domingo, 16 de octubre de 2011

¿Eres la ostia?

Te creías la persona más atractiva, inteligente, con estilo, altruista, con la mejor sonrisa y amante de todo el universo y es entonces cuando surge una disputa de difícil solución. Te sientes cansado de tener que andar detrás constantemente de esa persona, tan pesada a veces, para que la relación funcione y aunque tu intención no es cerrar la relación, decides darle un aviso. Seguidamente es cuando piensas egoístamente que esa persona no llegara a ningún lado sin ti. ¿Cómo lo va a hacer si es un pobre ser? ¿Si a todo a lo que ha llegado últimamente es gracias a mi apoyo y a mi grandeza como persona? Yo la rescaté de un destino pobre y la convertí en la reina de corazones. Pues finalmente, no solo siguió adelante sin ti, sino que esa persona lo hizo con fuerzas renovadas y transformada en otra persona. Aprendió a vivir sin ti y progresó a pasos agigantados sin tu ayuda.

Te creías el único líder de tu equipo en alguna disciplina. Siempre has sabido competir mejor que los demás y como es natural por tu innata calidad, a la conclusión del partido vienen a felicitarte por tu gran partido, y es que impregnas al equipo y sus integrantes un aire de ilusión y ferocidad que hace que se te tenga en muy alta estima. Un día, cansado de perder, te marcas un farol y dejas entreabierta la posibilidad de no jugar la siguiente temporada con el equipo. ¿No es que me considere Maradona pero, si no han conseguido ganar conmigo, como lo van a hacer sin mí? Yo fui quien más contribuyo en la sombra para lograr esas últimas victorias y siempre sin atribuirme el merito. Pues no solo te reemplazaron y el equipo la próxima temporada mejoro grandiosamente, sino que el ambiente del equipo mejoró notablemente y ahora son quienes encabezan la clasificación.

¿Cuán importante eres? Olvídate de tu soberbia, de tu orgullo y del todo el apego que te tengas a ti mismo. Olvídate de quien eres y piensa en con quien estas, pues son quienes te dan lo que eres y no al revés. El eje del mundo no está a tu alrededor, sino en el del otro.

sábado, 8 de octubre de 2011

Atajos

La vida es como un campeonato de carreras. Quizás en algún circuito, pueda existir la posibilidad de que por sus características, permitan a un piloto mediante un atajo recortar tiempos de forma poco deportiva, dando paso así a que la avaricia y la ambición hagan presencia en su interior y logrando acabar en el primer puesto en la carrera. Falsamente creerá haber alcanzado la gloria, pero por el contrario, se estaría olvidando de las siguientes diecisiete carreras e inexorablemente le acabarían arrebatando la primera posición, tarde o temprano.

Uno no debe alcanzar su meta a cualquier precio. Puesto que los atajos solo sirven al muy corto plazo. De nada sirve esperar con ansia a los jueves universitarios, con el objetivo de disfrutar de la vida y salir de lo monótono ingiriendo ingentes cantidades de alcohol. Puesto que al día siguiente seguirás siendo la misma mierda, siendo tan aburrido como siempre e igual de insocial, más vale en ese caso aprender a ser un poco mas persona y aprender a disfrutar a diario de las pequeñas cosas de la vida. De nada sirve poner todos tus esfuerzos en encontrar pareja para elevar tu autoestima y sentirte más feliz. Puesto que tarde o temprano tendrás que intentar serlo sin él o ella y todo habrá sido una pérdida de tiempo, más vale por lo tanto, empezar a valorarte como realmente te mereces y sonreír, aunque la vida a veces te apuñale.

En la gran mayoría de las ocasiones ganar no es la meta, sino mejorar en el día a día. Puesto que ganar una, dos o tres carreras no conllevará consigo la consecución del campeonato. Sin embargo, el trabajo duro, el sacrificio y el deseo de mejorar te harán mejor y aunque a corto plazo no seas capaz de ganar ni una sola carrera, quizás en unos añitos, seas capaz de ganar un campeonato.

martes, 4 de octubre de 2011

Amor, emociones y adicciones: Parte II

¿Solución al drama humano? Desaparecer, evadirnos de nuestra identidad. Cuando digo desaparecer, no me refiero a que desaparezcamos físicamente. Lo que quiero decir es que nos vayamos del área del cerebro que está relacionada con la personalidad, que tiene que ver con nuestra relación con la gente, con nuestra relación con los sitios y con las cosas, el tiempo y los acontecimientos. Dejar de existir en los centros asociativos del cerebro que reafirman nuestra identidad, que reafirman nuestra personalidad. Morir. Sentirse vacío, desechar las vanas opiniones y los deseos mundanos para sentirse llenos de vida; de paz y de armonía con el entorno y nuestro cuerpo.

La típica persona que vive su vida y la considera aburrida o monótona, lo hace porque no ha intentado adquirir conocimientos o información que la estimulen. Están muy hipnotizadas por el entorno, a través de los medios de comunicación, a través de la televisión, a través de la gente que vive y crea ideales que todos intentan cumplir y que no pueden hacerse realidad en lo referente al aspecto físico y a los patrones de belleza y de valor porque son meras ilusiones y al final casi todo el mundo se rinde y vive la vida en la mediocridad y quizás vivan esa vida pero su alma en cambio, no.

Sus ansias de vivir quizás nunca lleguen a salir a la superficie para poder llegar a ser otra cosa. Pero si alguna vez lo hacen, se preguntaran a sí mismos si hay algo más o porque estoy aquí, cual es el objetivo de la vida, a donde voy, que pasa cuando muero… Empezarán a preguntarse esas preguntas, y a flirtear con la idea de que quizás sufren una crisis nerviosa, pero lo que en realidad pasa, es que empiezan a desmoronarse sus conceptos antiguos sobre la forma de ver la vida en el mundo.

El cerebro no para de crear conexiones neuronales a conceptos nuevos, de forma literal. En última instancia eso nos cambia de dentro hacia fuera, ¿y si cambias de mente tomaras otras decisiones? ¿Si tomas otras decisiones te cambiara la vida? ¿Por qué no puedo cambiar? ¿A que soy adicto? ¿Que adicción química perderé? ¿Qué persona, lugar, cosa, momento o acontecimiento a los que soy adicto debo perder para progresar? De ahí deriva el drama humano. La única forma de hacerse bien a uno mismo no es mediante lo que se le hace al cuerpo, sino lo que se le hace a la mente.

Esta entrada se corresponde a la segunda parte de "Amor, emociones y adicciones".

Tanto en esta segunda parte como en la primera, me he servido de un documental que vi recientemente y como complementaba mis siempre, ideas abstractas, con conocimientos científicos y por tanto objetivos, decidí que era ideal para esta entrada. El titulo del documental es "Y tu que sabes". ¡Un abrazo!


domingo, 2 de octubre de 2011

Amor, emociones y adicciones: Parte I

La entrada de hoy mezcla lo subjetivo y lo objetivo, experiencias personales con múltiples vivencias de otras personas y tendrá también un alto componente científico. La he querido dedicar a este tema porque, a mi parecer, la vida no está para sufrirla, sino para disfrutar en la medida de lo posible de las infinitas posibilidades que nos ofrece. El ser humano es terriblemente estúpido y para quien carece de fuerza mental, esta irrefutablemente a merced de sus hormonas, sentimientos, glándulas y todo tipo de mecanismos internos, lo que desemboca en algunas ocasiones en peligrosas adicciones. Y como veremos a continuación, se puede ser adicto no tan solo al sexo o a comer; también a la tristeza, al amor, al enfado o a cualquiera otra emoción.

A casi todos nos ha pasado que tras salir de una mala relación sentimental y posteriormente superarlo, sentimos que renacemos. Sentimos que, mientras retomamos las riendas de nuestras vidas y dedicamos mucho más tiempo a nosotros mismos, hemos desaprovechado mucho tiempo de nuestra vida, que bien podíamos haber utilizado en mejorar físicamente, en adquirir más conocimientos sobre un tema que te guste, en hacer realidad tus sueños, en practicar tus hobbies, en tener más experiencias… etc. El amor es experimentado como magia en los seres humanos, pero no nos olvidemos de que objetivamente es simple química y aunque he puesto como ejemplo al amor, esta sensación de alivio y renacimiento es vivida cuando nos desintoxicamos de cualquier adicción a una emoción.

Visto lo visto… ¿Son las emociones buenas o malas? Los científicos, que son quienes realmente saben de esto, dicen que emociones están concebidas para reforzar químicamente algo en la memoria a largo plazo. Toda emoción es una substancia química, la química más sofisticada del universo está ahí. Por lo tanto, como no podía ser de otra manera, las emociones tienen su función en el ser humano. ¿Cómo funciona? Hay una parte en el cerebro llamado hipotálamo. El hipotálamo es como una minifabrica, es un lugar en el que se reúnen determinadas sustancias químicas, que se corresponden con determinadas emociones que experimentamos. Esas sustancias químicas son pequeñas cadenas de aminoácidos. Así pues, hay sustancias químicas para el enfado, y hay sustancias químicas para la tristeza y también hay sustancias químicas para sentirse victimas y para la lujuria, hay una sustancia química para cada estado emocional que experimentamos.

¿Entonces, que es una adicción? La definición de adicción es muy sencilla, es algo que no puedes parar, hasta el punto de que nosotros nos provocamos situaciones que cumplan los antojos bioquímicos de las células de nuestro cuerpo y que satisfacen nuestras necesidades bioquímicas. Esto a nivel cotidiano quiere decir que quien es adicto al amor, nunca querrá estar solo y le costara progresar en la vida sin él; quien es adicto a la tristeza, buscara fabricar relaciones sentimentales con pocas posibilidades de acabar bien y así satisfacer su ansias de tristeza, etc. El adicto siempre necesita un poco más para poder notar la euforia, el efecto de lo que está buscando mediante la química. Resumiendo, la definición antes descrita viene a decir que si no puedes controlar tu estado emocional, es que eres adicto a él. Piénsalo.

Si usted ahora se pregunta si las emociones son malas, no, las emociones no son malas, son vida, aportan color a la riqueza de nuestras experiencias. El problema es nuestra adicción. Mucha gente no se da cuenta que cuando entiende que es adicta a las emociones, no es solo algo psicológico, es bioquímico. La heroína utiliza los mismos receptores de las células que nuestras sustancias químicas emocionales, así resulta fácil entender que si podemos engancharnos a la heroína, también podemos engancharnos a cualquier aminoacido, a cualquier emoción.