viernes, 9 de marzo de 2012

El laberinto sentimental: parte I

sentimientos y emociones

"Somos inteligencias emocionales. Nada nos interesa más que los sentimientos, porque en ellos consiste la felicidad o la desdicha. Actuamos para mantener un estado de ánimo, para cambiarlo, para conseguirlo. Son lo más íntimo a nosotros y lo más ajeno. No sentimos lo que querríamos sentir. Somos depresivos cuando quisiéramos ser alegres. Nos reconcomen las envidias, los miedos. Los celos, la desesperanza. Desearíamos ser generosos, valientes, tener sentido del humor, vivir amores intensos, librarnos del aburrimiento, pero nos zarandean emociones imprevistas o indeseadas. Incluso un sentimiento tan tranquilo como la calma, nos “invade”. Podría leerse la historia de nuestra cultura como el intento de contestar a una sola pregunta: ¿Qué hacemos con nuestros sentimientos?"
Los sentimientos son quienes juzgarán nuestra vida cuando esta se nos vaya acortando y quienes ya lo vienen haciendo desde que nacimos. La vida no la podríamos sentir como un fenómeno consciente sin ellos. Somos sentimiento. Ojeando los libros del Fnac, no tardé ni un segundo, después de leer el texto de la contraportada copiado arriba, y el primer párrafo del libro escrito abajo, en adquirir el libro.
"“A la gente le gusta sentir. Sea lo que sea”, escribió Virginia Woolf en su diario. Hay que darle la razón y escandalizarse después de habérsela dado. ¿Cómo vamos a desear sentir en abstracto, acríticamente, al por mayor, cuando sabemos que algunos sentimientos son terribles, crueles, perversos o insoportables? La contradicción existe y sospecho que irremediablemente. Nos morimos de amor, nos morimos de pena, nos morimos de de ganas, nos morimos de miedo, nos morimos de aburrimiento y, a pesar de la eficacia letal de los afectos, la anestesia afectiva nos da pavor."
A sabiendas de que los considero la base de nuestra existencia consciente, no hay una entrada en la que no intente invocar en vosotros algún sentimiento. ¿Qué es un texto incapaz de invocarlos? Palabras, quizás conocimiento, pero al fin y al cabo caracteres sin significado para nuestras mentes consumidoras de sentimientos. Exactamente igual que ocurre con los objetos materiales en el mundo actual. Os lanzo una pregunta, si somos sentimiento y nuestra pertenencia a la sociedad nos arroja una multitud de inputs que hacen surgir en nosotros sentimientos negativos incesantemente, ¿Vale la pena vivir en sociedad? José Antonio Marina lo explica perfectamente.
"¿Y que podríamos decir de nuestra cultura? En este momento, la cultura occidental presiona para favorecer la insatisfacción y la agresividad. Nuestra forma de vida, la necesidad de incentivar el consumo, la velocidad de las innovaciones tecnológicas, el progreso económico, se basa en una continua incitación al deseo. Este es el gran tema psicológico de nuestra época, tal vez. Para la ética griega, la pleonexia, la proliferación de los deseos, la avidez, era radicalmente mala. Ahora, en cambio, tenemos la idea de que sentirnos satisfechos es esterilizador. Solo la insatisfacción, la pulsión de los deseos, incita a la invención, la industria, la creación. Así pues, parece que estamos condenados al estancamiento  o a la ansiedad irremediable. 
Para complicar más las cosas, hemos unido la impaciencia a la búsqueda de la satisfacción de nuestros deseos. Estamos olvidando que la capacidad de aplazar la gratificación es el fundamento del desarrollo de la inteligencia y del comportamiento libre. Walter Mischel ha estudiado la resistencia a la compulsión como predictor del nivel de inteligencia.
La impaciencia, al no respetar el tiempo de las cosas  introduce un cambio en los ritmos comunicativos que altera, sin duda, la vida emocional. El deseo impaciente se llama en castellano ansia, y la ansiedad parece ser también una característica de nuestra cultura.
Además, la prisa se opone a la ternura. No hay ternura apresurada. La ternura entrega el control del tiempo a la propia manifestación del sentimiento. Sartre describió la relación de la prisa con la violencia. El apresurado lo quiere todo ahora, y la efracción, la violencia, es el camino más corto. ¿Para qué guardar las formas, que siempre son más lentas?
El progreso, que nos obligo a fomentar el deseo, va a servir de coartada para la agresividad. Al parecer, la lucha, la competencia, es el único motor para el avance de la humanidad."
Durante las próximas entradas le pasaré el mando a Jose Antonio Marina, mago y señor de las palabras, para que entre todos nos ayudemos y prosigamos en este viaje hacia el significado. Eso sí, no sin antes navegar y naufragar por todo este viejo mundo que representan los sentimientos. ¿Que hace que sintamos cosas diferentes antes situaciones iguales? Marina nos lo explicará mas adelante.
"Cerca de donde escribo. Hay unas cuevas contra las que rompe el mar produciendo estampidos y borbotones de espuma. Las llaman hervideros. Tanta agitación necesita de una roca tenaz y de un mar incansable. También nuestros alborotos sentimentales surgen del choque entre la dura realidad y los tenaces deseos."

4 comentarios:

  1. Desde luego esta entrada da mucho sobre lo que pensar. Y es que voy a tener que darle la razón a quien escribió ese primer párrafo: el ser humano es sentimiento. De hecho, puede que eso sea lo único que nos diferencie del resto de especies.

    Interesantísimo aporte, de verdad. Permaneceré atenta a las sucesivas entradas.

    Un abrazo.

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  2. Un gran filósofo y sociólogo. Me he leído "El laberinto sentimental" y no he encontrado palabras más atinadas para describir nuestros estados.
    Interesante entrada Alejo.
    Un abrazo.

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  3. Muy interesante. de todas formas no creo que seamos solo sentimientos, ni tampoco que la felicidad consista únicamente en sentimientos, aunque tenga una gran dosis de ellos. No se puede reducir toda la complejidad del hombre sólo a sentimientos. No nos olvidemos de la razón, y de otras realidades más profundas que también nos diferencian de los animales...

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  4. Muchas gracias Perséfone y Sofya y mil perdones por tardar en contestar :(. Justo por eso Sofya, es por lo que a mi me ha encantado el libro, y la manera tan elegante de describirlos que tiene.

    ¡Hola Atalaya! En lo fundamental siempre estoy de acuerdo con todo lo que dices pero esta vez hay algo que desconozco, ¿ademas de los sentimientos, que influye en la felicidad? A todo lo demás como siempre no tengo nada que decir :).

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