domingo, 2 de octubre de 2011

Amor, emociones y adicciones: Parte I

La entrada de hoy mezcla lo subjetivo y lo objetivo, experiencias personales con múltiples vivencias de otras personas y tendrá también un alto componente científico. La he querido dedicar a este tema porque, a mi parecer, la vida no está para sufrirla, sino para disfrutar en la medida de lo posible de las infinitas posibilidades que nos ofrece. El ser humano es terriblemente estúpido y para quien carece de fuerza mental, esta irrefutablemente a merced de sus hormonas, sentimientos, glándulas y todo tipo de mecanismos internos, lo que desemboca en algunas ocasiones en peligrosas adicciones. Y como veremos a continuación, se puede ser adicto no tan solo al sexo o a comer; también a la tristeza, al amor, al enfado o a cualquiera otra emoción.

A casi todos nos ha pasado que tras salir de una mala relación sentimental y posteriormente superarlo, sentimos que renacemos. Sentimos que, mientras retomamos las riendas de nuestras vidas y dedicamos mucho más tiempo a nosotros mismos, hemos desaprovechado mucho tiempo de nuestra vida, que bien podíamos haber utilizado en mejorar físicamente, en adquirir más conocimientos sobre un tema que te guste, en hacer realidad tus sueños, en practicar tus hobbies, en tener más experiencias… etc. El amor es experimentado como magia en los seres humanos, pero no nos olvidemos de que objetivamente es simple química y aunque he puesto como ejemplo al amor, esta sensación de alivio y renacimiento es vivida cuando nos desintoxicamos de cualquier adicción a una emoción.

Visto lo visto… ¿Son las emociones buenas o malas? Los científicos, que son quienes realmente saben de esto, dicen que emociones están concebidas para reforzar químicamente algo en la memoria a largo plazo. Toda emoción es una substancia química, la química más sofisticada del universo está ahí. Por lo tanto, como no podía ser de otra manera, las emociones tienen su función en el ser humano. ¿Cómo funciona? Hay una parte en el cerebro llamado hipotálamo. El hipotálamo es como una minifabrica, es un lugar en el que se reúnen determinadas sustancias químicas, que se corresponden con determinadas emociones que experimentamos. Esas sustancias químicas son pequeñas cadenas de aminoácidos. Así pues, hay sustancias químicas para el enfado, y hay sustancias químicas para la tristeza y también hay sustancias químicas para sentirse victimas y para la lujuria, hay una sustancia química para cada estado emocional que experimentamos.

¿Entonces, que es una adicción? La definición de adicción es muy sencilla, es algo que no puedes parar, hasta el punto de que nosotros nos provocamos situaciones que cumplan los antojos bioquímicos de las células de nuestro cuerpo y que satisfacen nuestras necesidades bioquímicas. Esto a nivel cotidiano quiere decir que quien es adicto al amor, nunca querrá estar solo y le costara progresar en la vida sin él; quien es adicto a la tristeza, buscara fabricar relaciones sentimentales con pocas posibilidades de acabar bien y así satisfacer su ansias de tristeza, etc. El adicto siempre necesita un poco más para poder notar la euforia, el efecto de lo que está buscando mediante la química. Resumiendo, la definición antes descrita viene a decir que si no puedes controlar tu estado emocional, es que eres adicto a él. Piénsalo.

Si usted ahora se pregunta si las emociones son malas, no, las emociones no son malas, son vida, aportan color a la riqueza de nuestras experiencias. El problema es nuestra adicción. Mucha gente no se da cuenta que cuando entiende que es adicta a las emociones, no es solo algo psicológico, es bioquímico. La heroína utiliza los mismos receptores de las células que nuestras sustancias químicas emocionales, así resulta fácil entender que si podemos engancharnos a la heroína, también podemos engancharnos a cualquier aminoacido, a cualquier emoción.

0 commenti:

Publicar un comentario