miércoles, 20 de abril de 2011

Pólitica - Parte III

Por mi parte, nunca he sido tan extremista como lo fue Epicuro. Pero si comparto fielmente sus ideas y actúo en base a ellas.

Epicuro decía que había que huir tanto de la cultura, como de la política. En lo relativo a la política estoy muy de acuerdo con él, en que es necesario no poner excesivas expectativas en ella. Al fin y al cabo y pensándolo fríamente, ¿Es capaz una persona de mantener contentas a 45 millones? Aunque creo que mínimamente hay que estar al día, no debemos sembrar semillas de felicidad en lugares que no dependen de nosotros.

Sin embargo, no puedo estar de acuerdo en todos los puntos. Antes he dicho que la política, aunque es lo mejor que tenemos, no es una herramienta eficaz para erradicar los males del mundo y por ello no hay que depositar nuestras esperanzas en ella. Peeeeeeeero… eso no quiere decir que nos desatendamos de lo que pasa en nuestro universo. Todos importamos muchísimo más de lo que pensamos. Con cada conversación que tenemos con un amigo, cambiamos su manera de pensar; con cada buena acción, agrandamos el corazón de nuestros allegados; con nuestro amor, hacemos felices a los de nuestro alrededor. Y estos a su vez, al interrelacionarse con sus parientes y amigos, trasmiten a su vez, eso que le hemos trasmitido nosotros. Todos formamos una cadena. Todos somos células de un único cuerpo. Todos somos uno y podemos cambiarlo todo con pequeños detalles cada día.

En cuanto a la cultura, debes tratar de apropiarte de la máxima cultura posible pero sin dejar que se adueñe de ti. Estereotipos, consejos que te da la gente, costumbres culturales… no debes aceptarlos sin meditar antes sobre ellos e informarte sobre la veracidad de tal información. Un ejemplo personal puede ser el siguiente:

Cuando digo que comparto ciertas opiniones con Epicuro, no quiero decir que después de leer su obra, pensé… ¡huy! ¡Fíjate que cosas más inteligentes dice! ¡Voy a adaptarlas a mi vida diaria! No. Yo soy de una determinada manera y si bien es cierto que he ido evolucionando, no ha sido en base a los que otros me han dicho, no ha de ser así. Uno debe escuchar todo tipo de consejos y después elegir aceptarlos o no. Pero ni seguirlos ciegamente, ni hacer caso omiso de ellos. Se ha de crecer orgánicamente, debes preguntarte a ti mismo como quieres ser, que es lo correcto en cada situación, debes darte cuenta de tus defectos e intentar mejorarlos. Pero has de intentar que la respuesta a todas estas preguntas salga de ti mismo.

No creas que estás en el camino correcto sólo porque es un camino muy transitado. Sin embargo, no caigas en la tentación de tratar de ser diferentes, pues eso nos hace a todos los mismos. No trates de ser diferente, solo sé tú.

sábado, 16 de abril de 2011

Pólitica - Parte II

Ante la situación final descrita en la anterior entrada, Epicuro se muestra como el filósofo de orden terrestre. Explica que el error práctico que se esconde en cualquier intento de teoría política anterior está en que arrastran determinados compromisos con aquella forma de lo real, que es precisamente lo que hay que superar. Restos mitológicos.

Epicuro decía: “Feliz tú que huyes a velas desplegadas, de toda clase de cultura”. Toda la cultura tradicional es solo objeto de rechazo, lastre que nos conduce a la infelicidad, olvido de esa inmediatez donde se encierra todo bien. No se negaba con ello a la cultura del logos y del raciocinio pero insistía en el hecho de que esa cultura había establecido “valores”, dejando que muchas veces flotasen sobre la realidad, ensombreciéndola, en lugar de clarificarla.

Entendámoslo. No estaba en contra de la sociedad. Simplemente entiende que si bien en esta vida hay que esforzarse, en la medida de lo que se pueda en actuar “sabiamente”; ni la cultura presente, ni lo establecido anteriormente como valores deben interceder en tu manera de ver la vida, pues pueden no ser más que una traba en tu evolución como ser humano.

Por eso el enfrentamiento epicúreo a lo que llama las vanas opiniones: “el que pone el oído a la naturaleza y no a las vanas opiniones será siempre autosuficiente. Porque en relación con aquello que por naturaleza es suficiente, la más mínima adquisición es riqueza, y en relación con los deseos ilimitados la mayor riqueza es pobreza.

El hecho, sin embargo, de que fueran precisamente los intereses de cuerpo y del placer, disimulados entre ellos los que en el fondo de la ideología más endulzada, se ocultaban, mostraba la verdad esencial de la revolución epicúrea. Este ataque frontal a las vanas opiniones, denostaba el viejo y ya casi naturalizado artilugio que a través de la historia seria conocido como doble moral, doble verdad y a consecuencia, único engaño.

Pensemos en Libia, nos servimos (pues no olvidemos que España está dentro) de razones puramente altruistas, entre las cuales se encuentra el respeto por la vida que todo ser humano tiene y que Gadafi no ha respetado, para invadir un país al cual, ¡España ha estado vendiendo armas a raudales a sabiendas del destino de las mismas!. Epicuro supo anticipar este tipo de movimientos políticos, donde “los ideales humanos” no esconden más que intereses mundanos y egoístas.

El más grande fruto de la autarquía, de la autosuficiencia, es la libertad. El gozo solo podía brotar de esa autarquía, de ese incesante combate contra las palabras sin sustancia, contra las apalabras “armas ideológicas”, contra la dependencia del poder de los otros que como en el mito de la caverna platónico, encendían el fuego, que solo proyectaban sombras en el fondo de la caverna ante los ojos inmóviles para siempre, de los prisioneros.

martes, 12 de abril de 2011

Pólitica - Parte I

En estos revueltos tiempos políticos, me dispongo a dar mi opinión apoyándome en primera instancia en dos grandes filósofos, y mediante la publicación de tres entradas donde progresivamente daré a entender mi opinion. Hablaré sobre las primeras etapas de la evolución política, de modo que podamos también apreciar la evolución que han tenido ciertos valores humanos. Ya que no olvidemos, la política está a servicio del hombre y de sus objetivos como raza, donde el primero de ellos es la felicidad. Estos dos filósofos son Platón y Epicuro.

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La cultura griega tuvo desde sus orígenes, dos importantes objetivos: conocer el mundo y manejarlo.

De manera similar a nosotros mediante este blog, los griegos también meditaron sobre ciertos temas. ¿Tiene el ser humano la posibilidad de liberarse de ese Logos inmenso que parece regirle? ¿Es libre o está atado a un lugar que, en el fondo, es su voz y por el habla? Las respuestas a fueron múltiples pero una de las respuestas tuvo una particular resonancia. Ante un ser atado a destinos incomprensibles, a caprichos o designios de complicadas divinidades, los griegos descubrieron una palabra que expresaba la independencia de esos “hados”: libertad.

Los sofistas enseñaron a descubrir que no dependían de destinos divinos ni de palabras inmóviles. Comparaban la sociedad con un lago, que fluía entre todos, que se contradecía, se enriquecía y se transformaba de múltiples maneras, que era posesión y hacienda de todos, que era dialogo, que con ella, se podía llegar al fondo de la propia persona.

Pero una vez que este proceso liberador estuvo encadenado, hubo que organizar la convivencia, la polis, y establecer entre los ciudadanos un haz de relaciones que, de alguna forma, sirviese para cohesionar esa creatividad de palabras. Había pues que seguir conociendo el mundo y por supuesto, había que seguir intentando modificar o construir la praxis de los hombres. Organización.

Fue precisamente Platón quien, de una manera dramática intento orientar la educación hacia la polis que da sentido a los, de otra manera, incoherentes deseos de los hombres. Como es evidente, aquellos trazados de la mente, aquel lucido e inquietante esfuerzo teórico por coordinar las actividades de los hombres en una ciudad justa y por señalar autoritariamente el territorio de las utilidades, no pudo jamás realizarse.

Una de las principales razones por las que el modelo político de Platón fracasó es por relegar a un segundo lugar los “incoherentes” deseos de los hombres. Bien es cierto que pueden ser incoherentes, pero estos deseos terrenales son la base de la existencia, la base de la felicidad terrenal y nunca han de ser apartados. De igual manera a Platón, muchas personas aún hoy no se han dado cuenta de que vivir, es ser feliz. Trabajamos, comemos, dormimos, tenemos descendencia, pero de nada vale todo esto, si no se es feliz. El razonamiento es el mismo, a mi parecer erróneo por ambas partes.

De igual manera, no se puede orientar el todo hacia la polis. El ser humano es quien debe estar en el centro, pues como hemos dicho antes, realmente el objetivo de vivir es ser feliz. Y aquí, a mi parecer, es donde falla la política hoy en día. No solamente el indivuo carece de poder, sino que además de no tenerlo, estos “políticos” no están orientados al ser humano (y no me refiero solo a los nativos del país) y a menudo obedecen a otra clase de intereses. Con el objetivo de sentirse libres los hombres crearon la política, sin embargo, ahora parece que es la política quien tiene presa a los hombres. Este paso a la colectividad, significa en mi opinión el primer paso en la irrealidad.

Para finalizar con la idea política de Platón, decir que el esquema en el que funciono la filosofía del helenismo presento cambios sustanciales en la organización de la ciudad. En ella, el ciudadano no alcanza a ser oído, ni sus deliberaciones pueden ajustarse a un fondo común de intereses. La voz del intelectual queda también perdida, inerte en su propia soledad. Y una vez perdida de vista los objetivos principales, esa obtención de la felicidad por parte de los individuos y la sensación de actuar proactivamente en el destino del mundo, la política no solo carece de sentido, sino que se desmorona.

martes, 5 de abril de 2011

La amistad

La amistad. Es una de tantas palabras deslucidas, teñidas de corrupción y por supuesto, víctima de la doble moral, tan de moda hoy en día.

Aunque pueda parecer extraño, se trata de una palabra con poco tiempo de vida. La palabra Philía, simplificadamente traducida por amistad, empieza a utilizarse habitualmente a finales del siglo V. AC. Fueron los griegos, con Aristóteles y Platón a la cabeza quienes la introdujeron en la vida política y quienes empezaron a usarla más como una herramienta, en vez de como un fin en sí misma.

Poco más tarde Epicuro, dándose cuenta en la fosa donde estaba cayendo la amistad y su importancia, la incluyó en su filosofía del placer de vivir, como un fin en sí misma, pues toda amistad es deseable por sí misma. Para Epicuro, de todos los bienes que la sabiduría ofrece para la felicidad de una vida plena, el más grande es la adquisición de la amistad.

“No es amigo en que todo el momento busca su utilidad, ni el que nunca la une a la amistad. Porque el uno comercia con su favor la recompensa, y el otro corta al buena esperanza de futuro”.

“Efectivamente no sólo los amigos se entienden como dice el lema romántico, sino que los amigos se ayudan, se socorren en sus necesidades. Compadezcamos a los amigos, no lamentándonos sino ayudándolos de verdad”.

La mirada de Epicuro es la sublimación de la alteridad, el punto de referencia en el que adquiere un contenido más amplio y desinteresado el inevitable abismo humano que es el egoísmo. Parece absurdo pensar que afirmaciones como las anteriores deban de proclamarse ante la sociedad, pero aun hoy, tanto el concepto de amistad como el de muchas otras palabras se sigue utilizando con fines distintos a los de la propia palabra. Que como Epicuro, precursor en su día de tal afirmación afirmó, la amistad es un fin en si misma.

Un amigo es uno que lo sabe todo de ti y a pesar de ello te quiere.