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Mostrando entradas de diciembre, 2010

Falso espíritu navideño

Y llegaron las navidades. Un periodo de tiempo donde todos nos volvemos mejores personas y disfrutamos de la proximidad de nuestros seres queridos. Las ciudades se vuelven iluminadamente cristianas y nos envuelve en un halo de engañoso espíritu navideño. Un tiempo en el que cualquier transeúnte ajeno al bullicio estacional, creería firmemente que celebramos 365 días al año el nacimiento de Jesucristo en Belén.
Pero con intención de analizar ese puntual espíritu navideño y los valores que predica, decir que estamos viviendo una época donde los valores humanos están siendo menospreciados. Ahora cualquier persona que hable sobre valores, por lo general se le considera anticuada o pasada de moda. Los valores los estamos redefiniendo para que encajen en nuestra nueva forma de vivir, en esta sociedad cada día más liberalista, donde lo que está de moda, son aquellos valores que nos permitan ser libres, y que nos ayuden a evadir responsabilidades.
Parecerá simplista, pero todos, todos, todos l…

¿Vivimos?

Resulta que no basta nacer para estar vivo. Se requiere de una opción consciente de querer hacerlo y de el ejercicio activo de esa decisión. La vida es un regalo que nos llega caído del cielo, pero en nuestras manos está el ejercitarla o el irnos quedando lentamente aletargados para ir cayendo dulcemente ¿hasta la demencia senil?

Baile de disfraces

Vivimos, ¿Oyes? Pero solo vivimos exactamente ahora. Abrimos los brazos y decimos que existimos. Pero se nos aparta y se nos mete dentro del oscuro saco de la historia. Porque somos de una vez, de usar y tirar. Participamos en un eterno baile de disfraces, en el que las mascaras van y vienen, hoy por mi, mañana por ti, el viejo desaparece de la fila. Nos habríamos merecido algo mejor, Hans Thomas. Tú y yo habríamos merecido que nuestro hombres se grabaran en algo eterno, en algo que no se borra en el gran cajón de arena.

Fuente: El misterio del solitario

Si existe un Dios

Veamos Hans Thomas. Si existe un Dios que nos ha creado, entonces de alguna manera somos artificiales a sus ojos. Charlamos, regañamos y peleamos. Nos abandonamos los unos a los otros, y nos morimos dejando solos a los demás. ¿Entiendes? Somos muy cojonudos, hacemos bombas atómicas y cohetes que llegan a la luna. Pero ninguno de nosotros se pregunta de dónde venimos. Simplemente estamos aquí y no nos cuestionamos nada más.

Fuente: El misterio del solitario

Encuentro en 4º fase

- Entonces escúchame bien, Hans Thomas. Imaginémonos que un día sales al jardín y descubres un pequeño marciano entre los manzanos. Digamos que es un poco más pequeño que tu, y en lo que respecta a si el hombrecillo es amarillo o verde, lo dejo a tu imaginación. El forastero se queda mirándote fijamente, como se suele mirar a seres de otro planeta. La cuestión es cómo reaccionarias tu.
Estuve a punto de decir que le habría invitado a un desayuno del planeta Tierra, pero dije que seguramente me hubiese entrado tal pánico que me hubiera puesto a gritar como un loco.
Mi viejo asintió con la cabeza, evidentemente satisfecho por mi respuesta. Al mismo tiempo, comprendí que tenía algo más que decir.
- ¿No crees que también le preguntarías quien era ese hombrecillo y de donde vendría?
- Naturalmente – Conteste.
- ¿No se te ha ocurrido nunca pensar que tú mismo podrías ser uno de esos marcianos?
- O un terrestre, si quieres. En realidad, no importa gran cosa como llamemos al planeta en que vivimos.…