conocido. O el estado en el que nos sumimo…

Mejorar

No soy inteligente ni poseo el don de la belleza. He ocultado hechos que debí contar. A menudo carezco de sensibilidad y confiar en mí, muchas veces no es la decisión adecuada. Soy extremadamente bipolar y nunca sabes que Alejo te puedes encontrar. No tengo excesivos amigos aunque aprecio mucho a los que tengo. Soy vago y mi lentitud mental desquicia a quienes están a mi lado. Presumo de tener mente abierta pero me aferro a mis antiguas creencias personales con gran fuerza.
Si realmente te preocupa el hacer las cosas bien mientras tengas posibilidad, cuando nos ocurren hechos que nos hacen plantear si eres buena persona o no, podemos caer en el error de sumirnos en el pesimismo más profundo y creer que no mereces lo que tienes ni lo que has conseguido hasta ahora; que no eres tan bueno ni guay no solo como los demás piensan, sino también como tú mismo piensas que eres. En ese momento, fuera de todo pensamiento narcisista o ególatra, solo debes trabajar en mejorar y convertirte en mejor…

Bienvenido al desierto de lo real

El hecho de que los humanos reflexionemos sobre la realidad no es cuestión de azar. Muchas, y me atrevería a afirmar que en alguna parte de sus vidas todas las personas, han experimentado la sensación de que se nos escapa algo. De que debe haber algo que dé sentido a todo esto o que directamente estemos siendo engañados, ya sea por un ente exterior o por nuestra propia mente, y sea por ello que no consigamos quitarnos de encima esta melancolía existencial o nostalgia que nos abarca en ocasiones. "Te explicaré por qué estás aquí. Estás porque sabes algo. Aunque lo que sabes no lo puedes explicar. Pero lo percibes. Ha sido así durante toda tu vida. Algo no funciona en el mundo. No sabes lo que es, pero ahí está como una astilla clavada en tu mente y te está enloqueciendo. Esa sensación te ha traído hasta mí ¿Sabes de lo que estoy hablando?" - Morfeo.
La frase que da título a la entrada, es producto de Jean Baudrillard, filósofo postmoderno francés que alcanzó popularidad debi…

Miedo al cambio

El miedo siempre está ahí. Existen personas más y menos propensas a su veneno, pero siempre acaba apareciendo en alguna de sus formas: arma de disuasión, rasgo de la personalidad, inhibidor físico, etc.
Se trata de una emoción que se sitúa piramidalmente en la cima, ya que si no existiese, tampoco lo harían muchas otras. Como por ejemplo la valentía, estrechamente ligada al actuar o no actuar. Si no existiera, nosotros lo haríamos también en menor medida, puesto que el miedo, te ayuda a ser consciente de donde estas, y de lo que uno está dispuesto a arriesgar para conseguir algo.
Preocupación, incomodidad, inseguridad. El miedo tiene amigos en los que se apoya para vencer y acometer su falso cometido, el asegurar la estabilidad y seguridad del sujeto. Nos intenta engañar y llevar a su lado, hacernos sentir inseguros, pero paradójicamente es dicha seguridad la que nos acabara desgastando y llevando a la tumba poco a poco si no nos encaramos con él y lo vencemos.
Y es entonces, al meditar…