lunes, 20 de junio de 2011

Tocando los huevos

No sé si porque el ser humano nunca ha tenido la oportunidad de pensar y de expresar sus opiniones sin miedos o porque nos la suda, todavía hoy en día, no somos capaces de pensar libremente. No somos capaces de expandir nuestra mente más allá de lo imaginable, más allá de donde nos encontramos en este momento. No tenemos una opinión propia sobre muchas cosas. No ejercemos nuestro derecho y poder de pensar. Tenemos la oportunidad de crear un mundo a nuestra medida, donde nuestros deseos y necesidades nunca más se vean reprimidos y sin embargo, ni siquiera hemos dado un paso aun.

Encima, no solo no pensamos por nosotros mismos, sino que somos de mente cerrada, y si alguien dice algo que nos saca de nuestros dogmas de existencia, nos enrabietamos y luchamos contra esa idea. Bajo el lema ¡A mí nadie me dice lo que tengo que hacer! Cuando en realidad eso es precisamente lo que haces, hacer lo que te dicen que hagas.

Nuestro ego también nos juega malas pasadas. Chicos y chicas a los 20 años ya se creen los reyes del mundo y se creen tan conocedores de la verdad que ya no aceptan otras verdades que las suyas (yo mismo he sido así). No se molestan en buscar más verdades más allá de lo obvio, puesto que ya no las necesitan. Se “desenvuelven bien” en esta vida y son perfectamente independientes… seguro que si…

Del ego pasamos al respeto. ¿Qué pasa con las demás religiones? ¿Qué pasa con la gente que tiene una manera de vivir propia, como por ejemplo el vegetarismo o veganismo? ¿Qué ocurre con la gente que no respeta? ¿Se creen superior porque él es como la mayoría, se creen en posesión de la verdad? En caso de haber una verdad única todavía nadie la ha descubierto, por lo tanto, ¿porque la gente no deja vivir a los demás con sus verdades? Y respetar no trata de “no criticar”, trata de ENTENDER, ¡de EMPATIZAR! Por mucho que alguien racista no exprese sus opiniones con voz, lo hace con miradas, lo hace con sentimientos que salen al exterior como balas de plata, lo hace con gestos que incluso duelen más que las palabras. ¡Debemos abrir nuestra dichosa mente y expandirla más allá de lo que actualmente somos!

¿Y que pasa con la industria de la moda? Mirar, mi intención nunca es meterme con nadie en concreto, pues soy consciente de que la vida es tan compleja que en la mayoría de los casos, ni siquiera los individuos tienen la culpa de lo que hacen. Pero pasando por alto a los que “mandan” en la industria, es decir, a los que realmente se hacen multimillonarios a costa de todos los demás que la sigan ciegamente, simplemente pido a los grandes adictos y adictas a las compras que comprendan que quienes no estamos una hora delante del espejo, no es porque seamos unos dejados, simplemente nos gusta emplear el tiempo en otras cosas, ¡porque ojo! No es cuestión de mentirnos a nosotros mismos, a todos nos gusta estar guapos, si, a nuestro estilo, pero guapos. Por otro lado, a mi me parece cojonudo la gente que tarda tiempo en prepararse y siempre quieren estar guapos o guapas. Me parece que la búsqueda de la belleza y de la perfección es algo que todos tenemos innato pero por favor, siempre sin obsesionarse. No hay absolutamente ninguna obsesión que sea buena para el ser humano. ¡Y siempre desde el respeto!

Antes de ayer estuve en Madrid de comunión y no participe en la ceremonia. No rece, no me puse en pie cuando los demás lo hicieron, etc. Aunque siempre con intención de “respetar” a los demás, por ello me puse muy atrás, no soy de los que me gusta llamar la atención con estos temas. ¿Sabéis porque pongo respetar entre comillas? Porque de los presentes en realidad a casi nadie le importaba una mierda el cristianismo y a muchos, hasta el mismo rito que estábamos celebrando. ¿Y me pregunto yo, porque los padres no practicantes hacen que sus hijos hagan la comunión? ¿Acaso es por razones sociales? Ni yo, ni mi hermano pequeño hemos hecho la comunión y os aseguro que tenemos vida social. No es un ataque al cristianismo, yo me considero espiritual (y de hecho, dentro de poco escribiré sobre el tema) pero no puedo con la gente que piensa o dice unas cosas y va haciendo otras. No entiendo la gente que se levantaba para rezar o hacer lo que la ceremonia dictaba, como si fueran practicantes, cuando en realidad una millonésima parte de ahí lo eran de verdad. Me fastidia y lo siento de veras si lo que he escrito os ha molestado.

Cuando nos estábamos preparando para la comunión (¡¡fijaros, a mí también me gusta ponerme guapo!!), no sé qué comentario dije y un familiar cercano persona me llamo antisocial. Y aunque le contesté rápidamente diciéndole que no era así, me dejo dubitativo y medité sobre el tema de camino a la comunión. ¿Acaso soy yo antisocial? No lo soy, no solo tengo vida social, sino que me encanta pasear con amigos, discutir con ellos, estar con ellos, disfrutando de su compañía… así que llegue a la conclusión de que no soy un antisocial. Y pensé, entonces, ¿que soy? Llegue a la conclusión de que soy anticultural pero… ¿Acaso soy yo anticultural? No. Para empezar, me encanta viajar y conocer todo lo posible sobre todos los sitios, con solo decir que a falta de dos años, ¡no puedo esperar más para irme de Erasmus a India!. Además, me gusta saber de todo, no es raro verme leyendo cosas de cualquier tipo por casa, y claro, me gusta mucho coger libros de la biblioteca, normalmente ensayos que hablen sobre temas en los cuales estoy interesado.

¿Y entonces, qué coño soy? Ni siquiera me puedo considerar un toca huevos, porque realmente intento ser tolerante y respetar todas las ideas. En casa me gusta tocárselos un poco a mi hermano pequeño, a ver si empieza a ser un poco normal, pero poco más.

No seré yo el que me describa pero bueno, me quedo con la idea de que tengo mucho que leer y aprender para poder aclarar más mis ideas para que cuando cualquier persona me tache de antisocial, poder responderle al segundo sin tener que comerme la cabeza antes.

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