sábado, 6 de octubre de 2018

El Baile


Acto I: Soledad

Como si se tratara de cualquier otra tarde, subí las escaleras que llevaban al amplio salón, salí al balcón y eché un vistazo al horizonte. En la casa de los Arini parecía no haber nadie. Tampoco en la de los Horvat o Kanellopoulou. No solo eso, los animales también habían huido de este bosque donde habité por más de 20 años.

No sabría decir qué es lo que definitivamente me llevó a huir de la sociedad y de sus medievales costumbres. Sospecho que fue una mezcla entre el desgaste de una vida de intentar transformar el mundo y mi ineficacia en controlar mi descontrolada mente ante mis numerosos fracasos. No me siento especialmente mal por mi desenlace. Quién más está dispuesto a sacrificar, más pierde cuando todo por lo que ha luchado se va al garete

Instintivamente al pensar en el pasado miré cabizbajo al suelo. En una hora empezarían a llegar los invitados y realmente no sabía cuántos arribarían. Cuando las grandes tecnológicas inventaron un chip implantable en el cerebro para estar permanentemente conectado a la red, dejé de usar internet. Así que le solicité a Aitor Sansinenea, que se desplazó a mi hogar unos meses antes, que me hiciera el favor de trasladar a todos los demás que la alejo-casa estaba disponible una última vez para las personas que deseen pasar la gran noche en ella.

Lo lógico habría sido que no viniese nadie. Lo habría comprendido. Por un lado, no he sido ni el mejor amigo, ni la mejor pareja, ni el mejor familiar. Por otro lado, he comprendido que a las personas se las conoce por los detalles. Esas acciones particulares que no se realizan por presión de la sociedad o mecanismos automáticos, sino por lo que realmente nos hacen ser cada uno de nosotros. Según fui envejeciendo, fui dando más importancia a estos actos y en consecuencia, dejando atrás relaciones con personas que colectivamente parecían muy sociales pero que a nivel de individuo no aportaban nada.

Tras volver en mí, empecé a sentir crecer la ansiedad; mi inseparable compañera de vida. Con el tiempo aprendí a apreciarla. Es férrea. No entiende de medias tintas cuando trataba de avisarme de que algo no marchaba bien en mi vida. No obstante, nunca he tenido amiga tan sincera a mi lado. Como había venido haciendo desde joven cuando esto ocurría, me vestí de deporte, camiseta de tirantes y pantaloneta verdes; y salí a correr media horita a buena velocidad.

Mientras estuve corriendo mi cabeza siguió funcionando. ¿Cuál es la naturaleza del tiempo? ¿El tiempo fluye? ¿Tiene sentido hablar de pasado, presente y futuro? ¿Por qué a medida que uno se hace mayor, tiene la sensación de que el tiempo pasa más rápido? Tiempo, tiempo, tiempo… ¿Realmente necesitamos el tiempo para funcionar?

Nada más volver me metí en la ducha. Mientras sentía la álgida agua arrastrarse por mi cuerpo desnudo, me quedé pensando un buen rato en lo que acababa de presenciar. Mientras me ejercitaba, oí al menos 3 alaridos en las proximidades. No supe decir si fueron causa del pánico, de la desesperación o como resultado de una agresión. Aitor ya me contó que en general, las personas no estaban llevando bastante bien lo de tener fecha de caducidad.

Salí de la ducha y me puse mi camiseta azul y mis vaqueros, mi ropa de gala. Cuando me miré al espejo tras arreglarme, creí ver al Alejo de hace 35 años. Un Alejo que recién acababa de obtener una matrícula de honor en el proyecto final del máster, sobreponiéndose a su peor situación en una relación de pareja. Un Alejo derrotado físicamente pero moralmente sobresaliente y con unas ganas feroces de no dejar que la injusticia venciera en el mundo. Fue mi última gran victoria. A partir de entonces, con menos fuerza de espíritu, no pude salir vencedor del resto de pugnas sentimentales.

Mientras me afeitaba vi caer 4 lagrimillas al viejo del espejo. Me hubiera gustado haber hecho las cosas de otra manera. Hubiera preferido que las cosas hubiesen salido de forma diferente. Sin embargo, con el tiempo me he dado cuenta de que jamás tuve la mínima oportunidad. No todo el mundo está hecho para ganar.

Tras salir del baño torné directamente al salón y miré nuevamente por la ventana. No alcancé a ver nada en la oscuridad. Me senté en el sofá sin dejar de mirar a través de la cristalera. Es entonces cuando observé que algo se estaba moviendo en la lejanía. Parecía una luz. No. ¡Era fuego! Ahora lo veía mejor ¡Era alguien con una antorcha! Y no era una. ¡Eran varias! cuatro… siete… diez… no pararon de salir de más y más.

Bajé las escaleras de dos en dos, salí de casa y me dirigí hacia ellos. Todavía no sabía quiénes habían venido a pasar la noche conmigo, pero sabía que todos y cada uno de ellos eran mis amigos. Eran gente a las que jamás les iba a poder dar tanto como me habría gustado. Los muy majaderas venían cantando y bailando. Sentí como mi alma se iba encendiendo. Sentí como toda mi vida cobraba sentido.


Acto II: Amistad

¡Nunca comprendí cómo tal cantidad de gente se puso de acuerdo para acudir juntos a mi casa! ¡Estuvimos más de 200 personas! Muchos de la cuadrilla llegaron con sus mujeres e hijos. Otros muchos que conocí haciendo el máster y doctorado en Bilbao. Amigos que fui haciendo en el transcurso de mis aventuras en Milán, Toronto, Bangalore, Madrid, Liubliana, Buenos Aires, Cracovia... ¡No podía parar de reír!

Tras abrazarlos a todos, entramos en mi recinto y mientras les estaba enseñando la casa a quienes no la habían visto antes, empezamos a oír música proveniente del jardín. Ivan Jimenez no había podido aguantar la tentación de ser el primer DJ de la tarde. Y no solo eligió la banda sonora de la verbena, colocó 4 altavoces que había traído de casa en cada una de las esquinas de la parcela y transformó mi jardín en una fantástica pista de baile.

Quince minutos más tarde todo el mundo estaba divirtiéndose. En ese momento eché un vistazo alrededor y al vernos a todos nosotros unidos, empecé a vislumbrar que todo ello escondía algún tipo de belleza oculta en el vivir. ¿Cómo es posible que, en el lecho de muerte, tras tantos años, siga sintiendo a mis amigos como si el tiempo no hubiera pasado?

Como parte importante de cualquier reunión con personas que hace tiempo que no ves, empezamos a rememorar todas las aventuras vividas entre nosotros. Aquella vez que un amigo y yo acabamos con madre e hija en Bari. Aquella vez que tuvimos que huir furtivamente de Budapest al estrellar un coche de golf contra una roca. Aquella vez que, en el camino de Santiago, decidimos hacer ruta nocturna y no acabamos siendo descuartizados por los perros del pueblo de milagro…

Es curioso la manera de funcionar de la amistad. Puedes haber estado más de 10 años sin ver a alguien que, si lo has querido en alguna de las etapas de tu vida, tras 10 minutos hablando con él; sentirás que el tiempo no ha pasado en absoluto. Quizás porque sin depender del tiempo, cuando le das una parte de tu corazón a una persona, está permanece irrevocablemente con ella eternamente.

Es peculiar también cómo al no haber futuro, todo se vuelve presente. No tuvimos que decir una sola palabra para que Pablo Ijurco, Ion Ander Huarte, Unai Martín y yo nos sincronizáramos para sacar al mismo tiempo, una mesa afuera junto con garbanzos y unas cartas. El mundo se iba a acabar, pero no antes de que nos enzarzáramos en una épica última partida de mus.

Mientras jugábamos, nos acordamos de cuando Alex Hiriart le dejó las llaves de su casa al bueno de Ijurco para que le cuidara las plantas y éste nos invitó a jugar un torneo de mus en dicha casa. Cuando la madre de Alex apareció improvisadamente por la puerta y nos miró sorprendida, nos quedamos paralizados. Una vez se fue, no pudimos parar de reír por horas.

Tras concluir la partida y meter de nuevo la mesa en casa, llamé a Gorka Emparanza, y como tantas veces hemos hecho en el pasado; puse un par de hielos en dos vasos y vertí dos dedos de whisky Black Label. Mientras brindábamos mirándonos a los ojos, vimos deslizarse por nuestras cabezas un millón de inesperadas memorias que hemos tenido el placer de vivir juntos. Tras recobrar la consciencia conmocionados, nos reímos de manera cómplice y nos intoxicamos una última vez juntos.

En ese momento, comprendí que pasado, presente y futuro solo existen en nuestras mentes humanas. Si se reflexiona sobre ello con el intelecto, únicamente se es capaz de percibir la parte más superficial. Pero si se medita con el corazón, uno se da cuenta que siempre han estado superpuestos, anexionados por una sustancia llamada alma. A pesar de que, durante la mayoría del tiempo, se sienta el tiempo como algo que fluye; nuestro corazón a lo largo del mismo siempre ha sido el mismo. Con más o menos conocimiento, con más o menos experiencias, con más o menos tiempo de vida, pero el componente básico de nuestra existencia es exactamente el mismo. Somos nuestro corazón. Desde que nacemos hasta que morimos. Y nuestro corazón permanece puro e inalterable desde que se nace hasta que se muere.


Acto III: Vida

El tiempo volaba. Cuando la noche empezó a hacer acto de presencia, Iván Astigarraga colocó cuatro antorchas junto a los altavoces y una más en el centro del jardín. El ambiente se tornó ciertamente fantasmagórico y junto con los primeros chupitos, porros y estupefacientes de la noche, el mundo dejó de ser mundo y se convirtió en fantasía.

Como suele ocurrir a medida que la noche avanza, llega un momento en el que se pierden las nociones de lugar y tiempo y todo se tiñe de un tono surrealista que añade a la vida, una pizquita de sal. Las sentidas conversaciones se han convertido en enérgicos bailes y las risas en apasionados besos. Hombres y mujeres se dejan llevar en una vorágine de vida que finalmente ha triunfado sobre el pesimismo.

Que es la vida sino el actuar hoy por miedo al mañana. Solo cuando no hay mañana, nuestras almas cogen el mando del cuerpo y existen en comunión con el orden del universo. El tiempo no es totalmente connatural al universo. No siempre ha existido. El tiempo no es a quien debemos reverenciarnos. Y aunque no sepamos exactamente a quien habríamos de hacerlo, debería ser a alguien o algo que tenga que ver con la vida. Como animales, está claro que hay gran parte de universo que no podemos percibir, pero podemos intuir que tiene algo que ver con la propia experiencia del vivir, de la consciencia, de los momentos que compartimos con los demás seres vivientes.

Son las tantas de la madrugada y los niños no pararon de jugar y divertirse en el bosque. Los adolescentes buscaron alcanzar la madurez en su último día mediante la ingesta de alcohol. Los jóvenes fueron a pares al bosque para satisfacer una última vez su instinto animal. Los viejos, conscientes de la absurdidad del vivir y morir encerrados en cuerpos humanos, charlaron y rieron con una naturalidad tan pasmosa como inquietante. Ellos ya se habian dado cuenta de la verdad, la verdad es que no hay verdad. El sentido de vivir es que no hay sentido. Y precisamente eso es lo que da significado al vivir.

Filósofos han buscado durante siglos respuestas a preguntas imposibles. Según mi punto de vista, el ser humano no es un animal de respuestas, ¡Es un animal de preguntas! Y así lo debíamos de haber entendido. Porque las preguntas se hacen con ingenuidad y ambición por mejorar, pero las respuestas suelen darse con una buena dosis de egolatría e individualismo. Democratizar el conocimiento nunca debió ser enseñar a todos a responder preguntas culturales como si fueran robots. Democratizar el conocimiento es enseñar a las personas a preguntarse cosas. Solo así se puede comprender que siempre hemos sido solo polvo de estrellas. No es que estemos a horas de convertirnos en ello accidentalmente.

Una de las mejores sensaciones de vivir es cuando te encuentras en una atmósfera en la que todo el mundo a tu alrededor es feliz. Cuando les ves sonreír, cuando les ves abiertos a la vida, cuando les ves disfrutando de sus existencias. Por tanto, con el propósito de saborear esta noche mágica, me levanté y fui pasando por todos los grupillos saludando, brindando y disfrutando de las particularidades de cada una de las personas y de las conversaciones.

Recuerdo pararme con Pavel, mi gran amigo mejicano. Con él, el destino me unió en Milán. Los dos perdidísimos en la primera jornada en el Politécnico de Milano. Yo estaba sentando en un banco cansadisimo de ir de un lado para otro y se me acercó. Hablando, nos dimos cuenta que los dos estamos ahí por exactamente la misma razón, ¡Nuestras parejas sicilianas! Y de ahí hasta ahora. Compartiendo alegrías y desgracias a lo largo de una vida. Recordando vivencias, los dos empezamos a llorar; unidos para toda la eternidad.

La vida es un baile de disfraces actuando en una larga obra de teatro. Unas personas entran a la pista y otras salen. Unas aparecen con máscaras mas pomposas y otras con mascaras mas mesuradas. Cada una hace el rol que se les ha sido asignado durante una cierta parte de la obra y desaparecen. Se les paga con tiempo de vida que utilizan en seguir actuando fuera del estrado, sin dejar hueco para la improvisación. ¡La improvisación está ciertamente minusvalorada! Pues la improvisación es para las artes lo que la libertad es para la vida. Cuando se actúa como si las Moiras griegas movieran los hilos; el pasado, presente y futuro maniobran para no romperse. Sin embargo, cuando se improvisa, el tiempo desaparece. Todo se convierte en vida. En un eterno presente.


Acto IV: Muerte

5:00 am. Mientras me dirigía vacilante a la cocina, el piso empezó a tembrar, seguido de un terrible estruendo. Se cayeron varias lámparas del techo soltando una pequeña humareda. Y entonces, como cuando apagan la música del último bar, supimos que la noche llegó a su fin. Me di un paseo por la casa. La mayoría de la gente que se quedó dormida en sofás, esquinas, baño… se fueron levantando. Otros susurraban entre ellos. Es inevitable. Después de toda fiesta, y la vida es una fiesta, toca rendir cuentas y en este caso, lo haremos a lo grande.

Bajé las escaleras y me encontré con decenas de ojos mirándome y preguntándome qué debíamos hacer. Pero no me sentí nervioso. Al contrarío. Supe exactamente cómo tenía que actuar. Y es que, si por alguna razón decidieron acabar sus vidas en mi casa, es porque sabian que yo no les iba a fallar en estos últimos momentos.

La gente, obsesionada con la búsqueda de respuestas, no se ponen de acuerdo entre si se trató de un acontecimiento al azar o este meteorito fue proyectado por alguna civilización extraterrestre. ¿Acaso realmente importa? En cualquier caso, es el universo el que dictamina nuestro destino, como siempre lo ha sido. ¿Que quienes somos? Universo somos. Polvo de estrellas somos.

De forma asaz curiosa y enteramente anti biológica, todos hemos experimentado de mayor o menor modo depresión. Todos hemos tenido ganas de morir. Todos hemos experimentado un decrecimiento tan grande en nuestras energías que hacía que no pudiéramos concentrarnos ni para leer un libro. Y todo esto, señores y señoras, también es muerte. Quizás una muerte peor que la física porque estamos muertos en vida. E iniciaba el párrafo diciendo de forma curiosa, porque es interesante que, ante un hecho absolutamente único e irrepetible; la mayoría de las personas veteranas no experimentamos la idea de desaparecer por primera vez en la vida

Con la naturalidad que siempre me ha caracterizado, fui saludando a todos los que quedaban dentro de mi morada y les animé a dirigirse afuera. Bajo un cielo teñido de rojo sangre, a pura voz me dirigí a todos ellos:

- “No elegimos donde nacer, no elegimos nuestra raza, no elegimos ser ricos o pobres, no elegimos la suerte que podemos tener o no en la vida. Pero pudimos elegir que camino recorrer en nuestras vidas, de quien rodearnos y junto a quien morir. Creo que la vida es el proceso en el que nos convertimos de robots automatizados a personas conscientes y todos los que estamos aquí culminamos hoy este proceso de manera soberbia. Yo os propongo brindar por la vida consciente. Una vida dedicada tanto al desarrollo y exploración de uno mismo como a los demás. ¡¡¡Viva la vida!!!”.

Pero la vida, una vez más, se mostró salvaje e implacable. Mientras levantábamos las manos una última vez para brindar, cayó una pieza de meteorito lo suficientemente cerca de la casa como para que la onda expansiva nos arrastrara a todos unos 20 metros en todas direcciones. En ese momento, una buena cantidad de amigos perecieron. Cuando recobré el sentido, me encontraba recostado sobre el tronco de un árbol, sangrando y atravesado por decenas de minúsculas astillas. Aguanté sin perder la consciencia.

La panorámica era de una belleza indescriptible. El cielo ardía en llamas y yo estaba siendo testigo de ello. En soledad. Una vez más, el mundo y yo. Aquella ocasión no era tan diferente a los miles de paseos que he dado en muchas ciudades del mundo donde he habitado, llorando y cavilando sobre los muchos errores que he cometido en mi vida. Paseos a cualquier hora del día o de la noche, en los que fui interiorizando primero, que el mundo no estaba hecho para mí; y segundo, que el mundo no estaba hecho para nadie. Siempre se ha tratado de sobrevivir.

Cayó otro meteorito cerca. Este último impactó de pleno contra mi casa. Ver mi casa carbonizarse tampoco me hizo sentir extraño. Desde que empezó mi vida adulta siempre he ido alternando de casa y localización con la ilusión de poder rehacer mi vida en otro lugar. Hay algo mágico en conocer personas de diferentes lugares y aprender de ellos lo que tu cultura no se ha dignado a enseñarte.

En mis últimas, reafirmé mi pensamiento de que el único tiempo importante es el presente porque es el único tiempo en el que sentimos y hacemos sentir emociones a nuestros allegados. Porque el eco de los sentimientos vividos resona a perpetuidad. Porque los sentimientos sentidos es la vida vivida. Porque nuestro corazón y acciones nunca perecen.

Cuando almacené fuerzas y pude alzar nuevamente la cabeza, vi que estaba completamente rodeado por columnas de fuego y me di cuenta de la última ironía. No voy a acabar mi vida placenteramente con un meteorito incrustado en mi cráneo. Voy a morir quemado, abrasado por las llamas. Y voy a morir en breve. Y es que la vida, disfrazada de cordero; nunca ha dejado de ser cruel y salvaje. Y es que el ser humano, disfrazado de delincuente; nunca ha dejado de ser inocente y virtuoso. La vida es algo que merece la pena vivir, pero no per sé. Sino por las otras personas y seres vivos. La vida es algo… la vida…











miércoles, 7 de junio de 2017

El eterno presente

Tiempo en Reloj con agujas

Entre las cosas que nuestra sociedad considera carentes de valor o socialmente no aceptadas está la de pensar libremente. La de razonar desde 0, la de llegar a conclusiones distintas a las que piensa la mayoría, la de formular una crítica activa de los ideales y pilares sobre los que se apoyan nuestra cultura, etc.

En mi caso particular, esta manera de ver la vida se traduce en un blog donde escribo mis razonamientos, inquietudes y vivencias. Sin caverna no hay mito ha vivido distintas etapas, la cuales han estado marcadas por lo que siento hacia él.

En su comienzo sentía muchísima vergüenza. Un adolescente siempre tiene miedo a no ser aceptado por sus amigos y familia. Buscar el equilibrio entre lo que uno es y lo que el resto de la sociedad quiere que él sea no es tarea menor. Un par de años más tarde, varios de mis amigos llegaron a él y a algunos les encantó. Igualmente la familia lo aceptó y apreció, e incluso a las novias les gustaba mi vena pensadora y escritora. Finalmente, empecé a sentirme realmente orgulloso de él, del camino vivido y de todo lo aprendido junto a él. Este blog es poco menos que mi vida adulta reducida a palabras y sentimientos.

Lo más interesante de vivir, o de escribir un blog; es que todo lo pensado, todo lo escrito, sufre un proceso en el que el resultado final de esa profunda meditación, se acaba interiorizando como si fuese algo que siempre hubiese estado ahí, aunque hace un mes jamás te hubieras puesto a pensar sobre ello. Esta característica del ser humano en la que uno puede no fijarse apriori, no solo nos da posibilidades infinitas de felicidad y progreso individual, sino que tambien provee al ahora de una importancia sublime. A lo que pensamos, a lo que sentimos, a lo que vivimos, a lo que reflexionamos en este mismo momento, puesto que es posible que pase a formar parte de lo más vital para nosotros.

Este hecho no solo se hace especialmente evidente cuando alguien está escribiendo. Tambien cuando ocurre algo que nos conmociona interiormente o simplemente cuando discutimos con un individuo sobre un tema que personalmente es significativo para nosotros, entramos en un proceso de profunda reflexión que nos obliga a quedarnos a oscuras con nosotros mismos. En ese momento de concentración, en el que intentas transformar a palabras aquello que sientes, solo existe el yo de ahora. En ese instante uno es capaz de llegar a la base de lo que somos y de lo que nos hace singulares. Estamos estableciendo los cimientos de nuestro ser pro activamente.

Lo que escribo, lo hago motivado por choques del exterior sobre mi ser de ese momento. Ideas que chocan de frente contra mí, o por el contrario, ideas que se mueven paralelamente en mi misma dirección y con las que me siento plenamente identificado. Si no tenemos pilares sobre los que entender y juzgar el exterior, no estaremos percibiendo el presente como un presente continuo, sino como un pasado y un futuro omnipresente. Un pasado que no elegimos, al no haber tenido poder de decisión sobre el presente; y un futuro que eternamente nos someterá al azar de los acontecimientos.

No podemos dejar lo que queramos ser para adelante. No podemos decir hoy como chocolate y dejo para otro día el comienzo de una dieta que me vaya a hacer sentir mejor. No podemos decir hoy me voy a tirar a esta chica y dejo para pasado mañana el inicio de una relación con la muchacha que realmente me gusta. No podemos decir esta semana me fumo mis últimos cigarros y después lo dejo para siempre. Precisamente el ser conscientes de las anteriores decisiones y el ejecutarlas, nos transforma en eso que supuestamente queremos dejar de ser. Nos hace ser golosos, en vez de controladores de nuestros vicios y de nuestra vida. Nos hace no volver a ser capaces de tener una relación de verdad. Nos hace mentalmente fumadores, aunque temporalmente consigamos físicamente dejar de fumar.

Pocas veces he visto un cambio real en alguien. El problema está en que aunque deseemos cambiar, no somos plenamente consciente del gran poder que posee cada una de nuestros decisiones diarias. Si tú quieres cambiar algo pero cada día tomas 10 decisiones que van en contra de ese deseo, es totalmente imposible que lo logres. Nuestra mente no funciona así. El momento para cambiar el mundo no es mañana.

Esta dejadez excusada en el transcurrir del tiempo nos acaba consumiendo. El ego se enreda con facilidad en el pasado donde cree que reside su identidad. La interpretación de lo sucedido da al ego una base para ser más de lo que es, casi siempre para ser menos. Así el pasado es una coartada del ego para justificarse y el futuro, siempre inalcanzable, una promesa de realización. La neurosis sobreviene cuando tengamos lo que tengamos, hagamos lo que hagamos no hay plenitud. Creemos que nos falta algo para ser felices, para estar completos, para, por fin, ser libres. Nos falta el hoy.

Tenemos que aterrizar en el presente porque permanecer en el presente es lo único real. Aceptar que la realidad es como es, que los seres humanos son como son y que tú eres lo que eres. Y eso no es un desprestigio, sino una gran oportunidad de abandonar un juicio preñado de miedo y abrirse a lo potencial que reside en todo lo que hay. Nos cambia tanto lo que hacemos en cada momento como lo que dejamos de hacer. Si hay un tiempo en el que podamos estar plenos, conscientes y con gozo es ahora.

Medita sobre la vida, reflexiona sobre tus acciones, piensa libremente sobre las ideas que mueven la sociedad y que sea la mezcla de todo lo anterior lo que te vista en el día a día.

Esforcémonos por vivir un eterno presente.

sábado, 28 de enero de 2017

La calle

Avenida por la noche

Me pertenece. Transito por donde me sale de los huevos. Conozco todos los caminos y sus secretos. Me alimento de las vivencias acaecidas en cada rincón. En ella he besado, abrazado y amado; pero también he sido noqueado. Me pierdo únicamente para tropezar con nuevos lugares.

Sus tabernas me abastecen de mi ración diaria de mundo y me exhibo como la bestia que invariablemente he sido, soy y seré. Me demanda olvidar partes de lo aprendido pero me entrega sabiduría, frescura, nervio, solidez y potencia ilimitada. Sin sus arterias mis venas se corromperían. Me visto para ir a juego con ella.

Una vez consumidas las botellas de ginebra, cerveza y fernet; ya nada puede parar la orgía de humanidad. Tiene el pulso agregado de las miles de personas que la habitan. Las vibraciones de la música en directo que resuenan en sus callejones proporciona el ritmo adecuado de bombeo que mi corazón debe emplear. La cuido y la respeto como a mi propia casa.

La adoro porque en sus pasadizos rige la demonizada anarquía. Sus gentes se entienden no por obligaciones sociales o leyes que limitan su rango de acción, sino desde la libertad individual que todos tenemos y debemos querer explotar para evolucionar orgánicamente.

miércoles, 16 de noviembre de 2016

El amor como estilo de vida


manos-personas-love

Uno de los problemas de utilizar el lenguaje como código para la comunicación es que una misma palabra significa inevitablemente conceptos distintos para diferentes personas. Las palabras no solo poseen distintos significados dependiendo del contexto, sino que también dependiendo de las vivencias de cada persona varía relevantemente. Cuanta más fuerza tenga el concepto que la palabra represente, más significados y variantes tenderá a tener. Un buen ejemplo es la palabra amor. La RAE establece que tiene 14 significados. Y por si fuera poco… El tema de hoy trata sobre uno que no aparece en esa lista. Voy a pronunciarme sobre el amor como estilo de vida.

Como base que fundamenta el resto, este modo de vivir implica necesariamente un amor sincero por la vida y a todo lo que pertenece a ella; tangible o intangible. Hay que aceptar la vida tal y como es porque así tenía que ser. Los seres humamos somos unos listillos y capullos porque de otra manera no habríamos sobrevivido al intransigente medio ambiente. Gracias a lo anterior, la Tierra ha evolucionado para permitir la vida inteligente, es decir, para que nosotros podamos desempeñar nuestro papel como criaturas pensantes. Luchemos por cambiar el mundo, pero no vivamos enfadados con él.

En segundo lugar, debemos amar la naturaleza. ¡Es desde hace menos de 5000 años que el ser humano vive en grandes ciudades! Todavía no nos ha dado tiempo a adaptarnos. Por ello, la naturaleza sigue siendo nuestro hábitat natural. Obviamente el ser humano ha evolucionado y modificado sus maneras de vivir y costumbres pero no seamos insensatos. No solo necesitamos de tener contacto con ella, sino de interiormente adorarla y mimarla para no sentirnos perdidos en el mundo.

De la misma manera, tenemos que amar a todos los seres humanos. No se puede negar que las personas, además de tener virtudes y valores, poseen también sus defectos y manías. De forma natural, nos saldrá de las entrañas intentar competir con ellos, tener envidia y ansiar sentirnos superiores física o intelectualmente en aras de nuestro instinto de supervivencia. Inevitablemente por todo lo anterior, existirá gente que no nos caiga del todo bien. Pero debemos aceptar que todos no somos, ni debemos querer ser iguales. Cada persona vive en su gigantesco mundo personal y de cada una de ellas se debe intentar aprender conocimientos y experiencias. Asimismo, te sirven para darte cuenta de como quieres o como no quieres ser en la vida. ¡Gran parte de lo que tú eres, lo eres por lo que han conseguido otras personas antes de que nacieras! ¡Tú te debes a los demás!

Por último, debemos amar la actividad. Nuestro cuerpo está biológicamente construido con el objetivo de poder retener energía para después emplearla en el día a día. Si no la usamos, no nos quedaremos plenamente satisfechos a final de la jornada. ¡Y lo tenemos tan sencillo! La vida es tan genial que fluye al mismo tiempo en todas direcciones. Solamente tenemos que elegir cual nos motiva más y zambullirnos en su vorágine. No podemos permanecer estacionados en un mismo lugar por años. No podemos vivir de casa al curro y del curro a casa. No podemos elegir no actuar para no arriesgarse a fallar. Quien creyendo que viviendo una existencia tranquila y sin sobresaltos va a tener éxito se equivoca. Tener éxito en la vida es ser feliz, y la felicidad no se presenta por sí sola. Se ha de ir a su caza y actuar en consecuencia.

Aceptar a la naturaleza como madre, te ayudará a darle mayor sentido a la vida. Aceptar los defectos de los demás, te ayudará a aceptarte a ti mismo. Aceptar la proactividad como modelo de vida, te ayudará a autosuperarte continuamente. Amar vivir es condición indispensable para ser feliz.

lunes, 31 de octubre de 2016

Diversión

Mundo en la mano

La clave está en la mentalidad con la que se encara la vida. A alguien que no pierde nunca la sonrisa, le parecerá que la vida le sonríe. Alguien que trata bien a las personas, será bien tratado por el mundo.
La semana pasada me encontraba subiendo el Gorbea con unos compañeros, cuando escuché algo que me hizo bastante gracia por lo ridículo de la afirmación. Una persona me dijo con asombro y cierta indignación: "¿¡Pero como es que has estado en el Tíbet, Nepal, India, Milán, Sicilia, Méjico, Toronto, Londres, Nueva York…!? ¡No has debido dar palo al agua!".
Yo "sacrifiqué" un orgasmus (erasmus) para irme a malvivir a la India. Yo estuve en Nepal y logramos acceder al Tíbet porque mis colegas y yo decidimos echarle bemoles y no pensar demasiado en los problemas que esto nos podía acarrear. Yo he residido un mes y medio en Londres lavando platos. Yo decidí con 18 añitos hacer el Camino de Santiago. Yo he estado múltiples veces en Sicilia porque he tenido los huevos de intentar una relación a distancia. Yo he vivido en Milán 6 meses realizando un proyecto de final de Máster.
No tiene sentido explayarse más. La diversión y sus derivados, como todo en la vida, no vienen por casualidad; sino de un ferviente deseo de tenerla y de experimentar al máximo la vida. No existe excusa suficientemente fuerte como para no embarcarse en nuevas aventuras. Por supuesto, acordes a vuestro nivel económico. 

lunes, 8 de agosto de 2016

Nueva temporada


Cielo azul

El tiempo juega en nuestra contra. Hace que al disfrutar vuele y en la tristeza o el aburrimiento se haga eterno. 

En caso de necesidad, la rutina nos ayuda ligeramente a domarlo. En periodos donde la rutina es el motor de nuestras acciones, este hecho favorece nuestro desempeño, puesto que nos ayuda a cumplir nuestras obligaciones sin gastar más energía de la indispensable en tomar decisiones para las acciones diarias.

Sin embargo, ocurre que durante largos periodos rutinarios suceden eventos imprevistos que nos despiertan de nuestra voluntaria hibernación mental. Los más triviales no necesitan de grandes medidas para encararlos, durmiendo un par de días correctamente se encuentran soluciones fácilmente. Pero dependiendo del grado del suceso requeriremos de mayor tiempo de asimilación. Son eventos que necesitan ser superados mediante un esfuerzo activo de la persona.

A veces ni siquiera son cosas que nos han ocurrido. Nuestro mundo interior también es fuente de conflicto y con frecuencia surgen en nosotros pensamientos o sensaciones que deben ser encarados con determinación para resolverlos. Ya sean para adoptar una acción o una nueva forma de vida.

Por esta razón, el ser humano a menudo recurre al concepto de temporada, estación, periodo, etapa, época, fase, ciclo, era, etc. Lo hace para diferenciar entre dos periodos separados en el tiempo en el que se da por hecho que en el más reciente se ha evolucionado. Ya sea de manera de actuar, de pensar, de trabajar, etc. Esto ocurre tanto a nivel de sociedad, como a nivel personal.

Por ejemplo, sentimos esta sensación de cambio y progreso en navidades, cuando nos volvemos a reunir toda la familia para desearnos todos juntos un próspero año nuevo. Cuando por obligación o por decisión propia cambiamos de trabajo. O cuando como generalmente ocurre en Agosto, nos vamos de vacaciones y por un corto periodo tenemos el privilegio de poder olvidarnos del trabajo.

Las vacaciones es la época ideal para asimilar todo lo que nos ha ocurrido durante el año y empezar de nuevo de cero. Sin peso adicional que cargar sobre los hombros. No obstante, no debemos creer que todos nuestros problemas desaparecerán por arte de magia sin hacer nada al respecto. Se debe tratar en primera instancia de comprender esos problemas que no hemos podido superar, y en segunda de solucionarlos. Hacerlo no nos dará la felicidad eterna, pero su ausencia, es la semilla de un sentimiento que nos ayudará a obtenerla. La semilla de la ilusión.

La ilusión, como todo en la vida, hay que ganársela proactivamente; y si no aprovechamos en periodos de vacaciones o de transición entre etapas para generarla desde nuestro interior, no va a brotar milagrosamente tampoco durante nuestra rutinaria vida diaria.

Por ello, deseo a todas las personas que se vayan a ir ahora de vacaciones o que ya las hayan disfrutado, que las aprovechen. Para descansar la mente no hace falta irse a Tenerife o realizar viajes alucinantes. Todos sabemos que a menudo durante las vacaciones uno se estresa más que se relaja. Por lo tanto, es importante que durante este corto periodo anual seamos conscientes de la trascendencia de saber relajarnos.

Este blog empieza nueva temporada con las pilas bien puestas y mirando siempre hacia delante. Al fin y al cabo, yo también he tenido tiempo para pensar durante mis vacaciones y elegir mis próximos destinos físicos, laborales e intelectuales.

¡Ánimo a todos!

jueves, 5 de mayo de 2016

Felicidad

mujer tranquila

Felicidad es hacer reír a carcajadas a un amigo. Es ver en la naturaleza tu hogar y en el mundo, un lugar al que contribuir a mejorar. Es escuchar a tu familia decir que está orgullosa de ti. Es ser la sensación de la discoteca por la pureza y naturalidad con la que bailas durante toda la noche. Es sentarse en la terraza de un bar y sentir como propio el júbilo de la gente. Es envejecer sin arrastrar remordimientos. Es la sensación de que la vida no se te está escapando sin haberla exprimido a fondo. Es ver a tus hermanos tener éxito en sus vidas. Es luchar por hacer de tu hobby, tu trabajo. Es ser plenamente consciente de tu progreso como persona y de los próximos pasos a dar.

Es el bache que te reafirma en lo que eres y el fracaso que te hace evolucionar. Son las vibraciones que penetran en tu cuerpo al escuchar música a todo volumen. Es conocer nuevas personas cada día de tu vida. Es sentirse dueño de tu vida transformándola en todo momento proactivamente. Es actuar permanentemente con la mejor intención posible sin obsesionarse con los resultados obtenidos. Es erradicar de nuestra vida las adicciones a sentimientos negativos y huir de las personas tóxicas. Es tomarse el primer café de la mañana con tu familia y entrarte ganas de comerte el mundo. Es el sexo con amor y el amor sin contención. Es no detenerse nunca de perseguir tus sueños y vivir con intensidad las buenas y malas experiencias que te concede la vida.

Es perdonar a quienes te hirieron y abrir el corazón a quienes te odian. Es huir de los prejuicios y pensamientos dogmáticos de la época. Es no hacer de la mentira un estilo de vida y decir la verdad aunque duela. Es estar abierto siempre al amor aunque parezca que te está cerrando las puertas continuamente. Es mirar al espejo y ver a la persona que siempre has deseado ser. Es echar una pachanga con los amigos y reponer fuerzas con un par de cañas. Es aprender a disfrutar de las personas diferentes a ti. Es sacrificarte por las personas que quieres sin pensarlo dos veces. Es ser conscientes en todo momento de que somos polvo de estrellas.

Es ser una persona con razonamiento autónomo y pensamiento crítico. Es no perder las ganas de vivir a tope cada segundo de tu vida. Es el viento que desenmascara tu superficialidad y la lluvia que limpia tus pecados. Es darse cuenta de que el amor verdadero no existe, se construye día a día. Es meter un gol con el corazón. Es el conocimiento que te hace comprender la realidad y la realidad que da sentido al conocimiento. Es hacer muecas a un bebe y ver como se parte de risa. Es viajar con el alma y no con la cámara de fotos. Es el amor de un padre o de una madre. Es deshacerse de las cargas del pasado para sentirse más ligero en el presente.

Es saberse buena persona aunque no siempre se acierte en las decisiones. Es que te salga una sonrisa mientras caminas por la calle al sentir la vida fluir por tus venas. Es comprender que las arrugas de tu piel, nada tienen que ver con la juventud de tu alma. Es darse cuenta de que el mejor psicólogo debe ser uno mismo. Es no parar de soñar aunque no todos los sueños se acaben cumpliendo. Es tener la suficiente fuerza para reaccionar cuando tu camino se tuerce. Es ser fiel a tu persona y a los demás respetando la dignidad de todo ser humano. Es convertirse en una persona independiente que no necesite de los demás para vivir y ser feliz. Es asistir a una boda y comprender que la vida es algo más que levantarse todos los días para ir a trabajar.

Es aceptar que en la vida hay que acatar ciertas obligaciones y que en ocasiones, tenemos que mirar al futuro más que al presente. Es vivir con naturalidad los encuentros y despedidas de tu vida comprendiendo que nadie es imprescindible. Es interiorizar que para hacer feliz a los demás, primero uno tiene que ser feliz; y que para ser uno feliz, no se puede servir de los demás. Es alegrarse por el éxito ajeno como si fuera tuyo y compartir el tuyo como si fuera de los demás. Es no perder la capacidad de sorprenderse. Es estar dispuesto a dar la vida por un ser querido. Es saber escucharse a uno mismo, porque dentro de nosotros están todas las respuestas.

Es regocijarse con una buena conversación. Es comer de manera saludable para sentirse liviano en el mundo. Es estar en paz con uno mismo y en armonía con el entorno. Es no basar tu bienestar personal únicamente en los bienes materiales. Es entender que no todas las maneras de actuar o de pensar valen en la vida, algunas te llevarán a la dicha y otras al sufrimiento. Es pasear con tu pareja por la calle y ser incapaz de soltarle el brazo ni un solo segundo. Es no temer a la muerte ni a los cambios en tu vida. Es desconectar de las tecnologías y de las redes sociales un par de horas al día. Son los detalles y regalos inesperados. Es aportar tu granito de arena en la felicidad de los demás.

miércoles, 27 de abril de 2016

Utopía

Ciudad oscura

Siglo CXX. El conflicto no tiene tregua. Cientos de personas decentes mueren diariamente víctimas de una guerra perversa. El ejército enemigo lo forman máquinas biológicas exteriormente iguales a los seres humanos con la diferencia de que no necesitan el corazón para seguir existiendo. Su estrategia de batalla es finalizar a sus víctimas arrancándoles el corazón del pecho para dárselo de comer a los miles de perros vagabundos que habitan en este apocalíptico mundo.

Perro zombie

El adversario de esta forma se asegura de que si un ser humano muerto se vuelve a alzar, lo haga convertido en uno de ellos. Por esta razón, en el mundo actual muchas personas al fracasar deciden quitarse la vida, sabedoras que prefieren no vivir a existir como una criatura sin sentimientos. Las huestes enemigas arrinconan a los supervivientes en “Utopía”, también apodada “Ciudad de Dios”, último bastión humano en pie.

La batalla sigue llevándose consigo almas que en otra situación contextual podrían haber vivido una vida plena. Con una familia y alguien a quien amar de por vida. Muchos de las supervivientes fallecen sin ni siquiera haberse dado cuenta de lo que les está sucediendo. En ocasiones, un golpe es tan rápido y mortal que no hay posibilidad alguna de recuperación. No hay alarido más escalofriante que aquel que resuena eternamente en la nada de uno mismo al ser herido de muerte.

Ataque ciudadLas máquinas, antiguamente también denominados zombies por la capacidad de renacer de sus fracasos a costa de su humanidad, masacran al bando humano en la gran mayoría de las batallas. Los seres humanos innatamente gozan del suficiente amor a la vida como para resistir un par de compactas embestidas sin fisuras, pero a medida que sus más allegados son reprogramados y convertidos en simples maquinas biológicas, la fuerza de sus almas se desvanece y acaban pereciendo en el fragor de la batalla.

A la inenarrable tragedia de la conversión de ciudadanos en autómatas, se le une el hecho de las continuas infiltraciones en la ciudad de “Utopía”. Ocurre a menudo que las máquinas vuelven fingiendo seguir sintiendo emociones. Haciendo gala de la doble moral (no)humana son capaces de entrar en el baluarte humano sin que los guardianes humanos se percaten de su poca integridad moral. Una vez dentro, se aprovechan de los honestos seres humanos para alimentar sus egos y posteriormente, echarlos sin vida a la basura.

Ser humano zombieEn ocasiones, como ya se ha descrito, los mismos zombies han sido transformados sin haberse dado cuenta y vuelven a casa sin deseo consciente de hacer mal a sus seres queridos. Y es solo cuando instintivamente asesinan con determinación a sus personas más queridas cuando se dan cuenta que se han transformado en monstruos. Dejaron de pertenecer al género humano intentando superar viejas heridas de guerra. Ahora no son más que seres cualesquiera en un mundo podrido que ellos mismos contribuirán a empeorar.

Una de las claves para la supervivencia de “Utopía” es relacionarse con las personas que todavía poseen alma humana. Para asegurarse de que no interaccionan con máquinas infiltradas, los seres humanos se juntan con personas que no solo dicen poseer valores, sino que lo demuestran con sus hechos diariamente. Tiene su gracia que las maquinas biológicas se refieran a los “Utopianos” como “el pueblo ingenuo” o “el pueblo inocente”. Sus corruptas personalidades les impiden entender que una persona finaliza su existencia plena el día que pierde su inocencia e ingenuidad.

Mujer bodaPor cada victoria humana, las maquinas vencen 69. Por esa razón, los humanos celebran cada combate ganado con una intensa ceremonia donde se invitan a amigos y familia de los vencedores a ser espectadores del lazo invisible que se ha creado entre ellos. El rito llega a su punto álgido cuando hacen sonar la Marcha Nupcial.


La situación es catastrófica. No se vislumbra el final de la guerra y la comida escasea desde hace décadas. El 95% de los alimentos están contaminados con la primera enfermedad conocida por la humanidad: el pecado. De esta sustancia se alimentan las máquinas biológicas para obtener energía. Hacen sentir al pecador un súper hombre al ver saciada su voluntad de poder.

Diablo haciendo el amor

La guerra no ha llegado a su fin. La guerra acaba de empezar. Cuando el fin de nuestro mundo llama a la puerta, solo nos mueve una sola necesidad. Sobrevivir.

Mi nombre es Alejo Vazquez, soy un orgulloso superviviente de “Utopía” y combato para erradicar la mediocridad de nuestras vidas.

martes, 5 de abril de 2016

Ética. Parte 2: Definición y modos de comprender lo moral

Libro adela cortina

El libro en el que me he basado para la parte 2 y 3 de esta serie de entradas se titula “Ética”, de Adela Cortina y Emilio Martinez. Se trata de un libro escrito con propósito educativo y que encaja perfectamente como material básico para las siguientes publicaciones. He modificado parte del texto citado para que se entienda mejor y encaje mejor con la estructura de la entrada.

Ética

La ética es la rama de la filosofía que estudia la bondad o la maldad de los comportamientos. Tiene como centro de atención las acciones humanas y aquellos aspectos de las mismas que se relacionan con el bien, la virtud, el deber, la felicidad y la vida realizada.
Filosofamos para encontrar sentido a lo que somos y hacemos; y buscamos sentido para colmar nuestras ansias de libertad, dado que la falta de sentido la experimentamos como cierto tipo de esclavitud. Con el objetivo de encontrar dicho sentido a la vida, la ética se dedica a la reflexión sobre la moral. Pretende explicar los conceptos y los argumentos que permitan comprender la dimensión moral del ser humano.

Se debe distinguir entre los dos niveles lógicos que representan las doctrinas morales y las teorías éticas. Mientras las primeras tratan de sistematizar un conjunto concreto de principios, normas, preceptos y valores, las segundas constituyen un intento de dar razón del hecho de que los seres humanos se rigen por códigos morales. La pregunta básica de la moral sería entonces “¿qué debemos hacer?”, mientras que la cuestión central de la ética sería más bien “¿qué argumentos avalan y sostienen el código moral que estamos aceptando como guía de conducta?”
Una adecuada reflexión sobre la ética nos proporciona autonomía al ayudarnos a no adoptar involuntariamente como manera de actuar un código moral desacertado que nos impida ser felices. No pretendo afirmar categóricamente que sin haber meditado sobre la ética no se pueda ser una buena persona o tener un código moral excelente. Sostengo que regirnos por un código moral repleto de pensamientos que han ido incorporándose a nuestra mente fortuitamente no está a la altura de nuestras capacidades.

Moral

La ética reflexiona sobre la moral pero, ¿Qué es la moral? La moral se refiere a una dimensión de la vida humana: la dimensión moral. Es esa faceta compartida por todos que consiste en la necesidad inevitable de tomar decisiones y llevar a cabo acciones de las que tenemos que responder ante nosotros mismos y ante los demás. Necesidad que nos impulsa a buscar orientaciones en los valores, principios y preceptos que constituyen la moral.

Toda moral cristaliza en juicios morales (“esa conducta es buena”, “aquella es una persona honrada”, “ese reparto ha sido justo”, “no debes agredir al prójimo”, etc.) y hacen referencia a actos libres, responsables e imputables puesto que tenemos libertad de elección.
Ser conscientes de nuestra dimensión moral es un formidable primer paso ¿Pero cuál es la función u objetivo de la moralidad en nosotros? ¿Realmente nos ayuda a encontrar la felicidad? ¿De qué forma lo hace? ¿Nos suministra consejos sobre cómo ser felices o simplemente deberes para seguir los dictados de lo racional? Dependiendo del modo en que interiormente entendamos la moralidad, veremos la vida totalmente diferente.

La moralidad como la adquisición de las virtudes que conducen a la felicidad

Entre los filósofos de la antigua Grecia lo moral se concibe como búsqueda de la felicidad o vida buena. Ser moral era sinónimo de aplicar el intelecto a la tarea de descubrir y escoger en cada momento los medios más oportunos para alcanzar una vida plena. En este sentido, la base para conducirse moralmente es una correcta deliberación, es decir, un uso adecuado de la racionalidad, entendida aquí como racionalidad prudencial. Esta facultad nos permite discurrir sobre los medios y estrategias que conducen a ese fin al que todos tendemos inevitablemente: el fin de alcanzar el máximo de felicidad en el conjunto de nuestra vida. 
Sin embargo, ya entre los griegos hubo discrepancias sobre el modo de interpretar la felicidad. Por un lado, los hedonistas entienden la felicidad como placer, como satisfacción de los sentidos y ausencia de dolor. Por su parte, los eudaimonistas entienden que la felicidad no se identifica con el placer, aunque admiten que este es un elemento imprescindible de la felicidad como un todo, pero añade que lo esencial para ser feliz es realizar la actividad que es propia de cada tipo de seres, en nuestro caso según Aristóteles seria la autorrealización.

La actividad que nos hace más felices, es la de entender el mundo y maravillarnos de todo cuanto contiene. Las actividades que se refieren al pensamiento y al conocimiento serían las más propias del hombre: estudiar, reflexionar, averiguar las verdaderas respuestas a nuestras preguntas, satisfacer nuestra curiosidad, salir de dudas, etc. Lo que mueve al ser humano según Aristóteles es la búsqueda de la felicidad entendida como “autorrealización”. Esta autorrealización es entendida como afirmación de que el fin de la vida humana no es la obtención de placer, sino alcanzar otras metas que no siempre proporcionan una satisfacción sensible, y que sin embargo los humanos consideran como parte de su propia felicidad. 
Para los hedonistas, la razón moral no puede ser otra cosa que razón calculadora, puesto que se trata de calcular los placeres y dolores con el fin de obtener el mayor saldo posible de placer con el mínimo de dolor. Tanto hedonistas como eudaimonistas comparten el rasgo común que no interesa en este momento: entienden la moralidad como búsqueda de la felicidad y, consecuentemente, conciben la razón moral como una facultad que nos ayuda a encontrar los medios más adecuados para alcanzar un fin que ya está fijado de antemano por la naturaleza.
Es necesario reflexionar sobre lo que acabamos de leer. No se trata exclusivamente de emitir un juicio sobre que código moral nos parece preferible, sino de aceptar que lo expuesto anteriormente encaja perfectamente en nuestra sociedad. Hay personas que tiran mas para el hedonismo y personas que para el eudaimonismo. Por tanto, la primera consideración debe ser que es inevitable que entre personas con códigos morales diferentes surjan conflictos que se deben aprender a prever y entender.

La moralidad del carácter individual

Se trataría de una capacidad para enfrentar la vida sin “desmoralización”. Esta ética insiste en la formación del carácter individual, de tal modo que el desarrollo personal permita a cada cual enfrentar los retos de la vida con un estado de ánimo robusto y potente. Para ello es preciso tener claras las metas que uno desea alcanzar a lo largo de la vida y poseer un cierto grado de confianza en la propia capacidad para alcanzar dichas metas.

Dicho de otro modo: para estar “en buena forma moral” es imprescindible contar con algún proyecto vital de autorrealización y con una buena dosis de autoestima. En este sentido, ésta es una ética que no solo valora el altruismo como valor moral, sino también la necesaria atención a esa razonable confianza en uno mismo y en el valor de los propios proyectos que resulta imprescindible para llevarlos adelante con altura humana. La moral no es solo un saber, ni un deber, es una disposición de la persona entera que abarca lo cognitivo y lo emotivo, las creencias y los sentimientos, la razón y la pasión, en definitiva, una disposición de ánimo que surge del carácter que se haya forjado previamente.
Este modo de ver la moral no cree que sea un simple instrumento para ser feliz, sino que la ve como parte integrante de uno mismo. Ve la moral como un fragmento importante de nuestra personalidad que se debe hacer evolucionar y fortalecer con la intención de que a medida que se cumplen años, se sea capaz de vivir de mejor manera por la solidez y sabiduría que ha obtenido tu alma y por la autoestima conquistada por haber hecho las cosas con la mejor voluntad posible durante tu vida.

 Lo moral como cumplimiento de deberes hacia lo que es fin en sí mismo.

Se trata de aquellos sistemas éticos que colocan la noción de “deber” en un lugar central de su discurso, relegando a un segundo plano la cuestión de la felicidad. Ya en la antigüedad, los estoicos situaron el concepto de “ley natural” como centro de la experiencia moral; entendían que la moralidad consiste básicamente en un ajustamiento de la propia intención y de la propia conducta a los dictados universales de la razón.

Frente a las concepciones anteriores, la moralidad del deber explica que, efectivamente, los hombres tienden por naturaleza a la felicidad, pero que ésta es una dimensión en la que se asemejan a los restantes seres naturales: la felicidad es un fin natural, no puesto por el hombre. Sin embargo, una adecuada explicación del fenómeno de la moralidad, a juicio de Kant, tendría que superar ese “naturalismo”, porque es necesario justificar de algún modo el hecho de que nuestra búsqueda individual de la felicidad encuentra siempre un límite en el respeto que nuestra razón nos obliga a practicar con cualquier ser humano, incluso con uno mismo. Es preciso explicar por qué los preceptos morales que orientan nuestras vidas no autorizan a dañar a los seres humanos aun cuando estuviéramos seguros de que tales daños nos acarrearían una mayor felicidad.

La respuesta la encuentra Kant en que la existencia misma de la moralidad permite suponer que los humanos somos seres que estamos situados más allá de la ley del precio. El ámbito moral es aquí el de la realización de la autonomía humana, la realización de la humanidad. La grandeza del hombre no consiste en ser capaz de vida moral, es decir, en ser capaz de conducirse de tal modo que uno se haga digno de ser feliz, aunque no llegue a serlo en esta vida; porque el sentido de la existencia humana ya no sería el de alcanzar la felicidad, sino el de la conservación y promoción de lo absolutamente valioso: la vida de todas y cada una de las personas.
Existe una diferencia entre Kant y las teorías éticas predecesoras. Mientras que la mayoría de teorías éticas intentan describir la realidad de la época, Kant se eleva sobre su sociedad y basándose en la naturaleza humana intenta dar razón al hecho de la moralidad. Sin embargo, solamente hay que echar un vistazo ahí fuera para darse cuenta que la sociedad en la que vivimos está muy lejos todavía de parecerse a la vida moral que él detalla.

¿Deslegitima lo anterior su pensamiento? Desde luego que no. Es conveniente distinguir entre dos tipos de juicios morales según el contenido: los que se refieren a lo justo y los que tratan sobre lo bueno. Los primeros presentan un aspecto de exigibilidad, de auto obligación, de prescriptividad universal, etc., mientras que los segundos nos muestran una modesta aconsejabilidad en referencia al conjunto de la vida humana. Kant argumenta sobre los primeros, es decir, sobre cómo deberían de regirse las personas en un mundo ético.

Reflexión personal

En las relaciones personales siempre me he gobernado con un estricto sentido de la justicia. A lo largo de mi vida he aprendido a ser una persona tranquila y aun así, sigo sin poder controlarme apropiadamente cuando alguien hace o dice algo que me parece injusto, contra mi o contra otros. Siempre he exigido que se me trate como me merezco, ni mejor ni peor. Y lo he hecho porque entiendo que las personas no son meteoritos que accidentalmente pueden caer en tu cabeza, sino que son seres con voluntad y que deciden libremente sus actos.

Lo que he aprendido de analizar los diferentes modos de comprender lo moral es que efectivamente, independientemente de lo ético o no ético de los códigos morales por las que se mueven las personas, todo ser humano tiene un código moral distinto, y que por tanto, no se trata tanto de esforzarse en entender totalmente a todas las personas del mundo, porque jamás entenderé a un padre que no mira por el bien de sus hijos o a una persona infiel; sino en esforzarse en entender que no todos nos regimos por los mismos códigos morales y que no se puede luchar contra eso. Exigir a otra persona que sea ético es a día de hoy infantil e inocente. Uno debe aprender a dar todo lo que tiene dentro sin esperar de manera sincera nada a cambio. De lo contrario, ese sentimiento de injusticia del cual os acabo de hablar, aflorará y os consumirá por dentro a fuego lento.

Hace ya 15 años, en la época del MSN Messenger, en mi estado figuraba la siguiente palabra: “eudaimonia”. Y es que yo siempre he tenido claro como quería ser de mayor. No demonizaré a los hedonistas. El placer y la ausencia de dolor son totalmente necesarios en nuestra vida para conseguir la felicidad. Sin embargo, según mi modo de ver la vida, no debería tener la prioridad sobre todo lo demás. El placer es necesario para la felicidad, pero es una cosa más de las necesarias para serlo. No la única o la más importante.

Yo entiendo que cuanto mejor persona me haga y más lejos llegue en la vida en sus diferentes ámbitos (un trabajo que me llene, formar una familia feliz, etc.), más placer voy a poder obtener. Además, aunque utilizando de manera eficaz la razón calculadora no debería suceder, los hedonistas suelen tender a tomar decisiones cortoplacistas y a equivocarse en el cálculo de las consecuencias futuras de obtener ciertos placeres. Un ejemplo fácil puede ser el consumo de cualquier tipo de droga.

Comparto la opinión de Kant al 100%. También veo la moral como herramienta para conseguir una autonomía humana. Cuanto más moral seamos capaces de actuar, más libres acabaremos siendo, pues habremos obtenido la fuerza y voluntad suficiente como para ser capaces de actuar siempre bajo el amparo de nuestros propios pensamientos y no impulsados por los instintos del ser humano. Eres tú mismo más que nunca.

Es evidente, a día de hoy las personas no tienen esa autonomía sobre sus acciones que las ayude a elegir la opción moral a la inmoral. Es decir, a decir la verdad sobre la mentira. A elegir ser sinceros a mentirosos. Y en definitiva, a ver al otro como un fin en sí mismo y digno de nuestro total respeto y afecto per se; y no como herramienta, objeto o simple animal para usar para alcanzar nuestros objetivos personales.

Por eso, como eudaimonista, creo que se debe aplicar diariamente una dosis de racionalidad prudencial. El ser humano es sentimiento, pero no todos los sentimientos son deseables y por ello se deben tratar de gestionar con el intelecto. No se trata de llevar una vida controlada puesto que la vida no se puede controlar y encima, resultaría muy aburrida para mi gusto. Se trata de que si realmente queremos alcanzar el máximo de felicidad en el conjunto de nuestra vida y no en momentos concretos, actuemos como seres autónomos que no estén obligados por su impulsiva naturaleza a regirnos únicamente por nuestros instintos animales.

Creo intensamente que una vez satisfechas las necesidades básicas de todo ser humano, cada persona debe auto realizarse de forma totalmente personal para alcanzar su propia felicidad. Todos nacemos distintos, y por ende, todos tenemos que recorrer caminos distintos para conseguir la felicidad. Y solo conociéndote a ti mismo y esforzándote activamente por mejorar se puede llegar a ella en todo su esplendor. Al tratarse de un camino personal, las personas que quieren a amigos o novios como ayuda o soporte para conseguir otras metas, están condenadas a toparse en un callejón sin salida a mitad de camino.

Cada uno es libre de buscar la felicidad donde le venga en gana. Pero el límite de lo que uno libremente puede hacer lo marcan las demás personas. Las personas son seres con dignidad y en ningún caso se les debe tratar como simple mercancía. Por mucho que ansíes una determinada sensación no se debe conseguir a cualquier precio. Puesto que cuando intervienen otros seres humanos en tus decisiones, no hay bien que justifique la acción inmoral. El ser humano no tiene precio, tiene dignidad.

En la siguiente entrada, una vez introducido algunos conceptos básicos de la ética, repasaré las teorías éticas de los principales filósofos de cada época poniendo especial énfasis en los filósofos más modernos. Mi intención para la próxima entrada es la de profundizar en pensamientos que nos ayuden a entender los pilares éticos sobre los que se ha apoyado la sociedad moderna.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Ética. Parte 1: Introducción

Diccionario palabra etica

Con esta entrega doy fin a un ciclo de entradas de carácter personal y subjetivo. Quiero dar por terminado dicho capitulo y enfocarme nuevamente en textos que nos puedan enseñar conocimientos que se puedan aplicar en nuestras vidas diarias. Este primer post servirá como introducción a la temática elegida para las próximas entregas.

Las personas son diferentes entre ellas pero no por ello dejan de ser personas. En mi afán de intentar conocerlas me presento, quedo con ellas para hablar, me hago sentir cercano, les formulo mil preguntas discretas e indiscretas, me intereso por su trabajo o estudios, las miro fijamente a los ojos y al poco tiempo, pruebo a intuir como verdaderamente son y como han sido sus vidas para poder profundizar nuestra relación y crear un agradable sentimiento bilateral de química entre nosotros.

Conocer a una persona es alcanzable si durante tu vida te has interesado por el mundo que te rodea y por quienes lo habitan. Su personalidad, manera de pensar, modo cotidiano de actuar, motivaciones, miedos, ideales, código moral, etc. Con frecuencia, con pocos datos que alguien me cuente sobre una persona ajena, soy capaz de construir en mi cabeza una excelente representación de esa persona.

Sin embargo, es tarea mucho más complicada entender porque los seres humanos hacen determinadas acciones puntuales que en un momento determinado te sorprenden positivamente o decepcionan. ¿Acaso te sorprenden porque no las conocías tan bien como pensabas? Posiblemente sea cierto pero indudablemente, sé que la respuesta es mucho más intrincada. Te sorprenden y decepcionan porque todos funcionamos con una determinada concepción moral. Con ella juzgamos lo que hacen los demás y lo que hacemos nosotros mismos, por ella nos sentimos a veces orgullosos de nuestro comportamiento y otras veces pesarosos y culpables.

Como si de una revelación mística se tratase, nada más finiquitar mi última entrada la siguiente palabra resonó en mi mente con contundencia. Ética. ¿Podría una disciplina como la ética ayudarme a entender mejor al ser humano? ¿Podría la ética limar heridas que yo a mí mismo y otros me han causado? No resultará tarea fácil porque sabemos que en filosofía con frecuencia hay más preguntas que respuestas pero creo que merece la pena darle una oportunidad. Al fin y al cabo dicen que la ética es el arte de vivir, de saber vivir bien. Por tanto, si las personas se mueven por felicidad, y la felicidad te la da vivir bien, la ética nos debería ayudar a comprender mejor porque se mueven las personas. ¿No? Las siguientes entradas tratarán de dilucidar qué hay de cierto en la anterior afirmación.

La gente ansia la felicidad pero fracasan en su busca y sufren. Y lo hacen mayoritariamente por decisiones que han podido tomar en su vida. Indudablemente este tipo de decisiones erróneas si son causa de sufrimiento interno tienen que estar ligadas de una u otra manera a la ética y a las consecuencias que tienen sobre sus consciencias dichas decisiones. Necesito comprender un poco mejor porque las personas toman decisiones que las hacen infelices. Solamente escribirlo suena absurdo.

Con esta serie de entregas procuro aprender una infinitud de puntos de vista y pensamientos diferentes. No obstante, mentiría si no dijese que sí tengo dos cuestiones en la cabeza sobre las que deseo reflexionar con más detenimiento. Por una parte, examino consejos o pistas que personalmente me puedan ayudar para obtener una vida buena. Por otra, busco comprender en que se basan las demás personas para tomar decisiones.

Responder a la primera cuestión es simplemente un deseo personal con la básica intención de evolucionar. Responder a la segunda es una obligada necesidad para tranquilizar mi atormentada mente. Necesito comprender porque las personas toman decisiones que las hacen sufrir, y sobre todo, porque toman conscientemente decisiones que a priori saben que harán sufrir a un segundo o tercero. Y nótese que me estoy refiriendo también de hacer sufrir a personas a las que no se conoce personalmente. Mi cabeza enloquece cuando las personas sabiendo perfectamente del daño que van a causar a otras personas por una inmoral acción suya, no solo no se echan atrás, sino que la realizan con total determinación.

Entre los sentimientos negativos que nos causan las decisiones inmorales de los demás, los peores no son la tristeza, odio, enojo, rabia, etc. El peor sentimiento es la decepción de quien quiere tener fe en la humanidad y en unos meditados ideales y ve como un conocido o desconocido obra conscientemente a sabiendas del mal que está haciendo a cualquier otra persona. La tristeza se puede combatir con felicidad. El enfado con alegría. El odio con amor. ¿Y la decepción? ¿Cómo se combate la decepción? ¿Con ilusión? Nah, la desilusión y la decepción no son lo mismo. Mi ilusión en la vida sigue intacta. Mi decepción tiene difícil cura o remedio.

Por tanto, la elección de este temática no es casual. Tiene el mismo sentido que todas las demás entradas de tipo filosófico que he realizado. No se leen o estudian filósofos para ser más culto o guay entre tus amigos, sino para expandir las ideas y pensamientos más allá de la irremediable cárcel del cuerpo, que te limita solamente a estar en un lugar físico y en un solo momento a la vez, y así no hay persona que disponga de tiempo y tranquilidad suficiente como para alcanzar un mínimo de sabiduría en esta vida.

viernes, 18 de marzo de 2016

Desaprender

Ojo sufrimiento

Curiosamente el pasado viernes por la mañana me operaron ambos ojos. Lo hicieron con láser en una operación que tardó 5 minutos de reloj. Esa misma noche ya estaba con mis nuevos ojos echando unos dardos con un amigo mientras bebíamos un par de gin-tonics ¿y sabéis? Le gané, siendo él un muy buen jugador de dardos. Mis nuevos ojos ya estaban al 100%.

Estoy en pleno cambio de etapa en mi vida. Sé con certeza que mi mejor baza para sobrevivir es evolucionar constantemente para poder afrontar los siguientes desafíos con entereza, cierta seguridad e ilusión. He comenzado la entrada diciendo curiosamente porque últimamente dedico bastante tiempo a pensar en la idea de querer ver la vida con nuevos ojos. Creo haber exprimido casi todo el jugo al mundo con mi anterior manera de verla. Necesito nuevos puntos de vista.

No busco ver con nuevos ojos solamente el presente y el futuro, sino también el pasado. Intuyo que para conseguirlo es un requisito imprescindible desaprender. Las experiencias vividas hasta ahora las tenemos demasiado presentes en nuestras vidas por las cicatrices sentimentales que nos han dejado en el corazón. No olvidemos que de forma natural, cada recuerdo que guardamos está ligado a ciertas emociones y que por tanto, si no hacemos un esfuerzo activo por deshacernos de esta característica humana, solo seremos capaces de ver “el video” de nuestros recuerdos con los ojos de entonces.

Mi intención es percibir todos los actos de mi vida, no pintados con los sentimientos positivos o negativos que dejaron imprenta en mí, sino con mis ojos nuevos. Para esto deben ser unos ojos dispuestos a ver más allá de lo inmediato y físico, y poder atravesar las dimensiones del tiempo o espacio para poder escanear con los ojos de ahora, el alma machacada de las personas de entonces. El pasado no debe ser un baúl de recuerdos encerrados en pesadísimos cofres que debemos llevar a rastras, sino una biblioteca digital de la cual poder aprender a ser mejor persona y comprender mejor al ser humano.

Veo también necesario desaprender mi concepción de futuro. Al igual que nuestras personalidades no tienen que ser simples consecuencias sentimentales de nuestro pasado, nuestro potencial futuro no tiene que ser la razón única de nuestros actos. Mis nuevos ojos deberían ver la realidad como un flujo de almas navegando en el flujo del tiempo. Ver cada día de mi vida como un día único. Únicamente te cruzaras con una persona en un momento dado una vez en la vida. Si tú quedas con Paco hoy y quedas con Paco la semana próxima. Habrán sido dos momentos únicos en tu vida, suena raro, ¿verdad? La vida siempre va adelante y nuestro yo físico así lo acusa. Pero no nos olvidemos que nosotros, como almas conscientes, vivimos en un eterno presente. Un presente siempre irrepetible.

Pero sin duda alguna, lo más importante debería ser desaprender mi presente cada vez que me acuesto. Mis ojos nuevos deberían ser capaces de comprender el sin sentido de una estricta linealidad en la vida. Cada cosa que sucede en la vida no es consecuencia de lo que hice ayer. Ayer pude conocer a una persona de Berlín y mañana me puedo ir a vivir a Berlín con ella pero a pesar de que el sentido común diga lo contrario, no existe correlación entre ambas. Yo un día elegí conocer a una persona y otro día elegí ir a Berlín. Cada día comienza una nueva vida y tomamos miles de decisiones que normalmente obviamos en son de una vida cómoda. Preferimos elegir que cada día sea igual que el anterior infinitamente. Así todo es más fácil. Pero de quererlo, en un solo día podemos cambiar nuestra vida y la de quienes queremos. Cada día, cada hora que vivimos, tiene un enorme potencial constructor.

Quiero desaprender conceptos modernos que la sociedad ha puesto en boga como empatía, tolerancia, respeto, ciudadanía, etc. Implícitamente implican que existen diferencias entre seres humanos. Diferencias que se tienen que ocultar o minimizar para poder convivir y sobrevivir juntos en la jungla. No quiero volver a ver de manera tan física el universo. Reconozco que mi última frase suena infantil pero sabéis, últimamente solo soy capaz de ver sufrimiento en las personas y me estoy refiriendo mayoritariamente a personas jóvenes. Os aseguro que esto se hace muy difícil de sobrellevar. Obviamente el sufrimiento psicológico ha nacido de las miles de conexiones de células de nuestro cuerpo como resultado de una estrategia sublime de la evolución para sobrevivir pero pese a quien le pese, a día de hoy lo ha trascendido. El ser humano ha dejado de ser un ser puramente físico para convertirse en un ser que experimenta la vida de forma psicológica.

El objetivo de desaprender es poder hablar de tú a tú con las almas de todas las personas del planeta. Mis nuevos ojos deben ser capaces de traspasar la piel de las personas, de leer cada estudiado gesto que realizan y de percibir sus problemas coyunturales y estructurales. Deben ser capaces de desnudar a las personas en un segundo, hacer desaparecer de nuestra interacción toda mentira consciente o inconsciente sobre las que hemos madurado nuestra personalidad y desenmascarar los disfraces que nos ponemos para sentirnos seguros en el mundo. Todos somos la misma mierda, metida en la misma mierda de mundo, que hemos crecido comiendo mierda todos los días y que finalmente, nos hemos convertido en pura mierda. Y aun así, tras cada desafío o etapa que hayamos encarado, sin importar si hemos fracasado o tenido éxito, debemos intentar salir adelante con el corazón más grande y con más amor que nunca.

Quiero disfrutar con cada persona que hablo sin importar quién es o que ha hecho hasta entonces. Quiero pasear por mi ciudad cada día y ver siempre nuevos detalles. Quiero convertirme en la mejor persona posible para sentirme bien conmigo mismo y tener la suficiente fuerza como para perdonarme cada uno de mis errores. Quiero ser la prueba viviente de que se puede ser bueno respetándose a uno mismo y a sus creencias sin vivir una vida triste y aburrida. Quiero ser la prueba de que se pueden superar los obstáculos de la vida sin amargarse. Quiero poder hacer sentir a los demás felices en mi compañía y hacerles recapacitar con mis hechos y no con mis palabras; sobre lo maravillosa, inocente y moral que puede ser la vida. Quiero querer al prójimo como a mí mismo, no por conveniencia social o religión, sino por solicitud de mi corazón.

Quiero seguir siendo un buen amigo, un buen novio, un buen hijo y un buen hermano. Quiero ser una buena persona. Y para conseguirlo, necesito unos nuevos ojos con los que ver la vida.

martes, 15 de marzo de 2016

Realidad interior y exterior

Navegar en barco

Esta entrada surge de un discursillo que le hice a un amigo que no era feliz tiempo atrás. Tenía una personalidad trabajada y actuaba conforme a sus creencias y pensamientos pero no tenía la fuerza suficiente como para posicionarse en un mundo que va completamente a su bola y al que hay que subirse forzosamente en marcha.

La vida que cada uno de nosotros experimentamos está compuesta de al menos dos realidades distintas. Por un lado, existimos nosotros como realidad individual; nos asaltan pensamientos, sentimientos e instintos, nos desarrollamos física y psicológicamente y acabamos muriendo. Por otro lado, existe la realidad exterior; el contexto social-cultural-económico de nuestra época, las demás personas con las que coincidimos en tiempo y espacio, hechos ajenos que nos afectan directamente, etc. Nosotros acabamos desapareciendo del mapa pero el universo persiste eternamente.

Dependiendo de factores como la educación recibida, la sociedad, cultura imperante y los genes de cada uno, existen personas que están más predispuestas a forjarse interiormente y desatender el mundo exterior. Y personas que han dedicado más parte de su tiempo a aprender a sobrevivir en este mundo salvaje y que infravalora su mundo personal.

Ambas situaciones son incomodas puesto que la vida es como un combate de boxeo. En el que las los realidades representan las dos mejillas. Dependiendo de por cual realidad provenga el golpe, estarás totalmente indefenso si no estabas preparado para encajarlo. Y cuanto más extremo seas en tu decisión de elegir una u otra realidad, los porrazos que te llevarás serán más dolorosos y la herida en tu vida más profunda.

En mi opinión, como no podía ser de otra manera, primero uno se debe forjar a sí mismo. Cada uno nacemos tendiendo naturalmente a ser fuertes y débiles en ciertos aspectos e independientemente de todo lo demás, si no conseguimos esculpirnos seremos carne fácil para todos esos pensamientos y sentimientos inesperados que nos asaltan diariamente y difícilmente podremos aceptar y superar los fracasos. Tampoco tendremos la suficiente fortaleza para entender los golpes del mundo exterior y tolerar lo puñetera que a veces es la vida.

No obstante, mucha gente confunde tener una personalidad, gustos e ideales fuertemente razonados y trabajados con pretender no necesitar o despreciar todo lo que viene de fuera. Costumbres, tradiciones, personalidades y pensamientos comunes de las personas de la época. Lo que ocurre al querer vivir la vida completamente ajena a la realidad exterior es que jamás te vas a sentir comprendido y vivirás en la soledad más absoluta. Nosotros, como realidades individuales pensantes, existimos en todo momento pero para vivir, tendremos que colocarnos y posicionarnos en el mundo. Sino existirás solamente en el limbo presente entre ambas realidades.

De la misma manera, la gente enfocada a adaptarse a toda costa a la realidad exterior, confunde ser una persona social y realista con pretender ser el amo del mundo sin ser antes amos de sí mismos. Estas personas confunden ambas realidades continuamente y como causa directa, cuando cumplen años se deprimen al no aceptar que el mundo exterior no es su mundo natural. El alma se mantiene intacta pero la piel envejece. Se obsesionan con ser reconocidos en el mundo para sentirse vivos y responsabilizan al mundo exterior de todos sus fracasos y penas cuando realmente lo que les lleva a su actual situación son siempre sus continúas decisiones.

Normalmente cuando termino de escribir este tipo de entradas echo un ojo en internet para saber que ha escrito la gente sobre el tema. Y joder, vaya basura. Entre lo que escribe la gente solamente para vender sus servicios empresariales y los que se hacen 3000 paranoyas en la cabeza, creo que no voy a añadir o cambiar una sola palabra de lo que había escrito.

El mundo exterior no lo construimos nosotros, ni elegimos lo que nos sucede, ni tenemos completamente las riendas de nuestra vida como se escribe por ahí. Pero tenemos la ilusionante posibilidad de afrontarlo. Podemos aprender a controlar nuestros sentimientos para defendemos mejor y obtener fuerzas de nuestro ser interior. Y aunque el barco que pilotamos es pesado, disponemos de un timón para que a medida que se presentan obstáculos o estamos en peligro de encallarnos, lo podamos usar con contundencia.

Seguramente la clave está en convertirse en una persona internamente fuerte sin esperarse que el mundo exterior te reconozca como tal. Uno no debe querer ser lo suficientemente poderoso para dominar a los demás y ser jefe absoluto del mundo. Sino para no desistir en tu empeño de encontrar tu lugar en él. La realidad de la época siempre es mejorable pero debemos comprender que está en constante evolución y que todos contribuimos en ella.

Os dejo dos frases que me gustan mucho.

No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos. - Albert Einstein
El verdadero viaje de descubrimiento no consiste en ver nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos. - Marcel Proust

martes, 8 de marzo de 2016

Una de perdón, fuerza y sacrificio

Energia roja

La vida es misteriosa. Las sorpresas se suceden y mediante un científico estudio de ensayo y error concluimos que nada tiene sentido. Hay demasiados elementos a tener en cuenta y aunque separadamente se puedan verificar algunas hipótesis, cuando tratamos de ir un poco más allá todo deja de tener sentido. Existen demasiadas desgracias y malentendidos que se escapan a nuestro intelecto y si le añadimos el hecho de que con el tiempo vamos cargando con más desilusiones y fracasos, se vuelve prácticamente imposible sacar las fuerzas necesarias para caminar erguidos.

Esta relato esta basado en mis últimos dos años. Creía tener todo bajo control y luchar por un futuro. Pero el control en la vida es sabido que no existe y el futuro que tenemos en mente nunca ha existido ni existirá. A pesar de nuestra firme voluntad de ser optimistas y felices, el futuro no se puede proyectar desde el presente. No funciona así.

Si bien es cierto que nunca me ha ido especialmente mal en la vida, también lo es que jamás he tenido la fuerza suficiente como para moldearla a mi voluntad. No alcanzaba mis metas con claridad y no conseguía hacer tan felices a los que quería como yo deseaba. Es en ese momento cuando hace año y medio se presentó en mi habitación un peligroso invitado. Se trataba de una fuerza incontestable que penetró con tanta intensidad en mi interior que hizo hervir mi sangre. Solamente me puso una condición. Debía pedir perdón a los que he hecho sentir mal durante mi vida, reconocer mis continuos errores y como si del dios del antiguo testamento se tratara, ofrecerle como moneda de cambio continuos sacrificios.

Acepté la chiflada propuesta y dejé que aquella enigmática y sobrenatural fuerza me poseyera. Y de esta manera pasó año y medio. Aquella fuerza me llevo al siguiente nivel. Estaba alcanzando la excelencia. Me ayudaba a hacer lo que debía hacer. Cuando y como debía. Continuamente sacrificando todo cuanto me pedía. Empecé por lo fácil. Le ofrecí mis amistades tóxicas, cargas innecesarias, sentimientos superficiales y pensamientos que en nada ayudaban a conseguir mis objetivos.

Y llegó diciembre de 2015. No tenía absolutamente nada más que ofrecer a la fuerza como tributo. Había desnudado mi alma con la intención de ser tan liviano como una hormiga y ágil como una liebre. Estaba a un solo paso del summum y no podía imaginar lo que aquel ente tenía preparado para mí. A mí alrededor estaban empezando a sonar los tambores y los fuegos artificiales ya eran visibles de todas partes. Mi cuerpo comenzaba a desprender el aura del triunfo, de quien por primera vez se siente bien consigo mismo. Quienes me rodeaban me felicitaban intuitivamente. La fiesta estaba a punto de comenzar. Había tardado 26 años en poder sentirme orgulloso de mi mismo.

Sin embargo, aquella fuerza que a consta de mi sacrificios se mantenía inalterable, me tenía aun una jugada guardada. Para purificar completamente mi ánima debía de someterme a un vía crucis de tres meses. Como si se tratara de una pesadilla, la persona que daba sentido a mi vida agarró un cuchillo de cocina y de forma endiabladamente lenta, lo hizo entrar en mi cuerpo hasta 3000 veces retorciéndolo y destrozando mis tripas sin la más mínima consideración. Aprovechando el asombro que me causó tal traición y sin dejar de fijarse en mi mirada incrédula, me quito los ojos con una cuchara, me cortó la lengua con unas tijeras y me ató con cuerdas a la cama. Yo sin poder dar crédito, asistí atónito a mi propia lapidación. No pude mover un dedo para defenderme. La misteriosa fuerza dio por concluido nuestro contrato de trabajo y se largó.

No entendía nada, cerré los ojos y supe que había muerto.

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Encefalograma plano.

Todo había acabado. ¿Qué cojones ha sucedido durante este año y medio? ¿Ha sido todo un sueño? ¿Qué clase de brujería me había desmembrado como si de un juguete en manos de un bebe me tratara? En estas circunstancias me encontraba mientras el mundo no paraba de halagarme por mis impresionantes logros obtenidos. No solo había cumplido mis metas, había doblado mis altas expectativas y mi “futuro” tenia más fuerza que nunca. Había pasado de ser una persona cualquiera más a ser el único en alcanzar la cima de la montaña. No obstante, ¿Imagináis un futuro sin un presente? Yo tampoco.

Sin ni siquiera haber podido saborear mi éxito y arrepentido de haber aceptado las duras condiciones de la desaparecida fuerza. Sin apenas haber tenido tiempo de asimilar y comparar todo lo sacrificado con todo lo ganado a pulso, se empezaron a suceder otra ráfaga de hechos inexplicables. Los resultados de dichos sacrificios llegaron uno tras otro. Día tras día me llegaban buenísimas noticias de todas partes. Yo seguía sin poder asimilar nada de lo que me estaba sucediendo. Mi vida se había convertido en una locura. ¿Realmente me merecía tanto reconocimiento de mí alrededor?

Cuando pasaron unos días, entendí que la vida y yo teníamos cuentas pendientes desde hace mucho tiempo pero que debía ser yo quien primeramente le suplicara el perdón por mis acciones pasadas. Una vez me perdonó, fue ella quien hizo lo propio conmigo. Por mi parte, disculpas aceptadas. Como recompensa a nuestra reconciliación, la primera noche de vuelta en Donostia tras año y medio, conocí a una chica maravillosa. Tiene 35 años pero a mis ojos no alcanza los 20. A pesar de haber conseguido casi todo en la vida no ha perdido su inocencia. Ha conseguido desarrollar una excelente personalidad a pesar de las putadas de la vida y vive haciendo caso a sus sentimientos y corazón. 

No miréis al dedo que señala a la luna. Lo que ocurrió esa noche o a posteriori no importa en absoluto. Lo importante es el significado de todo lo ocurrido. Me encantaría acabar con una conclusión, resumen, una frase impactante... pero es imposible. Ha sido todo tan surrealista que no he sido capaz de apreciar en ningún momento una mínima relación acción-consecuencia. No sé por qué, cómo, cuándo, qué… No sé nada. 

Un tsunami llegaba para amenazar mi existencia y destruir mi mundo pero inexplicablemente saqué fuerzas para situarme en la cresta de la gigantesca ola y me está transportando a mundos que jamás imaginé. Ahora quiero fluir con el mundo. No dejar pasar ni una sola oportunidad que se me presente, no buscar explicaciones a lo inexplicable, aceptar la surrealidad de la vida y vivir sin pasado, presente, ni futuro.

La vida es misteriosa.