miércoles, 16 de noviembre de 2016

El amor como estilo de vida


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Uno de los problemas de utilizar el lenguaje como código para la comunicación es que una misma palabra significa inevitablemente conceptos distintos para diferentes personas. Las palabras no solo poseen distintos significados dependiendo del contexto, sino que también dependiendo de las vivencias de cada persona varía relevantemente. Cuanta más fuerza tenga el concepto que la palabra represente, más significados y variantes tenderá a tener. Un buen ejemplo es la palabra amor. La RAE establece que tiene 14 significados. Y por si fuera poco… El tema de hoy trata sobre uno que no aparece en esa lista. Voy a pronunciarme sobre el amor como estilo de vida.

Como base que fundamenta el resto, este modo de vivir implica necesariamente un amor sincero por la vida y a todo lo que pertenece a ella; tangible o intangible. Hay que aceptar la vida tal y como es porque así tenía que ser. Los seres humamos somos unos listillos y capullos porque de otra manera no habríamos sobrevivido al intransigente medio ambiente. Gracias a lo anterior, la Tierra ha evolucionado para permitir la vida inteligente, es decir, para que nosotros podamos desempeñar nuestro papel como criaturas pensantes. Luchemos por cambiar el mundo, pero no vivamos enfadados con él.

En segundo lugar, debemos amar la naturaleza. ¡Es desde hace menos de 5000 años que el ser humano vive en grandes ciudades! Todavía no nos ha dado tiempo a adaptarnos. Por ello, la naturaleza sigue siendo nuestro hábitat natural. Obviamente el ser humano ha evolucionado y modificado sus maneras de vivir y costumbres pero no seamos insensatos. No solo necesitamos de tener contacto con ella, sino de interiormente adorarla y mimarla para no sentirnos perdidos en el mundo.

De la misma manera, tenemos que amar a todos los seres humanos. No se puede negar que las personas, además de tener virtudes y valores, poseen también sus defectos y manías. De forma natural, nos saldrá de las entrañas intentar competir con ellos, tener envidia y ansiar sentirnos superiores física o intelectualmente en aras de nuestro instinto de supervivencia. Inevitablemente por todo lo anterior, existirá gente que no nos caiga del todo bien. Pero debemos aceptar que todos no somos, ni debemos querer ser iguales. Cada persona vive en su gigantesco mundo personal y de cada una de ellas se debe intentar aprender conocimientos y experiencias. Asimismo, te sirven para darte cuenta de como quieres o como no quieres ser en la vida. ¡Gran parte de lo que tú eres, lo eres por lo que han conseguido otras personas antes de que nacieras! ¡Tú te debes a los demás!

Por último, debemos amar la actividad. Nuestro cuerpo está biológicamente construido con el objetivo de poder retener energía para después emplearla en el día a día. Si no la usamos, no nos quedaremos plenamente satisfechos a final de la jornada. ¡Y lo tenemos tan sencillo! La vida es tan genial que fluye al mismo tiempo en todas direcciones. Solamente tenemos que elegir cual nos motiva más y zambullirnos en su vorágine. No podemos permanecer estacionados en un mismo lugar por años. No podemos vivir de casa al curro y del curro a casa. No podemos elegir no actuar para no arriesgarse a fallar. Quien creyendo que viviendo una existencia tranquila y sin sobresaltos va a tener éxito se equivoca. Tener éxito en la vida es ser feliz, y la felicidad no se presenta por sí sola. Se ha de ir a su caza y actuar en consecuencia.

Aceptar a la naturaleza como madre, te ayudará a darle mayor sentido a la vida. Aceptar los defectos de los demás, te ayudará a aceptarte a ti mismo. Aceptar la proactividad como modelo de vida, te ayudará a autosuperarte continuamente. Amar vivir es condición indispensable para ser feliz.

lunes, 31 de octubre de 2016

Diversión

Mundo en la mano

La clave está en la mentalidad con la que se encara la vida. A alguien que no pierde nunca la sonrisa, le parecerá que la vida le sonríe. Alguien que trata bien a las personas, será bien tratado por el mundo.
La semana pasada me encontraba subiendo el Gorbea con unos compañeros, cuando escuché algo que me hizo bastante gracia por lo ridículo de la afirmación. Una persona me dijo con asombro y cierta indignación: "¿¡Pero como es que has estado en el Tíbet, Nepal, India, Milán, Sicilia, Méjico, Toronto, Londres, Nueva York…!? ¡No has debido dar palo al agua!".
Yo "sacrifiqué" un orgasmus (erasmus) para irme a malvivir a la India. Yo estuve en Nepal y logramos acceder al Tíbet porque mis colegas y yo decidimos echarle bemoles y no pensar demasiado en los problemas que esto nos podía acarrear. Yo he residido un mes y medio en Londres lavando platos. Yo decidí con 18 añitos hacer el Camino de Santiago. Yo he estado múltiples veces en Sicilia porque he tenido los huevos de intentar una relación a distancia. Yo he vivido en Milán 6 meses realizando un proyecto de final de Máster.
No tiene sentido explayarse más. La diversión y sus derivados, como todo en la vida, no vienen por casualidad; sino de un ferviente deseo de tenerla y de experimentar al máximo la vida. No existe excusa suficientemente fuerte como para no embarcarse en nuevas aventuras. Por supuesto, acordes a vuestro nivel económico. 

lunes, 8 de agosto de 2016

Nueva temporada


Cielo azul

El tiempo juega en nuestra contra. Hace que al disfrutar vuele y en la tristeza o el aburrimiento se haga eterno. 

En caso de necesidad, la rutina nos ayuda ligeramente a domarlo. En periodos donde la rutina es el motor de nuestras acciones, este hecho favorece nuestro desempeño, puesto que nos ayuda a cumplir nuestras obligaciones sin gastar más energía de la indispensable en tomar decisiones para las acciones diarias.

Sin embargo, ocurre que durante largos periodos rutinarios suceden eventos imprevistos que nos despiertan de nuestra voluntaria hibernación mental. Los más triviales no necesitan de grandes medidas para encararlos, durmiendo un par de días correctamente se encuentran soluciones fácilmente. Pero dependiendo del grado del suceso requeriremos de mayor tiempo de asimilación. Son eventos que necesitan ser superados mediante un esfuerzo activo de la persona.

A veces ni siquiera son cosas que nos han ocurrido. Nuestro mundo interior también es fuente de conflicto y con frecuencia surgen en nosotros pensamientos o sensaciones que deben ser encarados con determinación para resolverlos. Ya sean para adoptar una acción o una nueva forma de vida.

Por esta razón, el ser humano a menudo recurre al concepto de temporada, estación, periodo, etapa, época, fase, ciclo, era, etc. Lo hace para diferenciar entre dos periodos separados en el tiempo en el que se da por hecho que en el más reciente se ha evolucionado. Ya sea de manera de actuar, de pensar, de trabajar, etc. Esto ocurre tanto a nivel de sociedad, como a nivel personal.

Por ejemplo, sentimos esta sensación de cambio y progreso en navidades, cuando nos volvemos a reunir toda la familia para desearnos todos juntos un próspero año nuevo. Cuando por obligación o por decisión propia cambiamos de trabajo. O cuando como generalmente ocurre en Agosto, nos vamos de vacaciones y por un corto periodo tenemos el privilegio de poder olvidarnos del trabajo.

Las vacaciones es la época ideal para asimilar todo lo que nos ha ocurrido durante el año y empezar de nuevo de cero. Sin peso adicional que cargar sobre los hombros. No obstante, no debemos creer que todos nuestros problemas desaparecerán por arte de magia sin hacer nada al respecto. Se debe tratar en primera instancia de comprender esos problemas que no hemos podido superar, y en segunda de solucionarlos. Hacerlo no nos dará la felicidad eterna, pero su ausencia, es la semilla de un sentimiento que nos ayudará a obtenerla. La semilla de la ilusión.

La ilusión, como todo en la vida, hay que ganársela proactivamente; y si no aprovechamos en periodos de vacaciones o de transición entre etapas para generarla desde nuestro interior, no va a brotar milagrosamente tampoco durante nuestra rutinaria vida diaria.

Por ello, deseo a todas las personas que se vayan a ir ahora de vacaciones o que ya las hayan disfrutado, que las aprovechen. Para descansar la mente no hace falta irse a Tenerife o realizar viajes alucinantes. Todos sabemos que a menudo durante las vacaciones uno se estresa más que se relaja. Por lo tanto, es importante que durante este corto periodo anual seamos conscientes de la trascendencia de saber relajarnos.

Este blog empieza nueva temporada con las pilas bien puestas y mirando siempre hacia delante. Al fin y al cabo, yo también he tenido tiempo para pensar durante mis vacaciones y elegir mis próximos destinos físicos, laborales e intelectuales.

¡Ánimo a todos!

jueves, 5 de mayo de 2016

Felicidad

mujer tranquila

Felicidad es hacer reír a carcajadas a un amigo. Es ver en la naturaleza tu hogar y en el mundo, un lugar al que contribuir a mejorar. Es escuchar a tu familia decir que está orgullosa de ti. Es ser la sensación de la discoteca por la pureza y naturalidad con la que bailas durante toda la noche. Es sentarse en la terraza de un bar y sentir como propio el júbilo de la gente. Es envejecer sin arrastrar remordimientos. Es la sensación de que la vida no se te está escapando sin haberla exprimido a fondo. Es ver a tus hermanos tener éxito en sus vidas. Es luchar por hacer de tu hobby, tu trabajo. Es ser plenamente consciente de tu progreso como persona y de los próximos pasos a dar.

Es el bache que te reafirma en lo que eres y el fracaso que te hace evolucionar. Son las vibraciones que penetran en tu cuerpo al escuchar música a todo volumen. Es conocer nuevas personas cada día de tu vida. Es sentirse dueño de tu vida transformándola en todo momento proactivamente. Es actuar permanentemente con la mejor intención posible sin obsesionarse con los resultados obtenidos. Es erradicar de nuestra vida las adicciones a sentimientos negativos y huir de las personas tóxicas. Es tomarse el primer café de la mañana con tu familia y entrarte ganas de comerte el mundo. Es el sexo con amor y el amor sin contención. Es no detenerse nunca de perseguir tus sueños y vivir con intensidad las buenas y malas experiencias que te concede la vida.

Es perdonar a quienes te hirieron y abrir el corazón a quienes te odian. Es huir de los prejuicios y pensamientos dogmáticos de la época. Es no hacer de la mentira un estilo de vida y decir la verdad aunque duela. Es estar abierto siempre al amor aunque parezca que te está cerrando las puertas continuamente. Es mirar al espejo y ver a la persona que siempre has deseado ser. Es echar una pachanga con los amigos y reponer fuerzas con un par de cañas. Es aprender a disfrutar de las personas diferentes a ti. Es sacrificarte por las personas que quieres sin pensarlo dos veces. Es ser conscientes en todo momento de que somos polvo de estrellas.

Es ser una persona con razonamiento autónomo y pensamiento crítico. Es no perder las ganas de vivir a tope cada segundo de tu vida. Es el viento que desenmascara tu superficialidad y la lluvia que limpia tus pecados. Es darse cuenta de que el amor verdadero no existe, se construye día a día. Es meter un gol con el corazón. Es el conocimiento que te hace comprender la realidad y la realidad que da sentido al conocimiento. Es hacer muecas a un bebe y ver como se parte de risa. Es viajar con el alma y no con la cámara de fotos. Es el amor de un padre o de una madre. Es deshacerse de las cargas del pasado para sentirse más ligero en el presente.

Es saberse buena persona aunque no siempre se acierte en las decisiones. Es que te salga una sonrisa mientras caminas por la calle al sentir la vida fluir por tus venas. Es comprender que las arrugas de tu piel, nada tienen que ver con la juventud de tu alma. Es darse cuenta de que el mejor psicólogo debe ser uno mismo. Es no parar de soñar aunque no todos los sueños se acaben cumpliendo. Es tener la suficiente fuerza para reaccionar cuando tu camino se tuerce. Es ser fiel a tu persona y a los demás respetando la dignidad de todo ser humano. Es convertirse en una persona independiente que no necesite de los demás para vivir y ser feliz. Es asistir a una boda y comprender que la vida es algo más que levantarse todos los días para ir a trabajar.

Es aceptar que en la vida hay que acatar ciertas obligaciones y que en ocasiones, tenemos que mirar al futuro más que al presente. Es vivir con naturalidad los encuentros y despedidas de tu vida comprendiendo que nadie es imprescindible. Es interiorizar que para hacer feliz a los demás, primero uno tiene que ser feliz; y que para ser uno feliz, no se puede servir de los demás. Es alegrarse por el éxito ajeno como si fuera tuyo y compartir el tuyo como si fuera de los demás. Es no perder la capacidad de sorprenderse. Es estar dispuesto a dar la vida por un ser querido. Es saber escucharse a uno mismo, porque dentro de nosotros están todas las respuestas.

Es regocijarse con una buena conversación. Es comer de manera saludable para sentirse liviano en el mundo. Es estar en paz con uno mismo y en armonía con el entorno. Es no basar tu bienestar personal únicamente en los bienes materiales. Es entender que no todas las maneras de actuar o de pensar valen en la vida, algunas te llevarán a la dicha y otras al sufrimiento. Es pasear con tu pareja por la calle y ser incapaz de soltarle el brazo ni un solo segundo. Es no temer a la muerte ni a los cambios en tu vida. Es desconectar de las tecnologías y de las redes sociales un par de horas al día. Son los detalles y regalos inesperados. Es aportar tu granito de arena en la felicidad de los demás.

miércoles, 27 de abril de 2016

Utopía

Ciudad oscura

Siglo CXX. El conflicto no tiene tregua. Cientos de personas decentes mueren diariamente víctimas de una guerra perversa. El ejército enemigo lo forman máquinas biológicas exteriormente iguales a los seres humanos con la diferencia de que no necesitan el corazón para seguir existiendo. Su estrategia de batalla es finalizar a sus víctimas arrancándoles el corazón del pecho para dárselo de comer a los miles de perros vagabundos que habitan en este apocalíptico mundo.

Perro zombie

El adversario de esta forma se asegura de que si un ser humano muerto se vuelve a alzar, lo haga convertido en uno de ellos. Por esta razón, en el mundo actual muchas personas al fracasar deciden quitarse la vida, sabedoras que prefieren no vivir a existir como una criatura sin sentimientos. Las huestes enemigas arrinconan a los supervivientes en “Utopía”, también apodada “Ciudad de Dios”, último bastión humano en pie.

La batalla sigue llevándose consigo almas que en otra situación contextual podrían haber vivido una vida plena. Con una familia y alguien a quien amar de por vida. Muchos de las supervivientes fallecen sin ni siquiera haberse dado cuenta de lo que les está sucediendo. En ocasiones, un golpe es tan rápido y mortal que no hay posibilidad alguna de recuperación. No hay alarido más escalofriante que aquel que resuena eternamente en la nada de uno mismo al ser herido de muerte.

Ataque ciudadLas máquinas, antiguamente también denominados zombies por la capacidad de renacer de sus fracasos a costa de su humanidad, masacran al bando humano en la gran mayoría de las batallas. Los seres humanos innatamente gozan del suficiente amor a la vida como para resistir un par de compactas embestidas sin fisuras, pero a medida que sus más allegados son reprogramados y convertidos en simples maquinas biológicas, la fuerza de sus almas se desvanece y acaban pereciendo en el fragor de la batalla.

A la inenarrable tragedia de la conversión de ciudadanos en autómatas, se le une el hecho de las continuas infiltraciones en la ciudad de “Utopía”. Ocurre a menudo que las máquinas vuelven fingiendo seguir sintiendo emociones. Haciendo gala de la doble moral (no)humana son capaces de entrar en el baluarte humano sin que los guardianes humanos se percaten de su poca integridad moral. Una vez dentro, se aprovechan de los honestos seres humanos para alimentar sus egos y posteriormente, echarlos sin vida a la basura.

Ser humano zombieEn ocasiones, como ya se ha descrito, los mismos zombies han sido transformados sin haberse dado cuenta y vuelven a casa sin deseo consciente de hacer mal a sus seres queridos. Y es solo cuando instintivamente asesinan con determinación a sus personas más queridas cuando se dan cuenta que se han transformado en monstruos. Dejaron de pertenecer al género humano intentando superar viejas heridas de guerra. Ahora no son más que seres cualesquiera en un mundo podrido que ellos mismos contribuirán a empeorar.

Una de las claves para la supervivencia de “Utopía” es relacionarse con las personas que todavía poseen alma humana. Para asegurarse de que no interaccionan con máquinas infiltradas, los seres humanos se juntan con personas que no solo dicen poseer valores, sino que lo demuestran con sus hechos diariamente. Tiene su gracia que las maquinas biológicas se refieran a los “Utopianos” como “el pueblo ingenuo” o “el pueblo inocente”. Sus corruptas personalidades les impiden entender que una persona finaliza su existencia plena el día que pierde su inocencia e ingenuidad.

Mujer bodaPor cada victoria humana, las maquinas vencen 69. Por esa razón, los humanos celebran cada combate ganado con una intensa ceremonia donde se invitan a amigos y familia de los vencedores a ser espectadores del lazo invisible que se ha creado entre ellos. El rito llega a su punto álgido cuando hacen sonar la Marcha Nupcial.


La situación es catastrófica. No se vislumbra el final de la guerra y la comida escasea desde hace décadas. El 95% de los alimentos están contaminados con la primera enfermedad conocida por la humanidad: el pecado. De esta sustancia se alimentan las máquinas biológicas para obtener energía. Hacen sentir al pecador un súper hombre al ver saciada su voluntad de poder.

Diablo haciendo el amor

La guerra no ha llegado a su fin. La guerra acaba de empezar. Cuando el fin de nuestro mundo llama a la puerta, solo nos mueve una sola necesidad. Sobrevivir.

Mi nombre es Alejo Vazquez, soy un orgulloso superviviente de “Utopía” y combato para erradicar la mediocridad de nuestras vidas.

martes, 5 de abril de 2016

Ética. Parte 2: Definición y modos de comprender lo moral

Libro adela cortina

El libro en el que me he basado para la parte 2 y 3 de esta serie de entradas se titula “Ética”, de Adela Cortina y Emilio Martinez. Se trata de un libro escrito con propósito educativo y que encaja perfectamente como material básico para las siguientes publicaciones. He modificado parte del texto citado para que se entienda mejor y encaje mejor con la estructura de la entrada.

Ética

La ética es la rama de la filosofía que estudia la bondad o la maldad de los comportamientos. Tiene como centro de atención las acciones humanas y aquellos aspectos de las mismas que se relacionan con el bien, la virtud, el deber, la felicidad y la vida realizada.
Filosofamos para encontrar sentido a lo que somos y hacemos; y buscamos sentido para colmar nuestras ansias de libertad, dado que la falta de sentido la experimentamos como cierto tipo de esclavitud. Con el objetivo de encontrar dicho sentido a la vida, la ética se dedica a la reflexión sobre la moral. Pretende explicar los conceptos y los argumentos que permitan comprender la dimensión moral del ser humano.

Se debe distinguir entre los dos niveles lógicos que representan las doctrinas morales y las teorías éticas. Mientras las primeras tratan de sistematizar un conjunto concreto de principios, normas, preceptos y valores, las segundas constituyen un intento de dar razón del hecho de que los seres humanos se rigen por códigos morales. La pregunta básica de la moral sería entonces “¿qué debemos hacer?”, mientras que la cuestión central de la ética sería más bien “¿qué argumentos avalan y sostienen el código moral que estamos aceptando como guía de conducta?”
Una adecuada reflexión sobre la ética nos proporciona autonomía al ayudarnos a no adoptar involuntariamente como manera de actuar un código moral desacertado que nos impida ser felices. No pretendo afirmar categóricamente que sin haber meditado sobre la ética no se pueda ser una buena persona o tener un código moral excelente. Sostengo que regirnos por un código moral repleto de pensamientos que han ido incorporándose a nuestra mente fortuitamente no está a la altura de nuestras capacidades.

Moral

La ética reflexiona sobre la moral pero, ¿Qué es la moral? La moral se refiere a una dimensión de la vida humana: la dimensión moral. Es esa faceta compartida por todos que consiste en la necesidad inevitable de tomar decisiones y llevar a cabo acciones de las que tenemos que responder ante nosotros mismos y ante los demás. Necesidad que nos impulsa a buscar orientaciones en los valores, principios y preceptos que constituyen la moral.

Toda moral cristaliza en juicios morales (“esa conducta es buena”, “aquella es una persona honrada”, “ese reparto ha sido justo”, “no debes agredir al prójimo”, etc.) y hacen referencia a actos libres, responsables e imputables puesto que tenemos libertad de elección.
Ser conscientes de nuestra dimensión moral es un formidable primer paso ¿Pero cuál es la función u objetivo de la moralidad en nosotros? ¿Realmente nos ayuda a encontrar la felicidad? ¿De qué forma lo hace? ¿Nos suministra consejos sobre cómo ser felices o simplemente deberes para seguir los dictados de lo racional? Dependiendo del modo en que interiormente entendamos la moralidad, veremos la vida totalmente diferente.

La moralidad como la adquisición de las virtudes que conducen a la felicidad

Entre los filósofos de la antigua Grecia lo moral se concibe como búsqueda de la felicidad o vida buena. Ser moral era sinónimo de aplicar el intelecto a la tarea de descubrir y escoger en cada momento los medios más oportunos para alcanzar una vida plena. En este sentido, la base para conducirse moralmente es una correcta deliberación, es decir, un uso adecuado de la racionalidad, entendida aquí como racionalidad prudencial. Esta facultad nos permite discurrir sobre los medios y estrategias que conducen a ese fin al que todos tendemos inevitablemente: el fin de alcanzar el máximo de felicidad en el conjunto de nuestra vida. 
Sin embargo, ya entre los griegos hubo discrepancias sobre el modo de interpretar la felicidad. Por un lado, los hedonistas entienden la felicidad como placer, como satisfacción de los sentidos y ausencia de dolor. Por su parte, los eudaimonistas entienden que la felicidad no se identifica con el placer, aunque admiten que este es un elemento imprescindible de la felicidad como un todo, pero añade que lo esencial para ser feliz es realizar la actividad que es propia de cada tipo de seres, en nuestro caso según Aristóteles seria la autorrealización.

La actividad que nos hace más felices, es la de entender el mundo y maravillarnos de todo cuanto contiene. Las actividades que se refieren al pensamiento y al conocimiento serían las más propias del hombre: estudiar, reflexionar, averiguar las verdaderas respuestas a nuestras preguntas, satisfacer nuestra curiosidad, salir de dudas, etc. Lo que mueve al ser humano según Aristóteles es la búsqueda de la felicidad entendida como “autorrealización”. Esta autorrealización es entendida como afirmación de que el fin de la vida humana no es la obtención de placer, sino alcanzar otras metas que no siempre proporcionan una satisfacción sensible, y que sin embargo los humanos consideran como parte de su propia felicidad. 
Para los hedonistas, la razón moral no puede ser otra cosa que razón calculadora, puesto que se trata de calcular los placeres y dolores con el fin de obtener el mayor saldo posible de placer con el mínimo de dolor. Tanto hedonistas como eudaimonistas comparten el rasgo común que no interesa en este momento: entienden la moralidad como búsqueda de la felicidad y, consecuentemente, conciben la razón moral como una facultad que nos ayuda a encontrar los medios más adecuados para alcanzar un fin que ya está fijado de antemano por la naturaleza.
Es necesario reflexionar sobre lo que acabamos de leer. No se trata exclusivamente de emitir un juicio sobre que código moral nos parece preferible, sino de aceptar que lo expuesto anteriormente encaja perfectamente en nuestra sociedad. Hay personas que tiran mas para el hedonismo y personas que para el eudaimonismo. Por tanto, la primera consideración debe ser que es inevitable que entre personas con códigos morales diferentes surjan conflictos que se deben aprender a prever y entender.

La moralidad del carácter individual

Se trataría de una capacidad para enfrentar la vida sin “desmoralización”. Esta ética insiste en la formación del carácter individual, de tal modo que el desarrollo personal permita a cada cual enfrentar los retos de la vida con un estado de ánimo robusto y potente. Para ello es preciso tener claras las metas que uno desea alcanzar a lo largo de la vida y poseer un cierto grado de confianza en la propia capacidad para alcanzar dichas metas.

Dicho de otro modo: para estar “en buena forma moral” es imprescindible contar con algún proyecto vital de autorrealización y con una buena dosis de autoestima. En este sentido, ésta es una ética que no solo valora el altruismo como valor moral, sino también la necesaria atención a esa razonable confianza en uno mismo y en el valor de los propios proyectos que resulta imprescindible para llevarlos adelante con altura humana. La moral no es solo un saber, ni un deber, es una disposición de la persona entera que abarca lo cognitivo y lo emotivo, las creencias y los sentimientos, la razón y la pasión, en definitiva, una disposición de ánimo que surge del carácter que se haya forjado previamente.
Este modo de ver la moral no cree que sea un simple instrumento para ser feliz, sino que la ve como parte integrante de uno mismo. Ve la moral como un fragmento importante de nuestra personalidad que se debe hacer evolucionar y fortalecer con la intención de que a medida que se cumplen años, se sea capaz de vivir de mejor manera por la solidez y sabiduría que ha obtenido tu alma y por la autoestima conquistada por haber hecho las cosas con la mejor voluntad posible durante tu vida.

 Lo moral como cumplimiento de deberes hacia lo que es fin en sí mismo.

Se trata de aquellos sistemas éticos que colocan la noción de “deber” en un lugar central de su discurso, relegando a un segundo plano la cuestión de la felicidad. Ya en la antigüedad, los estoicos situaron el concepto de “ley natural” como centro de la experiencia moral; entendían que la moralidad consiste básicamente en un ajustamiento de la propia intención y de la propia conducta a los dictados universales de la razón.

Frente a las concepciones anteriores, la moralidad del deber explica que, efectivamente, los hombres tienden por naturaleza a la felicidad, pero que ésta es una dimensión en la que se asemejan a los restantes seres naturales: la felicidad es un fin natural, no puesto por el hombre. Sin embargo, una adecuada explicación del fenómeno de la moralidad, a juicio de Kant, tendría que superar ese “naturalismo”, porque es necesario justificar de algún modo el hecho de que nuestra búsqueda individual de la felicidad encuentra siempre un límite en el respeto que nuestra razón nos obliga a practicar con cualquier ser humano, incluso con uno mismo. Es preciso explicar por qué los preceptos morales que orientan nuestras vidas no autorizan a dañar a los seres humanos aun cuando estuviéramos seguros de que tales daños nos acarrearían una mayor felicidad.

La respuesta la encuentra Kant en que la existencia misma de la moralidad permite suponer que los humanos somos seres que estamos situados más allá de la ley del precio. El ámbito moral es aquí el de la realización de la autonomía humana, la realización de la humanidad. La grandeza del hombre no consiste en ser capaz de vida moral, es decir, en ser capaz de conducirse de tal modo que uno se haga digno de ser feliz, aunque no llegue a serlo en esta vida; porque el sentido de la existencia humana ya no sería el de alcanzar la felicidad, sino el de la conservación y promoción de lo absolutamente valioso: la vida de todas y cada una de las personas.
Existe una diferencia entre Kant y las teorías éticas predecesoras. Mientras que la mayoría de teorías éticas intentan describir la realidad de la época, Kant se eleva sobre su sociedad y basándose en la naturaleza humana intenta dar razón al hecho de la moralidad. Sin embargo, solamente hay que echar un vistazo ahí fuera para darse cuenta que la sociedad en la que vivimos está muy lejos todavía de parecerse a la vida moral que él detalla.

¿Deslegitima lo anterior su pensamiento? Desde luego que no. Es conveniente distinguir entre dos tipos de juicios morales según el contenido: los que se refieren a lo justo y los que tratan sobre lo bueno. Los primeros presentan un aspecto de exigibilidad, de auto obligación, de prescriptividad universal, etc., mientras que los segundos nos muestran una modesta aconsejabilidad en referencia al conjunto de la vida humana. Kant argumenta sobre los primeros, es decir, sobre cómo deberían de regirse las personas en un mundo ético.

Reflexión personal

En las relaciones personales siempre me he gobernado con un estricto sentido de la justicia. A lo largo de mi vida he aprendido a ser una persona tranquila y aun así, sigo sin poder controlarme apropiadamente cuando alguien hace o dice algo que me parece injusto, contra mi o contra otros. Siempre he exigido que se me trate como me merezco, ni mejor ni peor. Y lo he hecho porque entiendo que las personas no son meteoritos que accidentalmente pueden caer en tu cabeza, sino que son seres con voluntad y que deciden libremente sus actos.

Lo que he aprendido de analizar los diferentes modos de comprender lo moral es que efectivamente, independientemente de lo ético o no ético de los códigos morales por las que se mueven las personas, todo ser humano tiene un código moral distinto, y que por tanto, no se trata tanto de esforzarse en entender totalmente a todas las personas del mundo, porque jamás entenderé a un padre que no mira por el bien de sus hijos o a una persona infiel; sino en esforzarse en entender que no todos nos regimos por los mismos códigos morales y que no se puede luchar contra eso. Exigir a otra persona que sea ético es a día de hoy infantil e inocente. Uno debe aprender a dar todo lo que tiene dentro sin esperar de manera sincera nada a cambio. De lo contrario, ese sentimiento de injusticia del cual os acabo de hablar, aflorará y os consumirá por dentro a fuego lento.

Hace ya 15 años, en la época del MSN Messenger, en mi estado figuraba la siguiente palabra: “eudaimonia”. Y es que yo siempre he tenido claro como quería ser de mayor. No demonizaré a los hedonistas. El placer y la ausencia de dolor son totalmente necesarios en nuestra vida para conseguir la felicidad. Sin embargo, según mi modo de ver la vida, no debería tener la prioridad sobre todo lo demás. El placer es necesario para la felicidad, pero es una cosa más de las necesarias para serlo. No la única o la más importante.

Yo entiendo que cuanto mejor persona me haga y más lejos llegue en la vida en sus diferentes ámbitos (un trabajo que me llene, formar una familia feliz, etc.), más placer voy a poder obtener. Además, aunque utilizando de manera eficaz la razón calculadora no debería suceder, los hedonistas suelen tender a tomar decisiones cortoplacistas y a equivocarse en el cálculo de las consecuencias futuras de obtener ciertos placeres. Un ejemplo fácil puede ser el consumo de cualquier tipo de droga.

Comparto la opinión de Kant al 100%. También veo la moral como herramienta para conseguir una autonomía humana. Cuanto más moral seamos capaces de actuar, más libres acabaremos siendo, pues habremos obtenido la fuerza y voluntad suficiente como para ser capaces de actuar siempre bajo el amparo de nuestros propios pensamientos y no impulsados por los instintos del ser humano. Eres tú mismo más que nunca.

Es evidente, a día de hoy las personas no tienen esa autonomía sobre sus acciones que las ayude a elegir la opción moral a la inmoral. Es decir, a decir la verdad sobre la mentira. A elegir ser sinceros a mentirosos. Y en definitiva, a ver al otro como un fin en sí mismo y digno de nuestro total respeto y afecto per se; y no como herramienta, objeto o simple animal para usar para alcanzar nuestros objetivos personales.

Por eso, como eudaimonista, creo que se debe aplicar diariamente una dosis de racionalidad prudencial. El ser humano es sentimiento, pero no todos los sentimientos son deseables y por ello se deben tratar de gestionar con el intelecto. No se trata de llevar una vida controlada puesto que la vida no se puede controlar y encima, resultaría muy aburrida para mi gusto. Se trata de que si realmente queremos alcanzar el máximo de felicidad en el conjunto de nuestra vida y no en momentos concretos, actuemos como seres autónomos que no estén obligados por su impulsiva naturaleza a regirnos únicamente por nuestros instintos animales.

Creo intensamente que una vez satisfechas las necesidades básicas de todo ser humano, cada persona debe auto realizarse de forma totalmente personal para alcanzar su propia felicidad. Todos nacemos distintos, y por ende, todos tenemos que recorrer caminos distintos para conseguir la felicidad. Y solo conociéndote a ti mismo y esforzándote activamente por mejorar se puede llegar a ella en todo su esplendor. Al tratarse de un camino personal, las personas que quieren a amigos o novios como ayuda o soporte para conseguir otras metas, están condenadas a toparse en un callejón sin salida a mitad de camino.

Cada uno es libre de buscar la felicidad donde le venga en gana. Pero el límite de lo que uno libremente puede hacer lo marcan las demás personas. Las personas son seres con dignidad y en ningún caso se les debe tratar como simple mercancía. Por mucho que ansíes una determinada sensación no se debe conseguir a cualquier precio. Puesto que cuando intervienen otros seres humanos en tus decisiones, no hay bien que justifique la acción inmoral. El ser humano no tiene precio, tiene dignidad.

En la siguiente entrada, una vez introducido algunos conceptos básicos de la ética, repasaré las teorías éticas de los principales filósofos de cada época poniendo especial énfasis en los filósofos más modernos. Mi intención para la próxima entrada es la de profundizar en pensamientos que nos ayuden a entender los pilares éticos sobre los que se ha apoyado la sociedad moderna.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Ética. Parte 1: Introducción

Diccionario palabra etica

Con esta entrega doy fin a un ciclo de entradas de carácter personal y subjetivo. Quiero dar por terminado dicho capitulo y enfocarme nuevamente en textos que nos puedan enseñar conocimientos que se puedan aplicar en nuestras vidas diarias. Este primer post servirá como introducción a la temática elegida para las próximas entregas.

Las personas son diferentes entre ellas pero no por ello dejan de ser personas. En mi afán de intentar conocerlas me presento, quedo con ellas para hablar, me hago sentir cercano, les formulo mil preguntas discretas e indiscretas, me intereso por su trabajo o estudios, las miro fijamente a los ojos y al poco tiempo, pruebo a intuir como verdaderamente son y como han sido sus vidas para poder profundizar nuestra relación y crear un agradable sentimiento bilateral de química entre nosotros.

Conocer a una persona es alcanzable si durante tu vida te has interesado por el mundo que te rodea y por quienes lo habitan. Su personalidad, manera de pensar, modo cotidiano de actuar, motivaciones, miedos, ideales, código moral, etc. Con frecuencia, con pocos datos que alguien me cuente sobre una persona ajena, soy capaz de construir en mi cabeza una excelente representación de esa persona.

Sin embargo, es tarea mucho más complicada entender porque los seres humanos hacen determinadas acciones puntuales que en un momento determinado te sorprenden positivamente o decepcionan. ¿Acaso te sorprenden porque no las conocías tan bien como pensabas? Posiblemente sea cierto pero indudablemente, sé que la respuesta es mucho más intrincada. Te sorprenden y decepcionan porque todos funcionamos con una determinada concepción moral. Con ella juzgamos lo que hacen los demás y lo que hacemos nosotros mismos, por ella nos sentimos a veces orgullosos de nuestro comportamiento y otras veces pesarosos y culpables.

Como si de una revelación mística se tratase, nada más finiquitar mi última entrada la siguiente palabra resonó en mi mente con contundencia. Ética. ¿Podría una disciplina como la ética ayudarme a entender mejor al ser humano? ¿Podría la ética limar heridas que yo a mí mismo y otros me han causado? No resultará tarea fácil porque sabemos que en filosofía con frecuencia hay más preguntas que respuestas pero creo que merece la pena darle una oportunidad. Al fin y al cabo dicen que la ética es el arte de vivir, de saber vivir bien. Por tanto, si las personas se mueven por felicidad, y la felicidad te la da vivir bien, la ética nos debería ayudar a comprender mejor porque se mueven las personas. ¿No? Las siguientes entradas tratarán de dilucidar qué hay de cierto en la anterior afirmación.

La gente ansia la felicidad pero fracasan en su busca y sufren. Y lo hacen mayoritariamente por decisiones que han podido tomar en su vida. Indudablemente este tipo de decisiones erróneas si son causa de sufrimiento interno tienen que estar ligadas de una u otra manera a la ética y a las consecuencias que tienen sobre sus consciencias dichas decisiones. Necesito comprender un poco mejor porque las personas toman decisiones que las hacen infelices. Solamente escribirlo suena absurdo.

Con esta serie de entregas procuro aprender una infinitud de puntos de vista y pensamientos diferentes. No obstante, mentiría si no dijese que sí tengo dos cuestiones en la cabeza sobre las que deseo reflexionar con más detenimiento. Por una parte, examino consejos o pistas que personalmente me puedan ayudar para obtener una vida buena. Por otra, busco comprender en que se basan las demás personas para tomar decisiones.

Responder a la primera cuestión es simplemente un deseo personal con la básica intención de evolucionar. Responder a la segunda es una obligada necesidad para tranquilizar mi atormentada mente. Necesito comprender porque las personas toman decisiones que las hacen sufrir, y sobre todo, porque toman conscientemente decisiones que a priori saben que harán sufrir a un segundo o tercero. Y nótese que me estoy refiriendo también de hacer sufrir a personas a las que no se conoce personalmente. Mi cabeza enloquece cuando las personas sabiendo perfectamente del daño que van a causar a otras personas por una inmoral acción suya, no solo no se echan atrás, sino que la realizan con total determinación.

Entre los sentimientos negativos que nos causan las decisiones inmorales de los demás, los peores no son la tristeza, odio, enojo, rabia, etc. El peor sentimiento es la decepción de quien quiere tener fe en la humanidad y en unos meditados ideales y ve como un conocido o desconocido obra conscientemente a sabiendas del mal que está haciendo a cualquier otra persona. La tristeza se puede combatir con felicidad. El enfado con alegría. El odio con amor. ¿Y la decepción? ¿Cómo se combate la decepción? ¿Con ilusión? Nah, la desilusión y la decepción no son lo mismo. Mi ilusión en la vida sigue intacta. Mi decepción tiene difícil cura o remedio.

Por tanto, la elección de este temática no es casual. Tiene el mismo sentido que todas las demás entradas de tipo filosófico que he realizado. No se leen o estudian filósofos para ser más culto o guay entre tus amigos, sino para expandir las ideas y pensamientos más allá de la irremediable cárcel del cuerpo, que te limita solamente a estar en un lugar físico y en un solo momento a la vez, y así no hay persona que disponga de tiempo y tranquilidad suficiente como para alcanzar un mínimo de sabiduría en esta vida.

viernes, 18 de marzo de 2016

Desaprender

Ojo sufrimiento

Curiosamente el pasado viernes por la mañana me operaron ambos ojos. Lo hicieron con láser en una operación que tardó 5 minutos de reloj. Esa misma noche ya estaba con mis nuevos ojos echando unos dardos con un amigo mientras bebíamos un par de gin-tonics ¿y sabéis? Le gané, siendo él un muy buen jugador de dardos. Mis nuevos ojos ya estaban al 100%.

Estoy en pleno cambio de etapa en mi vida. Sé con certeza que mi mejor baza para sobrevivir es evolucionar constantemente para poder afrontar los siguientes desafíos con entereza, cierta seguridad e ilusión. He comenzado la entrada diciendo curiosamente porque últimamente dedico bastante tiempo a pensar en la idea de querer ver la vida con nuevos ojos. Creo haber exprimido casi todo el jugo al mundo con mi anterior manera de verla. Necesito nuevos puntos de vista.

No busco ver con nuevos ojos solamente el presente y el futuro, sino también el pasado. Intuyo que para conseguirlo es un requisito imprescindible desaprender. Las experiencias vividas hasta ahora las tenemos demasiado presentes en nuestras vidas por las cicatrices sentimentales que nos han dejado en el corazón. No olvidemos que de forma natural, cada recuerdo que guardamos está ligado a ciertas emociones y que por tanto, si no hacemos un esfuerzo activo por deshacernos de esta característica humana, solo seremos capaces de ver “el video” de nuestros recuerdos con los ojos de entonces.

Mi intención es percibir todos los actos de mi vida, no pintados con los sentimientos positivos o negativos que dejaron imprenta en mí, sino con mis ojos nuevos. Para esto deben ser unos ojos dispuestos a ver más allá de lo inmediato y físico, y poder atravesar las dimensiones del tiempo o espacio para poder escanear con los ojos de ahora, el alma machacada de las personas de entonces. El pasado no debe ser un baúl de recuerdos encerrados en pesadísimos cofres que debemos llevar a rastras, sino una biblioteca digital de la cual poder aprender a ser mejor persona y comprender mejor al ser humano.

Veo también necesario desaprender mi concepción de futuro. Al igual que nuestras personalidades no tienen que ser simples consecuencias sentimentales de nuestro pasado, nuestro potencial futuro no tiene que ser la razón única de nuestros actos. Mis nuevos ojos deberían ver la realidad como un flujo de almas navegando en el flujo del tiempo. Ver cada día de mi vida como un día único. Únicamente te cruzaras con una persona en un momento dado una vez en la vida. Si tú quedas con Paco hoy y quedas con Paco la semana próxima. Habrán sido dos momentos únicos en tu vida, suena raro, ¿verdad? La vida siempre va adelante y nuestro yo físico así lo acusa. Pero no nos olvidemos que nosotros, como almas conscientes, vivimos en un eterno presente. Un presente siempre irrepetible.

Pero sin duda alguna, lo más importante debería ser desaprender mi presente cada vez que me acuesto. Mis ojos nuevos deberían ser capaces de comprender el sin sentido de una estricta linealidad en la vida. Cada cosa que sucede en la vida no es consecuencia de lo que hice ayer. Ayer pude conocer a una persona de Berlín y mañana me puedo ir a vivir a Berlín con ella pero a pesar de que el sentido común diga lo contrario, no existe correlación entre ambas. Yo un día elegí conocer a una persona y otro día elegí ir a Berlín. Cada día comienza una nueva vida y tomamos miles de decisiones que normalmente obviamos en son de una vida cómoda. Preferimos elegir que cada día sea igual que el anterior infinitamente. Así todo es más fácil. Pero de quererlo, en un solo día podemos cambiar nuestra vida y la de quienes queremos. Cada día, cada hora que vivimos, tiene un enorme potencial constructor.

Quiero desaprender conceptos modernos que la sociedad ha puesto en boga como empatía, tolerancia, respeto, ciudadanía, etc. Implícitamente implican que existen diferencias entre seres humanos. Diferencias que se tienen que ocultar o minimizar para poder convivir y sobrevivir juntos en la jungla. No quiero volver a ver de manera tan física el universo. Reconozco que mi última frase suena infantil pero sabéis, últimamente solo soy capaz de ver sufrimiento en las personas y me estoy refiriendo mayoritariamente a personas jóvenes. Os aseguro que esto se hace muy difícil de sobrellevar. Obviamente el sufrimiento psicológico ha nacido de las miles de conexiones de células de nuestro cuerpo como resultado de una estrategia sublime de la evolución para sobrevivir pero pese a quien le pese, a día de hoy lo ha trascendido. El ser humano ha dejado de ser un ser puramente físico para convertirse en un ser que experimenta la vida de forma psicológica.

El objetivo de desaprender es poder hablar de tú a tú con las almas de todas las personas del planeta. Mis nuevos ojos deben ser capaces de traspasar la piel de las personas, de leer cada estudiado gesto que realizan y de percibir sus problemas coyunturales y estructurales. Deben ser capaces de desnudar a las personas en un segundo, hacer desaparecer de nuestra interacción toda mentira consciente o inconsciente sobre las que hemos madurado nuestra personalidad y desenmascarar los disfraces que nos ponemos para sentirnos seguros en el mundo. Todos somos la misma mierda, metida en la misma mierda de mundo, que hemos crecido comiendo mierda todos los días y que finalmente, nos hemos convertido en pura mierda. Y aun así, tras cada desafío o etapa que hayamos encarado, sin importar si hemos fracasado o tenido éxito, debemos intentar salir adelante con el corazón más grande y con más amor que nunca.

Quiero disfrutar con cada persona que hablo sin importar quién es o que ha hecho hasta entonces. Quiero pasear por mi ciudad cada día y ver siempre nuevos detalles. Quiero convertirme en la mejor persona posible para sentirme bien conmigo mismo y tener la suficiente fuerza como para perdonarme cada uno de mis errores. Quiero ser la prueba viviente de que se puede ser bueno respetándose a uno mismo y a sus creencias sin vivir una vida triste y aburrida. Quiero ser la prueba de que se pueden superar los obstáculos de la vida sin amargarse. Quiero poder hacer sentir a los demás felices en mi compañía y hacerles recapacitar con mis hechos y no con mis palabras; sobre lo maravillosa, inocente y moral que puede ser la vida. Quiero querer al prójimo como a mí mismo, no por conveniencia social o religión, sino por solicitud de mi corazón.

Quiero seguir siendo un buen amigo, un buen novio, un buen hijo y un buen hermano. Quiero ser una buena persona. Y para conseguirlo, necesito unos nuevos ojos con los que ver la vida.

martes, 15 de marzo de 2016

Realidad interior y exterior

Navegar en barco

Esta entrada surge de un discursillo que le hice a un amigo que no era feliz tiempo atrás. Tenía una personalidad trabajada y actuaba conforme a sus creencias y pensamientos pero no tenía la fuerza suficiente como para posicionarse en un mundo que va completamente a su bola y al que hay que subirse forzosamente en marcha.

La vida que cada uno de nosotros experimentamos está compuesta de al menos dos realidades distintas. Por un lado, existimos nosotros como realidad individual; nos asaltan pensamientos, sentimientos e instintos, nos desarrollamos física y psicológicamente y acabamos muriendo. Por otro lado, existe la realidad exterior; el contexto social-cultural-económico de nuestra época, las demás personas con las que coincidimos en tiempo y espacio, hechos ajenos que nos afectan directamente, etc. Nosotros acabamos desapareciendo del mapa pero el universo persiste eternamente.

Dependiendo de factores como la educación recibida, la sociedad, cultura imperante y los genes de cada uno, existen personas que están más predispuestas a forjarse interiormente y desatender el mundo exterior. Y personas que han dedicado más parte de su tiempo a aprender a sobrevivir en este mundo salvaje y que infravalora su mundo personal.

Ambas situaciones son incomodas puesto que la vida es como un combate de boxeo. En el que las los realidades representan las dos mejillas. Dependiendo de por cual realidad provenga el golpe, estarás totalmente indefenso si no estabas preparado para encajarlo. Y cuanto más extremo seas en tu decisión de elegir una u otra realidad, los porrazos que te llevarás serán más dolorosos y la herida en tu vida más profunda.

En mi opinión, como no podía ser de otra manera, primero uno se debe forjar a sí mismo. Cada uno nacemos tendiendo naturalmente a ser fuertes y débiles en ciertos aspectos e independientemente de todo lo demás, si no conseguimos esculpirnos seremos carne fácil para todos esos pensamientos y sentimientos inesperados que nos asaltan diariamente y difícilmente podremos aceptar y superar los fracasos. Tampoco tendremos la suficiente fortaleza para entender los golpes del mundo exterior y tolerar lo puñetera que a veces es la vida.

No obstante, mucha gente confunde tener una personalidad, gustos e ideales fuertemente razonados y trabajados con pretender no necesitar o despreciar todo lo que viene de fuera. Costumbres, tradiciones, personalidades y pensamientos comunes de las personas de la época. Lo que ocurre al querer vivir la vida completamente ajena a la realidad exterior es que jamás te vas a sentir comprendido y vivirás en la soledad más absoluta. Nosotros, como realidades individuales pensantes, existimos en todo momento pero para vivir, tendremos que colocarnos y posicionarnos en el mundo. Sino existirás solamente en el limbo presente entre ambas realidades.

De la misma manera, la gente enfocada a adaptarse a toda costa a la realidad exterior, confunde ser una persona social y realista con pretender ser el amo del mundo sin ser antes amos de sí mismos. Estas personas confunden ambas realidades continuamente y como causa directa, cuando cumplen años se deprimen al no aceptar que el mundo exterior no es su mundo natural. El alma se mantiene intacta pero la piel envejece. Se obsesionan con ser reconocidos en el mundo para sentirse vivos y responsabilizan al mundo exterior de todos sus fracasos y penas cuando realmente lo que les lleva a su actual situación son siempre sus continúas decisiones.

Normalmente cuando termino de escribir este tipo de entradas echo un ojo en internet para saber que ha escrito la gente sobre el tema. Y joder, vaya basura. Entre lo que escribe la gente solamente para vender sus servicios empresariales y los que se hacen 3000 paranoyas en la cabeza, creo que no voy a añadir o cambiar una sola palabra de lo que había escrito.

El mundo exterior no lo construimos nosotros, ni elegimos lo que nos sucede, ni tenemos completamente las riendas de nuestra vida como se escribe por ahí. Pero tenemos la ilusionante posibilidad de afrontarlo. Podemos aprender a controlar nuestros sentimientos para defendemos mejor y obtener fuerzas de nuestro ser interior. Y aunque el barco que pilotamos es pesado, disponemos de un timón para que a medida que se presentan obstáculos o estamos en peligro de encallarnos, lo podamos usar con contundencia.

Seguramente la clave está en convertirse en una persona internamente fuerte sin esperarse que el mundo exterior te reconozca como tal. Uno no debe querer ser lo suficientemente poderoso para dominar a los demás y ser jefe absoluto del mundo. Sino para no desistir en tu empeño de encontrar tu lugar en él. La realidad de la época siempre es mejorable pero debemos comprender que está en constante evolución y que todos contribuimos en ella.

Os dejo dos frases que me gustan mucho.

No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos. - Albert Einstein
El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en ver nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos. - Marcel Proust

martes, 8 de marzo de 2016

Una de perdón, fuerza y sacrificio

Energia roja

La vida es misteriosa. Las sorpresas se suceden y mediante un científico estudio de ensayo y error concluimos que nada tiene sentido. Hay demasiados elementos a tener en cuenta y aunque separadamente se puedan verificar algunas hipótesis, cuando tratamos de ir un poco más allá todo deja de tener sentido. Existen demasiadas desgracias y malentendidos que se escapan a nuestro intelecto y si le añadimos el hecho de que con el tiempo vamos cargando con más desilusiones y fracasos, se vuelve prácticamente imposible sacar las fuerzas necesarias para caminar erguidos.

Esta relato esta basado en mis últimos dos años. Creía tener todo bajo control y luchar por un futuro. Pero el control en la vida es sabido que no existe y el futuro que tenemos en mente nunca ha existido ni existirá. A pesar de nuestra firme voluntad de ser optimistas y felices, el futuro no se puede proyectar desde el presente. No funciona así.

Si bien es cierto que nunca me ha ido especialmente mal en la vida, también lo es que jamás he tenido la fuerza suficiente como para moldearla a mi voluntad. No alcanzaba mis metas con claridad y no conseguía hacer tan felices a los que quería como yo deseaba. Es en ese momento cuando hace año y medio se presentó en mi habitación un peligroso invitado. Se trataba de una fuerza incontestable que penetró con tanta intensidad en mi interior que hizo hervir mi sangre. Solamente me puso una condición. Debía pedir perdón a los que he hecho sentir mal durante mi vida, reconocer mis continuos errores y como si del dios del antiguo testamento se tratara, ofrecerle como moneda de cambio continuos sacrificios.

Acepté la chiflada propuesta y dejé que aquella enigmática y sobrenatural fuerza me poseyera. Y de esta manera pasó año y medio. Aquella fuerza me llevo al siguiente nivel. Estaba alcanzando la excelencia. Me ayudaba a hacer lo que debía hacer. Cuando y como debía. Continuamente sacrificando todo cuanto me pedía. Empecé por lo fácil. Le ofrecí mis amistades tóxicas, cargas innecesarias, sentimientos superficiales y pensamientos que en nada ayudaban a conseguir mis objetivos.

Y llegó diciembre de 2015. No tenía absolutamente nada más que ofrecer a la fuerza como tributo. Había desnudado mi alma con la intención de ser tan liviano como una hormiga y ágil como una liebre. Estaba a un solo paso del summum y no podía imaginar lo que aquel ente tenía preparado para mí. A mí alrededor estaban empezando a sonar los tambores y los fuegos artificiales ya eran visibles de todas partes. Mi cuerpo comenzaba a desprender el aura del triunfo, de quien por primera vez se siente bien consigo mismo. Quienes me rodeaban me felicitaban intuitivamente. La fiesta estaba a punto de comenzar. Había tardado 26 años en poder sentirme orgulloso de mi mismo.

Sin embargo, aquella fuerza que a consta de mi sacrificios se mantenía inalterable, me tenía aun una jugada guardada. Para purificar completamente mi ánima debía de someterme a un vía crucis de tres meses. Como si se tratara de una pesadilla, la persona que daba sentido a mi vida agarró un cuchillo de cocina y de forma endiabladamente lenta, lo hizo entrar en mi cuerpo hasta 3000 veces retorciéndolo y destrozando mis tripas sin la más mínima consideración. Aprovechando el asombro que me causó tal traición y sin dejar de fijarse en mi mirada incrédula, me quito los ojos con una cuchara, me cortó la lengua con unas tijeras y me ató con cuerdas a la cama. Yo sin poder dar crédito, asistí atónito a mi propia lapidación. No pude mover un dedo para defenderme. La misteriosa fuerza dio por concluido nuestro contrato de trabajo y se largó.

No entendía nada, cerré los ojos y supe que había muerto.

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Encefalograma plano.

Todo había acabado. ¿Qué cojones ha sucedido durante este año y medio? ¿Ha sido todo un sueño? ¿Qué clase de brujería me había desmembrado como si de un juguete en manos de un bebe me tratara? En estas circunstancias me encontraba mientras el mundo no paraba de halagarme por mis impresionantes logros obtenidos. No solo había cumplido mis metas, había doblado mis altas expectativas y mi “futuro” tenia más fuerza que nunca. Había pasado de ser una persona cualquiera más a ser el único en alcanzar la cima de la montaña. No obstante, ¿Imagináis un futuro sin un presente? Yo tampoco.

Sin ni siquiera haber podido saborear mi éxito y arrepentido de haber aceptado las duras condiciones de la desaparecida fuerza. Sin apenas haber tenido tiempo de asimilar y comparar todo lo sacrificado con todo lo ganado a pulso, se empezaron a suceder otra ráfaga de hechos inexplicables. Los resultados de dichos sacrificios llegaron uno tras otro. Día tras día me llegaban buenísimas noticias de todas partes. Yo seguía sin poder asimilar nada de lo que me estaba sucediendo. Mi vida se había convertido en una locura. ¿Realmente me merecía tanto reconocimiento de mí alrededor?

Cuando pasaron unos días, entendí que la vida y yo teníamos cuentas pendientes desde hace mucho tiempo pero que debía ser yo quien primeramente le suplicara el perdón por mis acciones pasadas. Una vez me perdonó, fue ella quien hizo lo propio conmigo. Por mi parte, disculpas aceptadas. Como recompensa a nuestra reconciliación, la primera noche de vuelta en Donostia tras año y medio, conocí a una chica maravillosa. Tiene 35 años pero a mis ojos no alcanza los 20. A pesar de haber conseguido casi todo en la vida no ha perdido su inocencia. Ha conseguido desarrollar una excelente personalidad a pesar de las putadas de la vida y vive haciendo caso a sus sentimientos y corazón. 

No miréis al dedo que señala a la luna. Lo que ocurrió esa noche o a posteriori no importa en absoluto. Lo importante es el significado de todo lo ocurrido. Me encantaría acabar con una conclusión, resumen, una frase impactante... pero es imposible. Ha sido todo tan surrealista que no he sido capaz de apreciar en ningún momento una mínima relación acción-consecuencia. No sé por qué, cómo, cuándo, qué… No sé nada. 

Un tsunami llegaba para amenazar mi existencia y destruir mi mundo pero inexplicablemente saqué fuerzas para situarme en la cresta de la gigantesca ola y me está transportando a mundos que jamás imaginé. Ahora quiero fluir con el mundo. No dejar pasar ni una sola oportunidad que se me presente, no buscar explicaciones a lo inexplicable, aceptar la surrealidad de la vida y vivir sin pasado, presente, ni futuro.

La vida es misteriosa.

viernes, 4 de marzo de 2016

Vida interior

Mujer con jubilo

Nuestras vidas dependen mayoritariamente de nosotros pero también es afectada por multitud de diferentes factores externos positivos y negativos. Algunos impactos negativos pueden ser realmente anecdóticos pero otros pueden resultar ser grandes meteoritos que golpean, y en ocasiones, arrasan por completo la concepción del mundo con la que vivíamos hasta entonces.

La forma en la que reaccionan los seres humanos ante la destrucción de sus planetas internos es variante al depender de millones de factores. Pero a la vez todos se pueden resumir en uno, resultado de lo que ha sido su vida: Su personalidad.

Después de saber encajar la dura arremetida, para sobrevivir a la inminente extinción de todo signo de vida interior, se debe repoblar el mundo comenzando con lo más básico. Un nuevo mar y animales que le den sentido. Es decisión propia de cada persona elegir si rellenar el mar de vacíos y simples pececitos, de energéticas pero violentas pirañas o de inteligentes y bellos delfines.

Rellenar el mar de pececitos es muy fácil porque apenas pesan y en poco tiempo puedes tener un simple pero perfecto ecosistema funcionando. Las pirañas exigen algo más de tiempo pero la recompensa que se obtiene es un océano con muchísima vida y ciertamente con ganas de vivir. Si bien no podrás vivir en tranquilidad, puesto que a pesar de que las pirañas te quieren, combatirán por arrancarte el cuello cada vez que tengan ocasión. Por último, los delfines llenaran tu mar de sentimientos interior de una espectacular belleza y grandeza, pero por desgracia, son realmente pesados y se necesita de gran voluntad y una espectacular fuerza para arrastrarlos al mar.

Por último, se requiere de un abono o alimento para que los animales crezcan fuertes y den estabilidad al mar. El mejor nutriente que se les puede ofrecer es la paz. Y como dicho mar existe solo en tu interior, dicha sensación debe proceder del sentimiento de paz te da saber que siempre te has esforzado para que el anterior mundo fuera el mejor de los posibles y de asimilar que no se podía haber hecho nada por prever la llegada del meteorito y detener su colisión.

Con la correcta elección de animales, rápidamente tu mar interior colmará a cada vena de tu corazón y a la red de neuronas de tu cuerpo de una cantidad de felicidad jamás sentida. Con total seguridad, gracias a tu anterior experiencia con el devastado planeta, concebirás un mundo mucho más completo, resistente y bello que el anterior.

A fin de cuentas, el caudal de la felicidad nace en el interior de cada persona y aunque los impactos externos puedan revolver sus aguas, si uno se mantiene versando agua cristalina y pura sobre la montaña, no existe ninguna amenaza posible que pueda impedir que seas feliz en cada día de tu vida. Ni siquiera en el peor de ellos.

:)

La maldición del conocimiento

Rosa sucia

Me encontré por primera vez con este concepto en una asignatura de diseño de videojuegos. ¿Cómo es posible dar a un videojuego un nivel de dificultad adecuado a los jugadores si nosotros ya somos expertos de nuestro propio juego? ¿Cómo es posible saber que dificultad experimentará el jugador si su nivel de conocimiento y destreza es en todos los casos muchísimo menor a la nuestra? Lo que nosotros consideramos que debería ser fácil para él, puede parecerle difícil y viceversa.

Instantáneamente mi mente conecto el concepto con otros ámbitos de la vida y enseguida supe que tenía que desarrollar este pensamiento en mi mente. Traduciendo directamente de la Wikipedia inglesa: la maldición del conocimiento es un sesgo cognitivo que lleva a las partes mejor informadas a encontrar extremadamente difícil pensar sobre problemas desde la perspectiva de partes menos informadas.

Leído así no parece una afirmación compleja pero vayamos más allá de lo inmediato e aparente. Esta entrada pretende dar un marco a la humanidad para la compresión y el respeto, la amistad y la felicidad en nuestra sociedad. Debemos dejar de actuar con soberbia y de ansiar las sensaciones que nos provee creernos mejores que los demás. Más inteligentes, más simpáticos, más guapos, más altos. Nuestras vidas son el resultado de millones y millones de circunstancias que se han ido sucediendo desde antes de nacer y ser fecundados, hasta morir y desaparecer de este planeta.

No todo el mundo ha tenido la suerte de nacer con cualidades innatas como tú para realizar una serie de tareas excelentemente de forma natural. No todo el mundo tiene el don de la sociabilidad como tú y eso no quiere decir que la otra persona no se trate de una persona que valga la pena conocer. No todo el mundo ha nacido con un bonito rostro como tú y tiene el dinero suficiente como para cuidárselo según pasan los años.

No puedes menospreciar a una persona porque sus opiniones objetivamente sean menos inteligentes o sus acciones más absurdas. Debéis entender que se trata de un acto sin ningún tipo de sentido y recompensa duradera y que en su lugar, se debe tratar de entender su punto de vista, su personalidad y su historia de vida. Es natural y lógico que haya personas más capacitadas que otras en cada una de las áreas de la vida pero no debemos desear que esta jungla en la que vivimos, nos convierta en animales. Debemos de estar por encima de esta patética necesidad de juzgarnos mejores para sentirnos mejor. De tener siempre razón y enfadarte si la otra persona no te la da. Aunque sepas al 110% que la tienes.

No puedes despreciar a una persona porque tenga menos cultura que tú. Seguramente no ha podido viajar y tenido la oportunidad de vivir las mismas experiencias que tú. La total absurdez de esta acción solo refleja tu total postureo a la hora de viajar e asistir a actos culturales. Muestras a los demás que no asimilas absolutamente nada de dichos actos. Que a pesar de tu “cultura” no entiendes que el mundo es plural y complejo. Que no todo el mundo debe pensar como tú y que esto es precisamente lo que hace de la sociedad algo maravilloso. No hay pensamiento más sabio que querer escuchar y aprender de cada persona de cada ciudad o continente, aun sabiendo que esa persona puede tener una personalidad menos desarrollada de ti.

Amiga o amigo mío, siempre hay que querer saber más, ser más guapos, sociales y todo lo que te venga en gana, pero jamás con la pretensión de ser mejor que el de al lado, sino precisamente para poder desarrollarte como persona y poder entender mejor a las demás personas del mundo. La amistad, el respeto al otro, el amar a otra persona; no deben depender de si es más listo o más tonto, alto o bajo, guapo o feo. Sino de una necesidad de convertirte en mejor persona y poder actuar de mejor forma en la vida. De querer siempre unir lazos y no romperlos o evitarlos por no ser como tú de guay.

Si tu objetivo de evolucionar en la vida es querer ganar más dinero, tener más amigos, más novias o novios, más poder y en general, simple reconocimiento a todo lo que has conseguido en tu vida; te estás comportando como el animal de jungla perfecto. Ese animal que innatamente ansia convertirse en líder de la manada para regir sobre los demás y procrear con todas las hembras.

Darnos cuenta que tenemos más conocimiento y que hemos conseguido alcanzar más hitos en la vida tiene un gran potencial corruptor en nuestra alma y hemos de detenerlo mediante una desarrollada personalidad. Sé que aunque vosotros no lo pensáis diariamente, tampoco queréis vivir en una jungla especialmente diseñada para fomentar este tipo de sentimientos denigrantes y que deseáis un mejor mundo en el que vivir y que vivan vuestros hijos. 

Es tarea de todos luchar por hacer ver a los que nos rodean que vale la pena vivir de manera abierta, despreocupada, agradable y con amor a amigos, novios y familia. Se requiere dejar atrás nuestro ser más primitivo y literalmente evolucionar hacia un ser interior superior. No caigamos en la maldición del conocimiento.

martes, 1 de marzo de 2016

Enamoramientos indeseados


Duele ver como las personas usan el amor para conseguir felicidad e ilusión y lo repudian cuando en malos periodos de una relación las cosas no son tan perfectas como debieran. Duele ver como el amor se convierte en un instrumento más al servicio de las personas para usarlo a su conveniencia según unas circunstancias concretas. Duele ver que la cualidad más profunda y natural del amor sea profanada en el 99% de las ocasiones. El amar y sacrificarte incondicionalmente por hacer feliz a tu supuestamente pareja de vida.

Ciertamente el enamoramiento tiene un significante componente aleatorio y no siempre es fácil tomar una buena decisión sobre a quién amar o a quien no. Los enamoramientos existen y es difícil de controlarlos y gestionarlos cuando te toca. Pero lo indudable y objetivamente cierto es que cuando no eres capaz de elegir conscientemente a tu pareja, tampoco lo eres para sostener una relación en malos periodos donde no sea tu corazón quien te incite desde dentro a hacerlo, y tenga que ser la cabeza quien en un gesto de sacrificio y gratitud al otro, deba ejercitarse.

Todo lo anterior nos conduce inexorablemente a la situación de matrimonios y divorcios en la cual el ser humano está sumido. Además, en un gran y perverso gesto de talla mundial, es aceptado por todas las sociedades avanzadas como algo perteneciente al alma del ser humano. Y la gente se queda tan tranquila pensando que sus malas vidas amorosas y personales se deban “al alma humana” y no a sus continuas malas decisiones.

Pues lo siento pero no. La vida en las sociedades avanzadas y sin mucho peligro de pobreza, suele ser bastante placentera y segura. Y es cuando tenemos que esforzarnos en ser un poquito más que simples animales, cuando realmente se ve lo que internamente somos y de que pasta estamos hechos cada uno de nosotros.

No se trata de aguantar una relación que ya no te aporte nada. No se trata de mantener una relación solo por la gran dependencia sentimental. Se trata de que en caso de haber valido la pena conocer y amar a esa persona, se luche en la medida de lo posible por hacer de un amor cualquiera, un verdadero amor. Porque el amor no nace o aparece como en los enamoramientos, el amor se construye con sacrificio y pretensión de hacer sentir al otro, que vale la pena vivir. Y no al contrario.

Appino - La gran conexión animal

Appino caratula disco

Muchos no entenderéis qué sentido tiene publicar un blog personal en internet. Para mí es un instrumento de evolución personal. Como consecuencia, a veces escribo entradas más destinadas al público en general, y otras veces, tienen sentido únicamente para mí dependiendo de mis circunstancias del momento. En esta entrada además se une que voy a utilizar la música como elemento troncal de la entrada, medio que no acostumbro a utilizar y que por tanto, conllevará que el resultado sea bastante distinto al habitual.

Se trata de una entrada en la que indago sobre la naturaleza del ser humano inspirándome en tres canciones del cantautor italiano Appino. Invito al que lea la entrada a escuchar las canciones que adjunto, a ojear su letra y a sumergirse en los sentimientos que transmiten.

Grande Raccordo Animale – La gran conexión animal




Piove a dirotto sul grande raccordo,
sulle tue ali e gli uffici postali,
dentro la casa di chi non si è accorto
di non avere mai avuto un tetto.

Sopra di te, che sei elementare,
un sistema binario perfetto:
odio e amore, folle e normale,
sul grande raccordo animale.

Arriva l'inverno, lo sento abbaiare
in ogni goccia di questa pioggia
che cade pesante sopra ogni cosa,
e fortunata è la sposa.

L'estate ritorna, vedrai che ritorna,
a ricordarci che solo la fame
è l'avventura che ti fa paura
in questo grande raccordo animale.

E vieni qui, vieni qui a vedere
il nostro sistema solare,
è tutto lì quel che c'è da sapere,
tutte quante le preghiere.

Il tempo passa o passa la voglia,
ma soprattutto le circostanze
e tutti quanti a camminare
nel grande raccordo animale.

Io non so la forma
né la densità,
non ho le giuste proporzioni,
non so la quantità
ma sono certo di volere,
si chiama volontà
e se volere è sapere
io so la verità.

Io non so la forma
né la densità,
non ho le giuste proporzioni,
non so la quantità
ma sono certo di volere,
si chiama volontà
e se volere è sapere
io so la verità.

Nel grande raccordo animale...


Appino se pregunta con las siguientes tres canciones como afrontar el mundo que nos rodea y tiene sentido comenzar la trilogía con este tema porque es el que da nombre al álbum. El autor comprende que el animal que llevamos dentro es la auténtica base de nuestra existencia y ensalza nuestra realidad como entes vivos aleatorios. Como si de una película se tratase, el cantautor coloca sutilmente de fondo de escenario la lluvia, la transición entre las distintas estaciones del año y el sistema solar con la idea de ayudarnos a penetrar en el misterio de la vida.

Un misterio que estamos muy lejos de descifrar porque aun siendo altamente complejos orgánicamente, intelectualmente somos todavía seres elementares que odian o aman indistintamente, que se vuelven locos o permanecen normales a lo largo de una vida, que pasan hambre y tienen miedo como resultado de nuestra gran conexión animal.

Nos invita a echar un vistazo a la Tierra desde el espacio para ayudarnos a asimilar, que eso que alcanzamos a vislumbrar, es lo que hay. Que somos parte de un todo tan gigantesco y que lleva desarrollándose tanto tiempo que nos hace sentirnos muy poco dignos para nuestro estúpido orgullo humano.

El tiempo pasa y con ello desaparecen también las ganas de vivir. Y aun así, continuamos caminando cargando con nuestras circunstancias a través de nuestra gran conexión animal. Y concluye con una afirmación absorbente. No sabemos cómo vivir ni ser felices, pero si tenemos la voluntad de seguir adelante, el mismo camino que atravesamos nos va exponiendo resquicios de la verdad. Que sencillamente somos eso, un animal en busca de sentido.

L'isola di Utopia - La isla de Utopía




Non credo agli angeli
Non credo ai diavoli
Non credo al fato, al destino autorevole
Non credo agli ordini
nè alle carceri
Non credo alle favole di eroi e martiri
Non credo al lavoro
non come salario
Non credo al fan del generare rivoluzionario
Non credo alla pace, la trovo feroce
Non credo a tregue, armistizi ne ai portavoce

Non credo agli ultimi
perché non credo agli angeli
Non credo ai primi
perché non credo ai diavoli
Neanche alla croce perché non credo ai martiri
Non credo a buoni, cattivi o responsabili
Non alle stelle
perché non credo al fato
Non credo a niente che sia già stato deciso
Non credo ai miti
non possono spiegare
Poi guardo il mare e penso di sapere

Non credo, io so
so che il destino è tutto nelle mani mie
e nelle mani di chi viaggia accanto a me
quindi credo potrei credere in te
Perché io non credo, io so
e se lo faccio credo in tutto quel che c'è
Le rocce, il legno, il fuoco che scalda il caffè
il prato dove siamo stesi io e te

Credo nel porto, nel faro della nave
nella rotta e nel sistema decimale
Credo nell'uomo, credo nell'animale
Credo nell'acqua e nel sale minerale
Credo nell'aria, l'ossigeno che brucia
nella scrittura, credo nella fiducia
Credo in Utopia, credo nel capire
e nella parola in rima con dovere

Esta canción la encuentro especialmente motivadora porque a diferencia de la primera, que nos mostraba como progresar en paz con nosotros mismos, esta nos ayuda a discernir en que elementos ajenos a nosotros debemos de fijar nuestra mirada para sostener nuestra estabilidad emocional.

Appino dice no a los mitos y al destino, no a los cuentos de héroes y mártires y no a diferenciar entre buenos, malos y responsables. Puesto que no nos ayudan a explicar la realidad en la que vivimos ni nos ayudan a maniobrar con mayor calidad en la vida. El destino está en nuestras manos y de quien elegimos que viaje con nosotros.

El cantautor cree en todo lo que existe de verdad. En las rocas, en la madera, en el fuego que calienta el café, en los prados, en el puerto, en el faro del barco, en la rueda y en el sistema decimal. En el hombre, en el animal, en la confianza y en el entender. Los seres humanos hemos de convivir con entidades complejas como la economía, los trabajos super especializados y la tecnología; pero lo que nos hace comprendernos mejor a nosotros mismos, es precisamente lo más básico.

Ulisse - Ulises




Settembre porta il vento
Si può navigare
C'è chi torna a casa al suo focolare
E chi invece vuole soltanto partire
Ma non lo può fare
Senza il dio del mare

Sulla terra ferma si festeggia ancora
I padri con i figli per la luna nuova
E le madri lasciano le figlie sole
Sole ad imparare come stare sole

Parlami di te
Ulisse perché
Tu avevi Itaca a cui tornare
Ma qui non scherzare
Itaca non c'è
Itaca non c'è

Lascio la terra al sole
Lascio che le cose vadano da sole
Lascio la casa dove sono nato
Dove ho imparato
E ve ne sono grato

Lascio questi occhi neri
Li lascio ai tuoi che sono più sinceri
Lascio gli amici e la mia famiglia
Lascio la perla dentro la conchiglia

Poseidone lascia che io prenda il mare
Non sono l'eroe che ti fece adirare
Non possiedo niente
Non sono nessuno
E se non mi credi chiedi a Polifemo

Sulla terraferma si combatte ancora
I padri contro i figli per una guerra nuova
E le madri piangono
Le figlie invecchiano
E i bambini crescono

Parlami di te
Ulisse perché
Avevi Penelope da cui tornare
Ma qui non scherzare
Itaca non c'è
Itaca non c'è

Lascio queste parole
Le lascio a chi le vuole ricordare
Lascio l'amore che non ho saputo
Dare come quanto io avrei dovuto

Lascio questi occhi severi
Li lascio ai tuoi che sono più leggeri
Lascio Calipso e non avrei voluto
Lascio certo qualche cosa di incompiuto


Se acaba la trilogía con un tema que trata la bella cuestión de la huida para sobrevivir. Se trata de mi canción preferida porque se salta toda conveniencia social sobre las despedidas y combina magistralmente el miedo y la ilusión de lo nuevo. 

Contrasta espléndidamente a quienes vuelven a casa ilusionados, contentos por el reencuentro con los suyos y con una vida que anhelaban; con aquellos que han perdido la ilusión y que quieren cancelar su anterior vida con ansias de renacer y tener otra oportunidad. Personas que no se sienten nadie ni creen poseer nada y que buscan algo más. Buscan dejar atrás la vida como ciclo animal eterno, donde los padres combaten con los hijos generación tras generación, las madres lloran, los hijos envejecen y los niños crecen. Y se despiden con temor a su futuro, pues saben que no tienen lugar al que regresar si fracasan en su viaje.

Lo que más impresión causa es la manera en la que tras hacernos sentir el miedo de quien necesita escapar, este muta completamente a una regenerada ilusión por la gran oportunidad que se le presenta. Porque cada despedida, cada vez que llegamos al final de un camino, es en realidad el comienzo de otro, donde todo está por ocurrir y donde somos de nuevo los únicos protagonistas y responsables de todo lo que nos sucede.